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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


El oso o andar e imitar

El cine es un espejo pintado

Ettore Scola

Jean—Jacques Annuad (1943) es un director de cine francés que ha labrado una trayectoria con éxitos indiscutibles basados en importantes obras literarias, algunos de ellos convertidos en clásicos mundiales (La guerra del fuego: 1981; El nombre de la Rosa:1985; El amante: 1991; Siete años en el Tibet: 1997; Enemigo al acecho: 2001), obras en las que podemos encontrar algunas constantes como los duelos y batallas, el conocimiento compartido y oculto, la importancia de los instrumentos y armas, la sensualidad, etc.

Pero además, este celebre realizador tiene una vertiente en la cual manifiesta un interés genuino, por la naturaleza y su conflictiva relación con los seres humanos en obras como: Dos hermanos (2004) o El último lobo (2015). También incluimos en esta última lista El Oso (1988), a la que le dedicamos este comentario.

La película está ubicada en la zona montañosa de la Columbia Británica, en la geografía boscosa de Canadá, a finales del siglo XIX. Observamos, al inicio del film, a una madre osa pardo (grizzli), con su cachorro, en la base de un árbol que está pegado a la pared de una inmensa roca partida. Espanta las abejas, de las que come la colmena y la miel, el cachorro toma los restos de este manjar y lengüeta la cara de la madre. Las abejas no les dan tregua. La osa, engolosinada, rasca en la base del árbol, lo que hace que las piedras que lo sostiene, caigan y la maten. El pequeño oso primero intentará reanimar a su madre y después buscará sobrevivir en un largo trayecto, en el que comienza a andar en la orfandad en el conocerá la noche, el frio, la lluvia, las pesadillas, la soledad, el hambre y el miedo.

También conocerá a los cazadores pertrechados de armas, balas, instrumentos, caballos y una larga experiencia en hacerse de la piel de los grandes mamíferos de ese territorio, que siguen las huellas y analizan el excremento de sus futuras presas.

Un oso maduro, inmenso y fuerte aparece. Por sus dimensiones come de todo (hongos, raíces, ardillas y frutos) y es detectado- justo por el movimiento de árbol frutal- y herido por los cazadores. Pero el oso atacará los caballos de los cazadores y los debilitará. En su huida el gran oso llegará a una pradera en la que conocerá al osezno.

Al principio no será fácil la relación, porque el oso herido lo que quiere es salvarse y curarse, pero la insistencia, el deseo de proximidad que manifiesta el oso pequeño y su intento de curación terminará por unirlos, en principio, para juntos emprender la huida de los cazadores y otras especies que los acecharán.

En ese andar y huida, el oso mayor adoptará al pequeño mostrándonosle el universo de su especie: como pescar en el rio, como alcanzar y devorar un venado, subir una montaña e incluso como seducir – quebrando árboles- y aparearse con una hebra. Hasta dónde puede, el oso pequeño lo sigue; aprende a sobrevivir imitando a su mayor.

Como en muchos documentales naturalistas, de los hemos dado cuenta, parece que las especies animales (chimpancés, perros, hurones, etc.) imitan algunas conductas y emociones humanas. En este caso el oso cachorro se comporta como un niño pequeño permanentemente. Corporal y con la emisión de sonidos se le asemeja. Tenemos por lo menos tres hipótesis con respecto a esta imitación cinematográfica: muchos de los documentales—pensamos en los producidos por Disney a lo largo de 50 años— tienen esta vertiente para aproximar afectivamente y efectivamente a las audiencias; la segunda hipótesis es que, en efecto, algunas especies en la naturaleza tienen reacciones semejantes a las humanas por la sobrevivencia o la crianza y reproducción de la especie, y la tercera conjetura es que realmente no somos tan distintos a las especies que habitan las montaña o cualquier otro ecosistema. O muy probablemente las tres anteriores.

Más allá de estas conjeturas El oso es una obra cinematográfica irreprochable en su realización, fotografía, puestas en escena con animales y humanos y otras especies vivas en locaciones naturales, que merece ser vista por las generaciones más recientes.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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