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LA CLASE

Tema del mes

Raúl Vilchis Pardo


La Otredad y el espanto

Desde que nací tuve la fortuna de crecer bajo el cuidado de mis abuelos paternos y once tíos más, quienes, al ser el niño más pequeño de la casa, se desvivían por brindarme todas las atenciones necesarias y cumplir todos mis caprichos.

Mis abuelos eran originarios de Zitácuaro, Mich., y llegaron a la Ciudad de México, apenas con 14 y 16 años, sin embargo no obstante su corta edad, pronto iniciaron una prolífica, unida y bonita familia.

Mi abuela se encargaba invariablemente de procurarme una basta y sana alimentación, casi en su totalidad integrada por alimentos de origen vegetal, aunque nunca faltaba una buena dosis de proteína animal, en ese sentido el cuidado de mi salud, siempre estuvo apegado a cuestiones completamente naturistas, incluso cargadas a temas de cuidados espirituales, cosas que en ese entonces escapaban de mi entendimiento y limitado conocimiento y por lo tanto que hacía sin preguntas de por medio, sin embargo remedios que nunca dejaron de cumplir su expectativa y de brindar los resultados deseados, tal es el caso de una ocasión en la que mi abuelita después de no observar durante varios días mejoría en mi estado de salud, de haber visitado un par de médicos, de atender varías recetas y de permanecer en cama día y noche, decidió llevarme con una “Señora mística” para curarme de espanto, recuerdo vagamente que la persona que visitamos me recostó en medio del patio de su casa a las 12:00 del día, tapado de pies a cabeza con la cobija que usualmente dormía y después de untarme varios ungüentos aromáticos, procedió a llamarme en varios dialectos por mi nombre y apellido.

Hasta el día de hoy, no logro entender cuál era la causa por la que mi abuelita consideraba que esos remedios eran mejores para ciertos males que acudir con un médico, sin embargo, la experiencia de 12 hijos y más de una treintena de nietos creo que avalan evidentemente la efectividad de sus creencias…gracias abuelita por curarme sin estudiar MEDICINA…

El reconocimiento de mi abuelita como persona me hace asumir mi identidad, me hace reconocer mi existencia.

Califico sus creencias como mi riqueza social, como mi individualidad, como aquello que formó mi carácter, mi abuelita es aquello que nunca fui, que no soy y nunca seré, pero que me encantaría haber sido.

Raúl Vilchis Pardo

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