6504_perro_bebiendo_agua
LA CLASE

Educación Ambiental

J. Adrián Figueroa Hernández


Amantes de los animales en acción

Los seres humanos generan diferentes grupos sociales emergentes como respuesta a distintas situaciones que afectan o ponen en peligro la seguridad del ambiente natural y humanizado. Estos nuevos grupos colaboran con acciones que las instituciones públicas no han podido atender de manera satisfactoria, en ocasiones la magnitud sobrepasa la capacidad de los sectores público y privado; por lo que su actuar está enfocado en temas que no están considerados “oficialmente”, hasta el momento, sin embargo, son necesarias de atender.

La gran diversidad de grupos sociales muestra lo amplio y complejo que es la sociedad, influyen con ideas, hacen cambios trascendentales con acciones, ayudan a mitigar asuntos sociales, económicos y ecológicos, así mismo responden a problemáticas que están impactando a la sociedad, aunque también hay algunos grupos que ayudan a mantener situaciones ambiguas que pueden o no ser de alto impacto socioambiental.

Los grupos, son tan diferentes en su filosofía, organización y operación que tratar de unificarlos para comunicarse o negociar recursos, sólo ha provocado estados competitivos y metodologías “universales” para asignar y evaluar trabajos, olvidándose de una parte esencial de su existir que es la visión colaborativa, solidaria y empática.

Aunado a lo anterior, está la creencia o mito que estos grupos sociales viven como los camaleones, es decir, “del aire”. Algunos sectores toman como un sacrilegio que los participantes de estos grupos reciban remuneración por las acciones y actividades que hacen, argumentando de manera simplista que al ser una “sociedad civil sin fines de lucro”, tienen que trabajar todo el tiempo bajo un régimen de voluntariado gratuito, aunado a esta ficción, se cree que seguramente “alguien” (un mecenas) les da dinero por su labor.

Todos estos pensamientos debilitan la participación ciudadana y dan pie a la desaparición de muchos grupos, aunque a veces no se note su ausencia porque nuestra corta memoria histórica los esfuma o la miopía social impide ver y comprender la labor que se ha hecho y cómo aprender de ella.

Con lo anterior no se trata de enaltecer o poner como héroes a los grupos sociales, sino hacer un alto y recapacitar sobre ello de manera informada. Los orígenes de cada uno de ellos, junto con sus motivaciones son muy amplios, por más que las instituciones públicas y privadas las quieran reducir a sus estructuras funcionales y tratar de homogenizarlas llamándolas ONGs, OSCs, grupos civiles, etcétera; es evidente que sobrepasa esa visión, lo que conlleva a diálogos discordantes y una lucha continua por evitar la cosificación de los grupos sociales, es decir , ser vistos, validados y apoyados sólo a partir de contar con una Clave Única, un registro ante Hacienda o poder dar facturas deducibles de impuestos.

Por supuesto que los grupos sociales requieren recursos para operar, mantener equipos, desplazarse y comprar materiales de trabajo, las maneras de obtener dichos recursos son diversas van desde buscar donaciones directas, hacer rifas, vender propiedades de los integrantes, hasta buscar proyectos por todos lados, así como recibir apoyo directo como reconocimiento a la labor que se está haciendo, y/o prebendas de empresas, grupos religiosos o partidos políticos.

Como sociedad nos hemos vuelto flojos y atenidos al trabajo de las instituciones que proveen servicios públicos, algunos ciudadanos creen que es suficiente con pagar impuestos y que ese dinero debe usarse justamente para lo que se tiene considerado atender y así cubrir ciertas necesidades humanas sociales en un territorio, eso deberá ser y se espera se cumpla, pero falta más por hacer, la responsabilidad ciudadana tiene que recuperar su poder decisiones y un actuar más efectivo y no sólo dejarlo al ámbito político.

