Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Desaliento y reformas educativas

El profesor César Labastida Esqueda está desconsolado. Por una parte, tiene que calificar a cerca de trescientos alumnos de distintos grupos y materias en las universidades donde trabaja, todo antes del 30 de junio. Esto implica: recoger los trabajos, revisarlos, escribir comentarios, cuantificar en una rúbrica, cincelar un número, hacer la lista con las notas consolidadas, dárselas a conocer a sus estudiantes y luego subirlas a la plataforma digital que las instituciones educativas han implementado para tal fin.

Por otra parte, no logra entender el entramado laberíntico de cómo se ha reformado la reforma educativa. No entiende si se abrogó la ley que le dio origen a esa Reforma Educativa anterior o sólo, como dicen algunos, fue maquillada.

Tiene dudas de cómo se supone que se darán las transformaciones en las aulas, y sigue sintiendo un ambiente enrarecido de competencia e individualismo entre los compañeros con quienes trabaja. Su desconsuelo llegó al punto más profundo cuando, en una junta académica que se trastocó en laboral, escuchó a algunos de sus colegas proponer que despidieran a los profesores interinos con tal de conservar sus estímulos, becas y prebendas. Desde la época del “ludismo” (curioso movimiento social que en la Inglaterra del siglo XIX, decidió destruir las máquinas porque estaban atentando contra el trabajo humano) no escuchaba sugerencias tan absurdas. Realmente salió afligido de esa reunión, ni la música de Marta Gómez, siempre tan esperanzadora, pudo elevarle el ánimo.

Y además de ese contexto, en una de las universidades públicas, el profesor César tiene que llenar el formato F- Efi- 333, en el que debe justificar sus cargas horarias. Todas esas acciones diarias que realizará, semana tras semana, a lo largo del semestre; “más allá de sus actividades de docente…”, decía el memorándum, y que tuvo que firmar al llegar a su trabajo.

“Como si la docencia fuera lo menos importante en una institución educativa”, piensa César. Y de nuevo la desolación lo acorrala.

“¿Realmente ya se terminó la visión neoliberal en la educación?” Se interroga Labastida, y se cuestiona otra vez: “¿Estas reformas educativas, una tras otra, al infinito, si consideran la realidad contextual de los profesores?”

Sobre la primer cuestionamiento, César cree que la ideología neoliberal, tardará muchos años en erradicarse, dado que ese ideal de realización personal, material y éxito, está inserto hasta el tuétano de cada persona y, como ha sucedido en otras naciones (Brasil, Argentina, Chile, etc.), tendrá regresos esporádicos al poder, lo que imposibilitará su erradicación en un corto plazo.

Sobre la segunda pregunta, curiosamente, coincide con alguna declaración de un funcionario educativo de la nueva administración, en que el hecho educativo está vivo y moviéndose todos los días; por lo cual siempre se hacen necesarias otras y variadas Reformas educativas.

Pero, del mismo modo, piensa que la real reforma educativa sólo será lograda desde abajo, cuando en los salones de clase y en las escuelas se generen verdaderas comunidades del conocimiento con todos los recursos actuales, y cuando las reformas se alejen del bien individual, y de los trabajos inútiles, burocrático— administrativos donde no prevalezca lo económico como única prioridad.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Agregar comentario