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Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


A los tumbos

La realización de grandes obras siempre genera problemas, temores y dificultades a solucionar.

El caso del segundo proyecto de UPM en el país no es la excepción, y todo indica que, si la empresa no desiste, la inversión se concretará.

¿Por qué ha generado tantas resistencias y suspicacias?

En primer lugar, porque comenzó muy mal. Se gestó en el plano de la confidencialidad, a espaldas de la población y del parlamento, y recién se conocieron los detalles una vez firmado el acuerdo entre la Presidencia y la empresa finlandesa, en el cual nuestro país se comprometía a mucho y el privado a nada.

No tiene explicación lógica que una inversión de tal magnitud, con desembolsos multimillonarios para el privado y para Uruguay, no pase por la necesaria y democrática aprobación de nuestros senadores y diputados, como lo marca la Constitución. Otro tanto se puede decir con respecto a la presión ambiental y social que ocasionarán todas sus obras.

Este proceder marca un mal antecedente.

El presidente de la República y sus ministros se reunieron el Pueblo Centenario (Durazno) en una demostración bastante explícita de su firme decisión de sacar adelante el megaproyecto.

La ocasión fue propicia para que se escucharan muchas opiniones sobre este y otros asuntos de interés nacional.

Vázquez, en un intento de transmitir tranquilidad a la población dijo “para nosotros primero está la salud de la gente y el cuidado del medio ambiente”. Creemos que es una aclaración innecesaria por lo obvio que resulta, viniendo de las personas a las que el pueblo les confió su destino en el último acto eleccionario.

También dijo que el denominado ferrocarril central se va a hacer “sí o sí”, porque si UPM no instala su segunda planta en el río Negro, “el ferrocarril lo vamos a hacer igual, porque es importante para la producción de la zona”.

Esta aseveración suena más a una justificación caprichosa que a una conclusión lógica. Se sabe que el estado uruguayo deberá invertir millones de dólares en el nuevo trazado ferroviario que unirá Paso de los Toros con el puerto de Montevideo. Incluirá numerosas expropiaciones —con el traslado de varias familias—, obras de mitigación de la contaminación sonora, etc.

Si UPM desiste de su planta de celulosa en Pueblo Centenario, no tendrá ninguna justificación para el país la realización de un esfuerzo económico, social y ambiental de esta magnitud.

La triste realidad marca que todo el país carece de un aceptable sistema de transporte sobre rieles, acorde a las necesidades actuales de traslado de la producción de bienes y servicios. Todo lo que se ha diseñado para el tramo que nos ocupa está pensado “a la medida” de las necesidades del funcionamiento de la tercera planta de celulosa.

No resulta creíble que nuestro país encarará un proyecto tan costoso como el del ferrocarril central, si UPM no construye en Durazno, pues el sentido común y el buen criterio marcan que antes habría que realizar un estudio serio que determine cuál es la zona prioritaria del territorio nacional, para comenzar a realizar inversiones de tanto dinero en una red ferroviaria moderna, ágil y operativa.

Columna publicada en el diario “EL PAIS de Montevideo”:
https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/hernan-sorhuet-gelos/tumbos.html el 20/2/19

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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