Actualmente hay varios cuellos de botella en la sociedad, en particular la mexicana tiene algunos que afectan a su salud y economía como es la disposición inadecuada de la basura en zonas urbanas y rurales, así como el manejo que se tiene de ella. Otro es la violencia a los infantes y mujeres como producto de una educación (institucional y familiar) deficiente, anudando a la indiferencia y el miedo ante el tema y la poca efectividad en la impartición de justicia. Uno más de estos vacíos es la indolencia ante la gente vulnerable socialmente, a los cuales se les considera como “invisibles”, por ejemplo, las personas que piden ayuda (limosna) en la calle, se ha vuelto un acto de poder inconsciente de indiferencia y baja capacidad de estrategia de sobrevivencia como comunidad humana.

Un problema más que aflige a las sociedades es la inserción al modelo consumista y globalizador de Desea-Compra-Desecha-Desea-Compra, el cual tiene una multiplicidad de impactos negativos que se han dejado de percibir. Para finalizar, mencionaremos un cuello de botella más, se trata del incremento en la violencia contra otros seres vivos (mamíferos, aves reptiles), ya sea a través de ecocidios al desaparecer o deteriorar hábitats naturales, o por la ignorancia y placer de querer incorporar a la vida humana, especies silvestres que les sirvan de entretenimiento, compañía u ornamento.

La velocidad de estos actos ecocidas es mayor que la respuesta de los grupos sociales que tratan de mitigarlos. Quizá no se trate de igualar fuerzas de acción, sino estrategias o métodos muy diferentes para atender la problemática. ¿Qué tanto estará mejor el humano si deja de desgastarse en remediar los actos de inconsciencia o enmendar modelos educativos erróneos?

Mientras el catastrofismo nos embarga colocando a la civilización moderna como (eco)suicida, por otro lado, las bellas expresiones artísticas y literarias, los esfuerzos colectivos de amor, paz y resiliencia, tratan de equilibrar este devenir humano dinámico y multifacético. Metafóricamente como un plato azul balanceándose, se inclina hacia lugares peligrosos y de difícil retorno, y en otros momentos se ladea hacia sublimes éxtasis añorados e igualmente mortales.

En el tenor de evidenciar la policromía del humano como parte de la naturaleza, el artículo está enfocado a dilucidar un cuello de botella conocido como “abandono y maltrato de mascotas”, basado en la experiencia del estado de San Luis Potosí, México, con el fin de evitar generalizar sobre este tema.

El estado tiene una historia de más de 25 años de la formación de grupos sociales conocidos como “rescatistas de mascotas”, “animaleros”, “animalistas”, “activista de derechos de los animales”, “protectores de animales”, etcétera. La existencia actual de alrededor de 20 grupos (formados desde 3 personas a más de 15 integrantes) se debe al incremento en el maltrato y abandono de animales conocidos como mascotas y animales de compañía.

Estos grupos tienen un punto en común que es su activismo para proteger y prevenir el maltrato y abandono de animales a través de una serie de acciones de rescate, ayuda, protección y educación con el propósito de impactar directamente en las especies que conviven con los humanos (silvestres y domesticadas), así como en la salud y seguridad de la población, conectándose de forma distinta a la relación milenaria entre personas y otros seres vivos.

El asunto que ha estado en crecimiento ha sido la violencia contra los animales y el abandono de mascotas, en este último punto, lo común es por cambios de domicilio, factores económicos familiares, la pérdida de interés por el animal, desconocimiento de cómo atender el comportamiento problemático del animal, alergias de algún miembro de la familia, el nacimiento de un hijo, la llegada de una nueva mascota, por enfermedad o defunción del dueño, no tener con quien dejarlo en las vacaciones, miedo a contraer alguna enfermedad durante el embarazo o riesgo con los niños, falta de tiempo por tener un trabajo diferente, por enojo debido a la destrucción de algún mueble en la casa, entre otros.

Las maneras de trabajar los anteriores asuntos son muy diversas, efectivas, eficientes y también controvertidas; dicha complejidad se debe a la composición de los grupos, tanto en número de integrantes, área de influencia de su trabajo, tipo y cantidad de recursos, como a la visión del mundo y estrategias para actuar. Igualmente, este trabajo se especializa, habiendo grupos que ayudan sólo a un tipo de animal, por ejemplo sólo a perros y específicamente de un tipo de raza, otros sólo gatos o aves, etc.

