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LA CLASE

Tema del mes

Alfonso Torres Hernández


Pensar la reforma: ejes ausentes

La reforma a la reforma educativa parece que ha respondido más a los intereses y posicionamientos políticos de distintos grupos que a un verdadero proyecto educativo de nación. El “análisis” y “discusión” sobre la reforma educativa en las Comisiones de Educación de las cámaras de diputados y senadores son indicio de ello. Si bien se trata de una reforma constitucional de los artículos 3º, 31º, y 73º es pertinente reflexionar sobre la esencia de la educación, particularmente en ejes que el dictamen de la reforma no alcanza a hacer visibles todavía. Me refiero a la noción de transformación y desarrollo de pensamiento, que deben articularse e imbricarse con la cuestión del currículum y la formación docente.

La noción de transformación está ligada a una racionalidad comprensiva. Una forma de pensamiento que sitúa y contextualiza la acción de los sujetos para generar significados culturales que posibiliten el tránsito. Es necesario diferenciar “tránsito” de “cambio” dado que, aunque todo tránsito es cambio, no todo cambio es tránsito: Un tránsito se caracteriza por la búsqueda de nuevos temas y nuevas tareas (Freire, 1969).La transformación implica la articulación entre la teoría y la práctica, generar una praxis educativa que trascienda la escuela y establezca vínculos con el entorno social inmediato para identificar con claridad los problemas, problematizarlos y derivar líneas de acción pensadas para su atención.

El desarrollo del pensamiento se ha constituido en una preocupación y necesidad cada vez creciente en los tiempos actuales. Desarrollar el pensamiento implica pensar mejor; es decir, pensar de manera lógica, sin contradecimos y con la capacidad de detectar argumentos falaces o erróneos cuando nos topamos con ellos. En el desarrollo del pensamiento la filosofía cobra relevancia, toda vez que asume la responsabilidad de la investigación y el desarrollo de la capacidad de razonamiento, y como una respuesta a la necesidad global y social de formar mentes críticas y responsables que aporten en una educación de calidad y en la construcción de una sociedad cualitativamente mejor.

La construcción de un currículum diferente al que ha dominado los planes y programas de estudio en México desde hace décadas, se convierte en la mayor posibilidad de formar una ciudadanía con sentido más social. En esta construcción, la noción de transformación, como eje transversal y el desarrollo del pensamiento, como la aspiración educativa suprema, deben estar presentes. Un currículum que fortalezca más los valores, el humanismo, la filosofía, el pensamiento crítico, y disminuya el atiborramiento de contenidos poco significativos y proponga espacios de mayor dialogo e interacción social (recreativa y formación física) es sentar las bases para cultivar mejores mentes.

Por último, las políticas y estrategias para formación docente se deben pensar desde la base de que los maestros son intelectuales transformativos. Toda actividad humana implica alguna forma de pensamiento y existe la capacidad humana de integrar pensamiento y práctica. Así Giroux propone pensar a los profesores como profesionales reflexivos de la enseñanza. Giroux argumenta que el creciente desarrollo de ideologías instrumentales que acentúan el enfoque tecnocrático tanto en la formación del profesorado como de la pedagogía del aula.” Uno de los problemas de este modelo en que separa la concepción de la ejecución, se produce una estandarización del conocimiento escolar, y la devaluación del trabajo crítico e intelectual tanto en profesores como estudiantes. Bajo este modelo de racionalidad instrumental, expresa Giroux, el docente es considerado como “un receptor pasivo del conocimiento profesional y apenas interviene en la determinación de la sustancia y orientación de su programa de preparación.” Las racionalidades tecnócrata e instrumental dentro del campo de la enseñanza reducen “la autonomía del profesor con respecto al desarrollo y planificación de los currículos y en el enjuiciamiento y aplicación de la instrucción escolar.” (Giroux, 1990)

Como podemos advertir, el dictamen de reforma educativa no lo es todo en educación, quizá lo más difícil de construir sea lo que viene después del dictamen, y no me refiero a las leyes secundarias, sino más bien al desafío de reformar nuestro pensamiento que nos permitirá conocer en toda su amplitud e integralidad el fenómeno educativo para hacer frente con claridad a la noción de transformación y estar en posibilidad de pensar y repensar la elaboración del currículum y las políticas de formación docente. Tener la cabeza bien puesta diría Edgar Morin.

Alfonso Torres Hernández

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