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Deserciones


Alfredo Gabriel Páramo


No a la caridad en la educación

Dice R. W. Connell en Pedagogía de la exclusión, crítica al neoliberalismo en educación, que “la manera en que la escuela encara la pobreza constituye una valoración importante del éxito de un sistema educativo”. Esto es cierto, pero además, también nos habla de las maneras, muchas veces soterradas, en el que los poderosos van dejando su huella ideológica de una forma tramposa.

Naomí Klein afirma que las marcas (comerciales), “se están convirtiendo en el centro de la cultura” y que para las empresas, penetrar en los centros educativos es apropiarse “de lo cool y explica que universidades y escuelas, ante el embate de las políticas neoliberales, van perdiendo presupuestos públicos, por lo que no encuentra nada malo en recurrir a las empresas privadas para que patrocinen no solo lo que consumen sus estudiantes, sino todos los espacios, de tal modo que la educación queda en un plano muy secundario.

Uno de los mayores éxitos del posneoliberalismo, como lo llama Dénis de Moraes, es hacernos creer, por una parte, que vivimos en un mundo donde los ricos lo son por su esfuerzo y tienen buenas intenciones hacia los proletarios, término que está en desuso por las connotaciones convenientemente negativas que lo han dotado los propagandistas neoliberales. El otro éxito es, como dice Fredric Jameson —aunque algunos lo atribuyen a Slavoj Zizek— es que en la actualidad es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.

Por eso, produce un poco de horror (de alguna forma hay que decirlo) cuando en ámbitos académicos se da por hecho que no habrá inversión para las universidades, que los docentes “ganan mucho y durante mucho tiempo”, y que la solución es pedir apoyo a la iniciativa privada. “Que devuelvan algo de lo que han tomado de la sociedad”, exclaman algunos, mientras que otros suponen, tal vez de buena fe, que mientras no se haga publicidad, no tiene nada de malo que los capitalistas otorguen becas, regalen computadoras o donen edificios.

Aceptar que la iniciativa privada tome el control financiero, aunque sea con motivos aparentemente altruistas, de la educación pública es rendirse ante el capitalismo imperante, es no querer darnos cuenta de que toda las acciones son políticas. Que Telmex brinde “becas” consistentes en computadora a alumnos está dando una lección, está diciendo que la solución a los problemas está con ellos; que banco Santander lance propuestas de investigación educativa dice lo mismo. Y si las empresas son buenas, todas sus acciones deberán serlo en el imaginario de los estudiantes.

La misión de la universidad pública es no solo brindar conocimientos, sino brindar las herramientas para lograr un cambio; no es lugar donde se enseñan “cositas” útiles para producir más o brindar mejor servicio, ni se debe centrar en el desarrollo de habilidades “rentables”. Recibir caridad de la iniciativa privada no solo no es inocuo sino que abre la puerta a la propia destrucción de la universidad. Los alumnos que reciban las migajas se desarrollarán pensando que nada deben a la sociedad sino a los empresarios.

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

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