Podemos agregar también a esta descripción los orígenes o motivos específicos de formación del grupo y las particularidades personales que desde lo racional y emotivo le dan sentido a lo que están haciendo.

Estos grupos en su mayoría son prácticos, operativos, emotivos y además participan en la elaboración de normas y pláticas educativas que ayudan a detener o mitigar la problemática. Hay quienes lo hacen como un servicio a la comunidad, otros como una forma de vida y algunos como complemento para tratar de resolver otros temas que afectan igualmente a la flora y fauna silvestre.

El aumento de casos de animales abandonados y maltratados principalmente en las urbes puede tener varias explicaciones, que van desde 1) el crecimiento demográfico, 2) la des-ruralización, 3) falta de conexión emocional con elementos y paisajes naturales, 4) el consumismo e ignorancia sobre de dónde vienen los recursos que se consumen y su valor más allá de lo económico, 5) una educación individualizada y competitiva, 6) aumento de situaciones estresantes por el tipo de trabajo y escasos espacios de esparcimiento (sin costo), 7) la búsqueda de entretenimientos exprés con violencia, 8) la moda social de tener especies exóticas o razas extrañas de perros y gatos, 9) el incremento de la intolerancia a la convivencia comunal o vecinal por falta de cohesión social, 10) el uso de animales para aminorar la soledad de la gente, 11) el robo de mascotas para la producción clandestina de razas comerciales, 12) el “úsese y tírese” de animales estéticamente “bellos” los cuales fueron adquiridos como parte de una moda o por dar un status social; entre otras. En cualquiera de estas situaciones su condición las vuelve especies socialmente vulnerables.

Aún conociéndose las consecuencias negativas económicas, sociales y ecológicas, no ha sido suficiente para detener la problemática, tal pareciera que es inversamente proporcional la ayuda que se da por parte de estos grupos y un poco de los gobiernos, con relación a los casos que se presentan. Por ejemplo, la venta anónima de animales provenientes de criaderos clandestinos, el abandono de mascotas jóvenes en vías y parques públicos, abandono de hembras embarazadas, e individuos muy lastimados que fueron usados para entretenimiento y apuestas, experimentos de cruzas de razas, entre otros casos.

En este último aspecto, las historias de crueldad, abuso, ignorancia, egoísmo, malicia, desinterés, se ven reflejados en animales lastimados, atropellados, torturados, mutilados, los cuales se pueden hallar en áreas públicas, traspatios, azoteas, terrenos cercados. Quizá estas conductas sean producto de una sociedad que está perdiendo una educación cívica, ausencia de autoridad que de seguridad y una desconexión emocional con la naturaleza.

En relación a la crueldad hacia los animales, hay muchas hipótesis todas relacionadas con un maltrato y abuso, siendo sus acciones un reflejo de su estado anímico y heridas psicológicas que tienen; por otra parte, en este tema se pueden considerar otros temas que también afectan como es el estrés, promoción de entretenimientos violentos, la difusión constante de actos del crimen organizado, hacinamiento humano, poca tolerancia al cambio, entre otras.

Tal pareciera que no ha sido suficiente con dar a conocer los beneficios que proporcionan las mascotas hacia los seres humanos (empatía, respeto, felicidad, mejora el sistema inmune, servicio de ayuda médica/psicológica o para seguridad), tampoco los programas de sensibilización en medios de comunicación o las campañas de derechos por los animales y paz, ni los ejemplos para evidenciar públicamente a personas que realizan prácticas violentas e indignas hacia otras especies.

Toda esta complejidad incluye atender los temas desde la investigación científica, ética, salud pública y normatividad, y hay que agregar una más, la seguridad, asunto que está afectando tanto a los dueños de los animales de compañía, como a las propias especies que son robadas para usarlas como pies de cría, para extorsionar a las familias o para usarlas en entretenimientos violentos como son las peleas.

Se ha incursionado en diferentes áreas para atender las diversas situaciones antes mencionadas, desde lo muy operativo basado en captura-esteriliza-suelta, campañas domiciliares, rescates, recuperación de la salud, pláticas informativas, videos y películas sensibilizadoras, hasta otras acciones igualmente importantes como es el cambio de leyes, promoción de la ética en laboratorios que utilizan animales, espacios alternativos para el cuidado/convivencia con mascotas, nuevas tecnologías y promoción de festivales de mascotas.

