Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


De directores en las escuelas

I

El profesor Labastida está en la Dirección de la Preparatoria donde trabaja por las mañanas. Está esperando la designación de nuevos grupos y horarios para el siguiente curso escolar. De forma ineludible debe soportar, con diplomacia nipona, la conversación del jefe.

—¿Sabe por qué me promoví a director de esta escuela, estimado profesor Labastida?

—No, Mtro. Pérez, ¿por qué?

—Porque me cansé de obedecer al tonto en turno. ¿Usted cree?

—Pero, disculpe la pregunta: ¿no le parece una carga muy burocrática, mmm… bueno, digamos que muy administrativa?

—¿A usted le parece mucha carga ser director?

—Bueno, en realidad sí, me parece un trabajo muy administrativo, poco académico. ¿No le parece que, además, uno no está preparado para el cargo?

—¿Y quién lo está, Labastida? ¿Dígame quién está preparado para el cargo de director? Además, tengo una Maestría en Recursos Lúdicos.

El profesor César se queda perplejo con la afirmación, pero su cortesía obligada, lo motiva a continuar con la plática:

—¿Qué materias llevó, Mtro. Pérez? Seguramente tuvo materias de Planeación, Administración, Gestión o Liderazgo, ¿no?

—No, pues no, de esas ninguna.

—-…

El director coloca su mirada en el escritorio, toma un fajo de papeles y, luego de acomodarse los anteojos y fijar la vista, separa una de las hojas.

—Mire profesor Labastida, aquí le tengo la propuesta de horarios y grupos para el próximo año. Hice todo lo posible por darle el mejor horario, ¿eh? Ya sabe que se le quiere.

César recibe el papel. Es un cuadro lleno de horas “ahorcadas” y una asignatura desconocida. El siguiente curso vaticina una tortura: los lunes entrar a las 7 de la mañana, impartir dos clases de sociología hasta las 9. Esperar otras dos clases de sociología de 11 a 1. Los martes y jueves impartir tres clases de sociología de 8 a 11, hacer una pausa y continuar de 1 a 2. Los miércoles, de nuevo los grupos de sociología de 7 a 9, un curso de Estadística de 9 a 10, pausa y de 11 a 1 otra vez dos grupos de sociología. Más una clase de Estadística de 1 a 2. Los viernes dos grupos de Estadística el primero de 9 a 10, el siguiente de 1 a 2.

El profesor Labastida toma su hoja, simplifica un gesto de despedida y sale de la dirección. Mientras desciende las escaleras percibe que le pesa más la espalda.

II

A César Labastida Esqueda no le asombra que, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la formación de directores de escuela sea uno de los grandes pendientes para la mejora real de los colectivos escolares.

En su andar por las escuelas ha tenido muchos directores y a la inmensa mayoría se les notaba que no disfrutaban lo que hacían. Que estaban ahí porque no les había quedado de otra o porque el bono les hacía pensar que mejoraban su salario.

Recuerda una preparatoria que padeció 7 directores en menos de ocho meses.

—…Casi de uno por mes, Oswaldo, y el que duró dos fue porque se le atravesó el temblor y paralizó la ciudad durante un mes. —Le cuenta el profesor Labastida a su amigo en la sala de maestros.

César explica que todos esos directores, sin excepción, llegaban con un discurso que les habían dictado: “A partir de hoy, las cosas van a cambiar radicalmente…”

—Así fue mi Os, y a pesar de todo, el paso de estos güeyes por la escuela fue efímero y las cosas nunca cambiaron —reclama el profe César, moviendo el azúcar de su té.

III

El profesor Labastida busca en internet las características de un buen líder y un buen director, rápidamente encuentra innumerables competencias y habilidades. Selecciona algunas y las pega en un procesador de palabra:

1. Deseo de cambio e innovación educativa

2. Compromiso con su grupo de trabajo y con la formación de los estudiantes

3. Iniciativa más allá de la demanda cotidiana escolar

4. Perder el miedo a decidir y a equivocarse

5. Comprender los entornos escolares y empatizar con la comunidad

6. Ser preparado y modesto

7. Ser optimista e informado

8. Tener un esfuerzo permanente

9. Apoyar e impulsar la creatividad

10. Tener objetivos claros

Después de esta sencilla tarea, comienza escribir una lista de directores que tuvo como estudiante y como docente. De esa amplia enumeración, tacha los nombres de aquellos directores que no cumplieron al menos el 60% de las competencias aceptables. Cuando el registro parece un panteón de tanto tache, se ve impelido a abandonar el ejercicio. Sin embargo, distingue al menos cinco directores en su vida escolar: dos de cuando fue estudiante y tres en su condición docente. Dos de esas autoridades habían sido mujeres. Y descubre que, más allá de títulos académicos, cursos especializados, capacitaciones y buenas intenciones, esos directores poseían una extraordinaria formación humana.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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