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Sala de Maestros


Teresita del Niño Jesús Maldonado Salazar


Día de la educadora

Siempre me sentí muy afortunada por ser educadora. En el Jardín de Niños cada uno de mis días tenía un sentido diferente. Era una gran responsabilidad acompañar a las niñas y a los niños en sus procesos de aprendizaje y desarrollo; todo valía la pena por tener su cariño, disfrutar sus sonrisas y verlos felices.

Entonces, las madres y los padres agradecían, valoraban y acompañaban mi trabajo; manteníamos una estrecha comunicación.

Ahora la situación ha cambiado, el año pasado me reuní con mis compañeras de la normal; ahí escuché historias de angustia, preocupación e incluso persecución. Algunas prefirieron dejar de trabajar para salvaguardar su salud e integridad. Fue un momento doloroso.

Esto ratificó lo que me han comentado mis alumnas y otras maestras quienes afirman que su seguridad pende de un delgado hilo y en caso de enfrentar problemas, ninguna autoridad educativa las defiende. Algunas educadoras son separadas de sus grupos por acusaciones falsas. En la mayor parte de los casos, no se comprueba nada y sólo reciben la comunicación de que serán reintegradas a sus grupos. Nada les quita la amarga experiencia sufrida por ellas y sus familias.

El respeto a las educadoras, salvaguardar sus derechos e integridad es esencial para garantizar la educación que las niñas y los niños se merecen.

Ser educadora es un privilegio, la mayor parte de nosotras amamos a las niñas y a los niños.

La mejor forma de celebrar este día, es trabajar porque se nos reconozca como profesionales, como seres humanos con derechos y que se valore nuestro trabajo.

Teresita del Niño Jesús Maldonado Salazar
Egresada de la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 095

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