El costo-beneficio social de estas actividades en pro de este tipo fauna debe ser evidenciado lo más pronto posible, a continuación, se presentan algunos temas que pueden servir de indicadores para realizar este trabajo. El presupuesto que asignan los gobiernos al tema; la inversión que hacen los integrantes de los grupos; el aumento de negocios veterinarios; la participación social solidaria; el impacto psicosocial por actividades de entretenimiento legales como son las corridas de toros y peleas de gallos, negocios con productos y/ servicios, igualmente habrá que considerar las ilegales, por ejemplo las peleas de perros; el apoyo de las empresas y las donaciones del público; todas estas tendrán que considerarse y valorarse junto con otras más acciones que se están realizando. Resolver estos asuntos será un gran paso que acompañará a la educación para la conservación de especies silvestres.

El respeto a la diversidad de las acciones que se realizan tiene que ir acompañado de una mejora en la comunicación y organización al interior de los propios grupos, aunque algunas veces sólo estén enfocadas a una especie, y en otras de forma abierta atienden a cualquier ser vivo.

Hay mucho retos para estos grupos sociales, con gran posibilidad de lograr éxitos de manera constante y a diferentes escalas, ya que tienen una serie de valores que les permiten continuar con su labor, como es su compromiso social y hacia otras especies, el respeto mutuo y por quien trabajan; amor en su labor; autenticidad al tratar un tema importante socialmente; pasión por lo que hacen; tenaces cuando hay que activarse; solidarios con causas similares y entre grupos; aunado a que hay un interés en compartir su tiempo y recursos para lograr sus fines de rescate, cuidado, educación y actividades culturales de prevención.

Lograr lo anterior, implica también conocer más a fondo cuál es la situación de estos grupos, los cuales han logrado conformar una comunidad, siendo un fenómeno social dinámico el cual tiene su propia historia, cultura, relaciones sociales y ecológicas, va construyendo su identidad y sentido de pertenencia, ubicado en un espacio físico o virtual, con el propósito de poder incidir de manera más certera, ya sea a nivel local o regional, así como mejorar lo que están realizando.

A continuación, se presentan algunas situaciones, mismas que son interesantes para reflexionar y posteriormente buscar alternativas fundamentadas (científicas, técnicas, éticas y legales) para su resolución.

Situaciones que viven los grupos rescatistas y protectores de animales de compañía o mascotas.

