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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Matar a Jesús: entre la comprensión y la venganza

En Matar a Jesús (Mora, L. Colombia- Argentina: 2017) observamos a un profesor universitario en Medellín, Colombia, impartiendo su cátedra. Es asesinado al salir de su trabajo, por un par de sicarios armados y que van en motocicleta. Su hija, Paola, que toma fotografías, va acompañado a su padre en el automóvil y ve la tragedia. Ella más adelante conocerá al sicario- el Jesús del título- y se relacionará afectivamente con él para después tomar decisiones difíciles.

Ese día ella pasa a buscar a su padre a la escuela. El en la clase dice un discurso que ella le ha escuchado, el profesor se dirige a sus alumnos, de la siguiente forma:

A los individuos nos corresponde indignarnos, a los gobiernos reflexionar y actuar. Inquietud, hay que mantener viva la inquietud.

Lo que dice el profesor tiene sentido. Sin embargo, se sobre entiende que el maestro es incómodo para los grupos del poder, porque invita a la reflexión permanente y activa a sus alumnos; por eso se contrata a alguien para eliminarlo.

¿Por qué alguien acepta ser contratado para tal fin?

Lo que vemos en esta venganza anunciada es la iniciación y recorrido de Paola a los intestinos de las bandas de estos jóvenes sicarios que son rentados para la muerte, observamos: su vida familiar que termina en la adolescencia en la que tienen que separarse de sus padres para no dañarlos ( para no calentarles el hogar); grupos de muchachos que recuerdan tribus primitivas en procesos autoaprendizaje a tirar con pistolas y otras armas; personas de poca edad evadidos por los vicios, la música, el baile o ser partidario a muerte del Independiente o el Nacional los equipos locales de futbol.

Jesús en este entorno, en el que es alguien, verá a Paola como algo distinto e inevitablemente se enamorará de ella. La protegerá constantemente ignorando quién es ella.

Los adolescentes en el film están marcados por una época y un lugar inhóspito: construyen y comunican su dura realidad con un lenguaje a veces intraducible (como en La Vendedora de Rosas: 1998) mundo marcado por la violencia, las guerras entre mafias y los homicidios (como en La virgen de los Sicarios: 2000) y el matar por dinero, aunque se tenga que entregar la propia vida (como el Jairo de Sicario: 1994) este es el marco y el lienzo del film.

Alrededor, el contexto de la película también es de pobreza e impunidad. La pobreza es evidente en los barrios, las casas y sobre todo en la gente. La educación es escasa o nula. Los valores de estos adolescentes están sesgados a tener dinero —que siempre desaparece rápido—, tener un cuete (un arma) y saberlo usar.

El cuadro se completa con la impunidad; un estado cómplice o por lo menos replegado ante los grupos delincuenciales. Estado paralizado que no actúa. No hace demasiado por perseguir y someter a castigo a los criminales, que sólo tienen freno entre sí.

Sorprenden en la cinta tres cosas más, de una inmensa valentía todas: los escenarios reales, los actores no profesionales y que sea dirigida por una talentosa joven directora, Laura Mora, que fue premiada en su país, Cuba y España por esta película.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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