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LA CLASE

Tema del mes

Rolan Haroldo Sánchez Morán


La otredad y el reloj

Un anciano desaliñado, sucio, entra a las oficinas de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México pidiendo ser atendido. ¿Qué se le ofrece?, le preguntan. Él responde que acude a solicitar el apoyo de los derechos humanos, pues tiene un problema grave en la población donde vive. Dada la situación, su caso llega al Primer Visitador, quien con sentido de responsabilidad decide recibirlo. El hombre humilde se planta frente al visitador. Le expone su caso. Es uno entre cientos o miles que se viven a diario en el país: un presidente municipal abusivo quiere despojar a una población de un pozo. Nadie se atreve a protestar. Nadie, salvo el hombre que está ahí.

Testigo de eso, pienso por un momento que es un asunto menor, de rutina. De pronto el hombre le pregunta al visitador: yo denuncio ¿pero sí me van a ayudar los derechos humanos? En ese momento comprendo: el hombre que solicita el respaldo del Ombudsman, se juega la vida. Percibo su enorme dignidad que no puede ocultar la humildad de su aspecto. Miro a mi alrededor, el reloj, la corbata, el traje no nos confieren mayor decencia, más dignidad. Siento vergüenza.

Aún hoy, no uso reloj. Me recuerda.

Rolan Haroldo Sánchez Morán

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