Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


La otredad en la clase escolar

César Labastida Esqueda imparte la clase de sociología. Está describiendo dos ejemplos de lo que podría significar la otredad. Los estudiantes fingen atender al profesor, algunos cobijados por sus dispositivos electrónicos, otros mudos como esfinges.

—En la cinta Tarahumara del español avecindado en México, Luis Alcoriza, y filmada en 1964, hay un diálogo entre el indígena Corachi (representado por Jaime Fernández) y el antropólogo Raúl (Ignacio López Tarso) que fue censurado, pero que en las nuevas versiones en DVD y hasta en youtube, ya aparece. En esta escena, Corachi le ofrece su mujer al hombre occidental, para que alivie su tristeza…

En el salón de clase, cinco alumnos, ocultos detrás de sus pupitres, levantan la mirada con curiosidad y permanecen en silencio. Uno de ellos comienza a teclear su celular con la obstinación de un pájaro carpintero.

—El segundo ejemplo —continúa el maestro— es muy reciente: se trata de la cinta japonesa Un asunto de familia (dirigida por Hirokazu Koreeda y merecedora de la Palma de Oro en el festival de Cannes). Aquí encuentro tres indicios de otredad: el primero es cuando la abuela toca los pies de su hija y pregunta qué le paso ese día, y la hija le contesta cómo sabe que pasó algo. La abuela sabia le dice: “porque hoy tienes los pies más fríos.” El segundo ejemplo en esta cinta es el lenguaje secreto, con señas de manos, que usan padre e hijo para comunicarse; y el tercero es el siguiente: ante la falta de contención nocturna de la niña adoptada, el hermano mayor recomienda darle sal antes de dormir.

En el aula se transpira un humor de abismo. El pizarrón, el escritorio y la tarima separan decenas de bancas impasibles. El alumno que estaba absorto en el celular, ahora cruza miradas y sonrisas maliciosas con sus compañeros. El profesor Labastida continúa su discurso ignorando los murmullos.

—Si se fijan, la otredad nos remite, en principio, a tres cosas: a lo distinto, al diferente, o al prójimo… en segundo lugar a lo negado, colonizado, a lo que no se quiere ver, a lo que es olvidado, y por último, a un saber que emerge, a un saber oculto, que no está muerto.

César toma un libro que está sobre el escritorio y en la tapa se distingue el título El arco y la lira.

—Déjenme leerles algo de nuestro premio nobel de literatura —el profesor Labastida selecciona una página marcada e imposta la voz:

“La experiencia de lo Otro culmina en la experiencia de la Unidad. En el echarse hacia atrás ya late el salto hacia delante. El precipitarse en el Otro se presenta como un regreso a algo de que fuimos arrancados. Cesa la dualidad, estamos en la otra orilla. Hemos dado el salto mortal. Nos hemos reconciliado con nosotros mismos…

César concluye la lectura, y ahora revira con otro libro cuyo título obnubila a los estudiantes: 1492 El encubrimiento del otro. Hacia el origen del mito de la Modernidad.

—Ahora les voy a leer algo del Dr. Enrique Dussel —afirma categórico el docente.
—A ver qué les parece:

“La modernidad se originó en las ciudades europeas medievales, libres, centros de enorme creatividad. Pero “nació” cuando Europa pudo confrontarse con “el Otro” y controlarlo, vencerlo, violentarlo; cuando pudo definirse como un “ego” descubridor, conquistador, colonizador de la Alteridad constitutiva de la misma modernidad (…) De manera que 1492 será el momento del “nacimiento” de la Modernidad como concepto, el momento concreto del “origen” de un “mito” de violencia sacrificial muy particular y, al mismo tiempo, un proceso de “en-cubrimiento” de lo no-europeo…”

—¡¡¡Jajajaja!!!

Una carcajada estruendosa interrumpe la clase del profesor César Labastida, que descubre al individuo desternillante observando su celular. En un movimiento asombroso, característico de ladrón, el maestro arrebata el aparato electrónico y mira la causa del alborozo; sorprendido, descubre un meme en el que aparece un fotograma de Corachi y el antropólogo Raúl, en la cinta Tarahumara; sólo que en lugar de la cara de Ignacio López Tarso está sobrepuesto el rostro de él mismo, de César Labastida, con un flamante globo de diálogo en el que está escrito con rotundas letras en negrita: “*¡Bla bla bla bla!*”

El profesor César Labastida devuelve el celular al incauto, extiende una mirada inquisitiva a todo el grupo y expresa con severidad:

—¿Quién fue el chistoso? ¿Quién hizo esto?
Eternos minutos transcurren en silencio sepulcral. Las miradas de los estudiantes se inculpan entre sí. El alumno compulsivo del aparato móvil, luego de un acto de incomprensible contrición, se arriesga, temeroso, a levantar la mano.

—¡Oye, Ostos! —señala el profesor César. —¿podrías mandarme al celular ese meme?

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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