Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Actuar, pensar y metacognocer

I

César Labastida Esqueda escucha al capacitador con aparente atención. No mueve ni un músculo de su cuerpo, su rostro permanece impasible:

—Es muy importante que la rúbrica tenga el porcentaje que los alumnos van logrando en cada habilidad, marcado aquí, en el lado derecho, en el que evalúan.

César se queda pensando en la palabra “marcado”, y asocia de inmediato precios. Recuerda cuando esta haciendo el super, comprando cosas para su pequeña alacena. Y el sonido local dice:

—Las playeras para damas están al 20% sobre el precio marcado.

También evoca a Miss Conchita, esa terrible maestra tradicional, que tomaba su manita en primero de primaria y le decía muy cerca del oído:

—La letra A, tiene que estar bien marcada.— Y dirigía su pezuña, presionando contra el papel la pequeña mano que abraza un lápiz entre los dedos.

También recuerda cuando un entrenador imprudente lo ponía a jugar futbol de extremo izquierdo, cuando él se mostraba chispeante con el pie derecho. Entonces se veía ridículo, marcado por un defensa que no dejaba de morder su espacio vital, contrarrestando cualquier acción ofensiva para lograr el triunfo del equipo.

Piensa ahora en el ganado que es marcado con un hierro, como en aquellas series de vaqueros que tanto disfrutaba su padre. Revive la escena: una vaca tumbada con las patas amarradas y el hierro candente, que entre los ganaderos llaman “marca”, y experimenta una especie de temblor y sudor frío.

El capacitador se pasea por el aula y está muy cerca de César:

—Le vuelvo a preguntar profesor Labastida: ¿ya sabe en cuáles de sus materias va a medir las habilidades?

Sorprendido, César responde de bote pronto:

—¡En el ganado!

—¿Cómo que en el ganado, profesor?

—Si… es que… los marcan con un fierro. —titubea César.

—¿Insinúa usted acaso una metáfora?

—No, no… perdón, solo que me distraje…

II

César ha experimentado muchas veces los procesos de metacognición. Sobre todo, en su relación con el arte y los deportes. Cuando lee el pasaje de una novela, por ejemplo, piensa en los diferentes elementos que tuvo que seleccionar el autor para organizar todo el texto; cuando escucha los versos de una canción, no deja de reflexionar en los esfuerzos creativos de asociación que tuvo que desarrollar el compositor, articulando música y letra; cuando ve una escena de una película, no puede evitar la telaraña de expresiones artísticas que debió tejer el director; incluso, cuando ha visto los movimientos armónicos, acompasados, casi perfectos, de un Michel Jordan perfilándose a encestar una canasta, o con el desplazamiento sutil, sincopado, con infinidad de quiebres, pausas y regateos de un Leo Messi para dejar el balón entre las redes, no puede dejar de preguntarse: “¿Cómo lo hicieron? ¿Tendrán plena conciencia de los procesos mentales y psicomotrices que tuvieron que activar para realizar lo que crean?

El profesor César Labastida no tiene una respuesta inmediata, pero tiene la certeza de que si a cada artista o deportista se le obligara a “marcar” cada uno de los procesos psicológicos o habilidades que desarrolló para producir una obra o para lograr un desempeño exitoso, no realizarían ninguna de dichas acciones, se quedarían pasmados o distraídos…

—…

—…

—¡Ey, narrador, no se distraiga!

—…

—No se deje seducir por la metacognición… y concluya… este texto! —increpa al narrador César Lab…

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Agregar comentario