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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


Hotel Mumbai o la violencia al acecho

La noche del 28 de noviembre del 2008, la ciudad de Bombay —capital financiera de la India— fue atacada por un grupo de terroristas armados: murieron 173 personas (incluidas más de tres decenas de extranjeros, casi todos turistas) y centenas resultaron con heridas. Los ataques fueron perpetrados en varias partes de la ciudad: estaciones de tren repletas de gente (como es habitual en la India), colonias, cafés y hoteles lujosos. Los terroristas fanáticos, manipulados con promesas falsas, miembros de un grupo islamista extremo, usaron pistolas, granadas y armas de asalto de alto poder conocidas como AK-47 para cumplir con su espantoso cometido.

La película Hotel Mumbai (Maras, A. Australia—India—Estados Unidos: 2018), da cuenta de este violento y doloroso acontecimiento, teniendo el foco en lo sucedido en el hotel Taj Mahal. En este hotel internacional —catalogado de como cinco estrellas; un verdadero palacio— vamos a observar las acciones y reacción de cuatro universos que lo habitan ese espacio en esta crítica circunstancia: dos al principio de la cinta, cuando transcurre la normalidad y dos en el desarrollo y desenlace. Los primeros son los huéspedes del hotel, los otros los empleados del del mismo. Los siguientes dos grupos: son los terroristas y, por último, los policías de la ciudad. Que esta narrativa cinematográfica parta de estos cuatro puntos hace que tengamos varios panoramas y versiones sobre el acontecimiento.

Al presentar a los protagonistas de la cinta de inmediato vemos la rica variedades de naciones y culturas que pasan por esa urbe y en particular por el hotel. Una diversidad cosmopolita que se hospedan y que tienen a su servicio personas que cuidan todos los detalles, del menú, a la temperatura de agua en una tina de baño, de la vestimenta y calzado hasta el manejo de frases para hacerles más agradable la estancia a los turistas. Existe una gran diferencia de clase entre estos dos grupos, pero los empleados tienen una misión que hace que encuentren: el huésped es Dios. El trabajo y sobre todo el servicio dignifica a las personas. Cuando se presenta la crisis vemos con nitidez hasta donde se pueden sacrificar algunos empleados por esta lógica. Otros no.

El suspenso y la tensión- perfectamente manejados- comienza con la irrupción de las personas armadas que sólo tiene un objetivo: asesinar a la mayor cantidad de turistas albergados en ese hotel y seguir sembrando el caos con muerte. Y así lo van haciendo. Son maquinas de matar, jóvenes todos ellos, que se comunican con una persona que los dirige, a larga distancia —por audífonos y micrófonos— y que les ordena no tener clemencia; desatan la violencia desde el lobby, hasta cada uno de los pisos y cuartos.

A lo largo de la cinta vemos innumerables choques culturales: como los terroristas que no pueden comer determinado tipo de carne de unos restos que se encuentran en elevador; o el empleado que le explica a una turista la importancia del turbante; o los menús o distintos tipos de turistas: matrimonios con riqueza, mochileros, hombres de negocios, etc.

El último grupo en entrar en acción es el de policías locales. Sucede que los grupos especiales de policía que podrían combatir este grupo armado (tipo swat o tropas de elite), no se encuentran en esta ciudad y tardarán en llegar. Entonces – como en casi todo el tercer mundo- se trata de resolver el problema con lo que se tiene, disponible. Policías locales, que no están suficientemente armados o capacitados, entran en acción ante una fuerzas mucho mejor armadas y preparadas.

Con todo, la película, es otra dura lección de lo vulnerables que son las sociedades ante ataques de esta naturaleza, movidos por el odio y la sin razón.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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