  • Abandono de animales en casas de los rescatistas por considerar que ellos pueden hacer algo.
  • Abandono de perros viejos que trabajaban como protectores de negocios o en casas.
  • Abandono en áreas públicas de perras embarazadas o con crías.
  • Actividades violentas utilizando a perros.
  • Acumulación de animales en casas particulares, sobrepasando la capacidad.
  • Al parecer tienen los mismos objetivos “ayudar a los animales” pero cuando operan se nota que son diferentes.
  • Angustia de los integrantes del grupo rescatista por no tener los recursos para ayudar.
  • Áreas escasas para alojar a perros perdidos o abandonados.
  • Aumento de denuncia ante las autoridades sobre maltrato animal domiciliar.
  • Capacitación escasa para detectar enfermedades o síntomas que pueden poner en peligro al animal y a quienes están alrededor. Así como procedimientos para dar a conocer a la autoridad que hay un posible problema.
  • Carga económica y emocional al tener muchos animales en las casas los rescatistas.
  • Conflictos con las autoridades responsables del Sector Salud por el tipo de manejo de los animales dentro de las instalaciones y las formas de matarlos.
  • Conflictos entre rescatistas por el uso de métodos de trabajo y formas de obtención de recursos para trabajar.
  • Considerar indefensos a los animales por “verlos” que sufren y con base en ello rescatarlos.
  • Contagios de enfermedades en el momento de estar realizando actividades de rescate.
  • Controversias si los rescatistas deben ser vegetarianos y si sus mascotas (perros y gatos) deben comer alimentos sin productos cárnicos.
  • Demostración constante ante otros grupos rescatistas sobre el trabajo que están haciendo.
  • Depresión por el estado lamentable en que se encuentran algunos perros.
  • Desánimo por la poca ayuda por parte de la Cámara de Diputados.
  • Descapitalización al asumir el gasto de vacunación, desparasitado y esterilización antes de entregarlo en adopción.
  • Desconocimiento de cómo abordar a empresarios para que incluyan en su responsabilidad social el apoyo con proyectos relacionados al abandono y crueldad hacia los animales.
  • Desconocimiento de cómo actuar cuando se enfrentan a personas violentas, enfermas o que practican la parafilia de zoofilia.
  • Desconocimiento de cómo trabajar con la gente en zonas rurales.
  • Desconocimiento de cómo tratar a personas que maltratan a sus mascotas obligándolas a humanizar sus comportamientos.
  • Desconocimiento de conductas animales que deben conocer para prevenir accidentes.
  • Desconocimiento de la huella ecológica que producen las mascotas, con relación a sus heces fecales y el proceso de los alimentos secos y su distribución.
  • Discusiones o malos entendidos entre rescatistas por tener diferentes formas de trabajar o sensibilidad ante la problemática de las mascotas y animales silvestres.
  • Dispersión para trabajar de manera colectiva, la falta de estrategias para la priorización en la atención de casos hace que haya mayor gasto de energía.
  • Encariñamiento rápido con los animales rescatados y dificultad para acomodarlos en adopción.
  • Escaso presupuesto para dar seguimiento a los animales adoptados.
  • Escasos materiales informativos y didácticos para sensibilizar a duelos de animales que lo usan para trabajo.
  • Espacios reducidos para tener mascotas como hogares temporales.
  • Experiencia insuficiente en comunicación social para pedir ayuda de perros extraviados.
  • Experiencia insuficiente en organización social para campañas y búsquedas.
  • Experiencia insuficiente para dar seguimiento a perros extraviados.
  • Falta de alternativas para atender o buscar hogares por ser mascotas con problemas para ser adoptadas.
  • Falta de capacitación de primeros auxilios en medicina veterinaria.
  • Falta de capacidad técnica y de equipo para atención de emergencias.
  • Falta de comunicación al público en general para dar a conocer los diferentes valores que tienen las mascotas y los beneficios para el ser humano al convivir y evitar el maltrato.
  • Falta de especialistas y/o técnicas para tratar el duelo de pérdidas de mascotas.
  • Falta de interés o de tiempo para levantar demandas ante las autoridades.
  • Falta integración con los veterinarios. Actualmente algunos participan, pero el gremio sigue viendo a los rescatistas como “personas de pleito” y que quieren todo gratis.
  • Falta de investigación sobre criaderos clandestinos y demanda legal ante las autoridades.
  • Falta de proyectos integrales para atención inmediata, así como en temas como son perros de servicio, perros de compañía temporal, zooterapia emocional, entre otros.
  • Falta de tiempo o de interés por documentar sus logros y fracasos.
  • Falta de tiempo y de capacitación para utilizar investigaciones científicas que puedan apoyar el trabajo que hacen.
  • Frustración por no tener respuesta positiva de parte de las autoridades responsables.
  • Hacinamiento de mascotas rescatadas en casas o terrenos baldíos.
  • Hay mucho recambio de voluntarios y poca permanencia en los grupos.
  • Incapacidad para atender el incremento de abandono de animales en áreas públicas.
  • Incapacidad para atender el incremento de casos de violencia familiar hacia animales.
  • Incomprensión por parte de la gente sobre la labor que se hace.
  • Incremento en el abandono de perros que usan en pelas callejeras.
    Intercambio de trabajo y de experiencias compartidas entre jóvenes y no tan jóvenes, teniendo en común el gusto, respeto y amor a los animales.
  • Insuficientes espacios para albergar a la cantidad de animales abandonados o rescatados.
  • Mayor atención y prioridad al activismo en atención a animales abandonados o lastimados, que en apoyar iniciativas de ley, educativas o de comunicación.
  • Participación ciudadana escasa en las campañas de esterilización y vacunación.
  • Peligro al recibir perros violentos que fueron entrenados para guardia o para peleas.
  • Poca experiencia en reacción para atención primaria de zoonosis.
  • Poca solidaridad y falta de tiempo para participar en la realización de proyectos grandes que impliquen la colaboración de los grupos de rescatistas.
  • Pocas alternativas para atender animales viejos que son difíciles de adoptar y cuidar.
  • Poco presupuesto para alimento de los animales rescatados o considerados comunitarios.
  • Pocos espacios sociales para compartir historias de éxito, de crueldad y reflexión sobre actos positivos.
  • Pocos espacios sociales para descargar emociones de enojo, frustración y tristeza
  • Presupuesto escaso para pagar cuidados postoperatorios y/o medicinas.
  • Presupuesto escaso para pagar el servicio de veterinarios o especialistas en conducta animal.
  • Presupuesto escaso para trabajar en la calle.
  • Problemas con vecinos por ruido y olor al tener muchas mascotas en hogares temporales.
  • Problemas de estrés por la actividad, con pocos espacios o grupos de apoyo.
  • Problemas familiares por usar dinero del gasto familiar, espacio en las casas y autos para hacer rescates.
  • Realización de rescates sin equipo de protección.
  • Redes sociales especializadas en temas de apoyo a animales en abandono o maltratados.
  • Riesgo al atender lugares donde hay mascotas robadas que son usadas como individuos reproductores.
  • Riesgo que corren los dueños y rescatistas al atender robos de mascotas, de las cuales piden rescate.
  • Riesgo al recoger perros atropellados en la calles y avenidas.
  • Riesgo de mordidas al hacer los rescates.
  • Riesgo en la calle al tratar de ayudar a perros que son usados en peleas callejeras.
  • Seudorescatistas pidiendo dinero a la gente en la calle con la excusa de que es para mantener a sus perros abandonados rescatados, lo cual no es cierto.
  • Tolerancia baja al sufrimiento de animales.
    Venta de sus propiedades como muebles, joyas, herramientas, hasta casas, con el fin de poder tener recursos para trabajar.

