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Sala de Maestros


Carmen Sánchez-Silva


‘Edutuber’, una profesión que da dinero

La formación está de moda. Sobre todo si se imparte en pequeñas píldoras y a través de vídeos divertidos o, cuando menos, entretenidos. Tanto es así que en YouTube siete de cada diez usuarios que acceden lo hacen para aprender, según los datos de su propietario, Google, que asegura que cada día se producen 1.000 millones de visitas a contenido relacionado con el aprendizaje y se comparten más de un millón. Por eso no es de extrañar que haya nacido una nueva profesión, los edutubers, como denomina la multinacional a quienes dan clases por esta plataforma abierta a todo el mundo y donde colgar vídeos es gratis.

Entre enero de 2018 y de 2019, los canales de divulgación de YouTube han crecido un 50% en España, según sus datos. Y algunos cuentan con millones de suscriptores, como ExpCaseros, que ha conseguido más de 10 millones subiendo grabaciones con las que despertar el interés por la ciencia, o el de Unicoos, donde el profesor David Calle enseña matemáticas, física o química y cuenta con casi 1,3 millones de suscriptores.

Ellos están más enfocados a niños y adolescentes, pero hay otros edutubers que se dirigen a adultos. Algunos no tienen tantos seguidores como los anteriores, pero están ganando en notoriedad y haciendo de sus vídeos un negocio rentable. Así lo cuenta, por ejemplo, Anna Teres, la creadora de Anna Recetas Fáciles, con 1,5 millones de suscriptores en YouTube: “Empecé con un blog de cocina para guardar mis recetas, luego creé una web y subí el primer vídeo a YouTube y a Facebook y tuve muchas visitas. En un año logré rentabilidad mediante la publicidad y los vídeos patrocinados y me hice autónoma. Ahora tengo a una periodista empleada y un local para trabajar. He hecho de mis recetas un medio de vida porque ví que reportaban ingresos”.

Uno de sus vídeos en el que enseña a hacer un bizcocho explicando todos los fallos que se pueden dar durante su preparación y cómo evitarlos ha sido visto por 20 millones de personas, en general mujeres de 25 a 60 años de España, Argentina, México y Chile, indica. ¿El éxito? “Ver a personas reales haciendo cosas reales que salen bien. Esa es la clave”, dice Teres.

La mayoría de los edutubers consultados rechazan dar cuenta de sus ingresos (igual que YouTube de lo que les paga, en una semana en que Google ha vuelto a ser multada por Europa por prácticas abusivas en la publicidad online), pero una vez que rebasan varios cientos de miles de usuarios, pueden obtener unos ingresos sustanciosos.

YouTube es un canal que ha llegado para quedarse porque todo el mundo tiene acceso a él. La universalidad es una de sus características y también la dispersión de contenidos. Puedes encontrar vídeos de formación sobre cualquier cosa porque cualquier usuario puede subir lo que quiera gratis, indica Nacho de Pinedo, consejero delegado de la escuela de negocios digital ISDI.

El abanico es tan amplio que va desde temas lúdicos como los videojuegos hasta conceptos muy técnicos de ingeniería. “El modelo de aprendizaje de YouTube es tan válido como otros”, agrega. De Pinedo echa de menos, no obstante, la falta de interacción durante las grabaciones y no cree, como otros, que YouTube sea una nueva competencia para los centros de formación, de hecho, en sus aulas usan los vídeos de la plataforma como complemento a sus contenidos más profundos. “Creemos que si la formación está en YouTube, no tiene sentido que nosotros la enseñemos; ponemos el link al youtuber que la explica y no dedicamos tiempo a algo que se puede aprender por Internet”, asegura.

Los edutubers ayudan a que cada uno sea responsable de su propia formación, pues permiten el aprendizaje de por vida. Algo en lo que, según que una encuesta de la firma de e-learning corporativo Goodhabitz, solo están dispuestos a invertir el 12% de los 850 profesionales consultados, a pesar de que el 93% cree que la formación continua es muy importante o importante para ellos. Casi ocho de cada diez opina que la responsabilidad de financiar el aprendizaje corre a cargo de la empresa.

Quizás no sea del todo así. Pues el modelo de negocio de dos parejas de edutubers especializadas en la enseñanza de idiomas dice lo contrario. Son Pierre Babon y su mujer Noemí, artífices de Francais avec Pierre (689.000 suscriptores), y Phillip Bartlett e Isabel Carrasco, autores de Amigos Ingleses, con 908.000. Ellos son profesores de su lengua nativa, pero han dejado las clases regladas para ocuparse de las de YouTube. También sus compañeras abandonaron sus respectivos trabajos en vista de que la plataforma de vídeos se ha convertido en la antesala para atraer alumnos a sus respectivas academias online y vender cursos.

Los de francés cuestan entre 50 y 120 euros (el método completo), explica Babon, que cree que para ellos YouTube es crucial, de hecho, sirve para que les reconozcan por la calle, “es una locura el impacto que tiene”, aprecia. Los cursos de inglés, que estudian más de 50.000 personas en su academia, dice Bartlett, valen de 25 a 100 euros.

Este inglés señala que fue el algoritmo de Google el que, en 2016, les recomendó y a partir de ahí tuvieron “una explosión de suscriptores”, que les ha permitido promocionar sus cursos y les ha cambiado la vida, no en vano Cambrigde Assessments, que realiza los exámenes oficiales de inglés de Cambrigde, les ha pedido colaboración.

Aunque también introduzcan publicidad y patrocinios en sus canales, ambos edutubers dicen que no son su negocio. “Se puede vivir de YouTube, pero nosotros no lo hacemos. Da algo de dinero, aunque la cantidad puede variar mucho de un mes a otro”, indica Isabel Carrasco, para quien el lado oscuro de esta plataforma es que puede llegar a ser estresante, porque “por mucho esfuerzo que pongas en crear contenido de calidad, es el algoritmo el que decide qué canales o vídeos van a tener visibilidad, y hay auténticas joyas que prácticamente son invisibles”.

Bien lo sabe Luis Sanguino, que está detrás del canal Artehistoria, que hace 10 años fue el número uno de carácter cultural de Youtube, dice. Y que hoy lo ha dejado en stand by porque los ingresos que le proporciona la plataforma de Google a veces no superan los 150 euros mensuales, pese a tener vídeos vistos por más de 75 millones de personas.

El país Madrid 23 MAR 2019 – 22:09 CET.

Carmen Sánchez-Silva

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