Con base en las situaciones anteriores se abre un panorama de evidencia sobre el actuar de estos grupos sociales, no hay duda que sobre la marcha estos rescatistas de animales seguirán trabajando sin parar, algunos al ritmo de las circunstancias que se presenten, otros buscando alianzas para ser más efectivos, en ambos casos la comunicación y capacitación son necesarias para mejorar su eficiencia y eficacia, por ejemplo podrían organizarse para tener talleres de comunicación no violenta y asertiva, organización grupal para atención de rescates en la calle, organización grupal para aprovechamiento de recursos, contención para controlar momentos de frustración, técnicas de mediación para atender conflictos, estrategias para el uso adecuado de redes sociales y medios de comunicación, gestión de recurso y elaboración de proyectos, entre otros.

Podemos concluir que los grupos sociales son una respuesta emergente de la sociedad, es evidente que es una labor loable lo que se está realizando en San Luis Potosí y seguramente sucede en otros sitios del país.

Es necesario equilibrar la relación sociedad-gobierno, recuperar cada vez más la salud (biológica y emocional) a nivel colectivo y tener conductas virtuosas hacia el cuidado de ambientes naturales, siendo los rescatistas una arista más de la sociedad que contribuyen y demuestran con naturalidad su labor, se organizan y se comunican a su manera y observan nuevas opciones equitativas, jurídicas y tecnológicas para el beneficio colectivo.

Valdría la pena preguntarse ¿qué pasaría con los grupos de rescatistas si disminuyera drásticamente el abandono y crueldad hacia los animales?, por el momento la incertidumbre cubre con su velo a la sociedad potosina y la está obligando a asumir una mayor responsabilidad ciudadana e institucional.

Marzo 2019

J. Adrián Figueroa Hernández
Educador ambiental en San Luis Potosí, México Especialista en proyectos de desarrollo comunitario. Coordinador de Ecoparadigma A.C. www.ecoparadigma.org

Luis Miguel Soto Gutiérrez. 03 de Mayo de 2019 10:03

De acuerdo en todo y me sumo a colaborar e integrarme más

Agregar comentario