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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


"El mal social" es el culpable

Luis Espinoza Valencia llegó a una cita para vender uno de sus vitrales, un tipo le preguntó si era él e inmediatamente le disparó, cayó herido mortalmente y su compañera herida, ambos tendidos en el asfalto, a su lado se encontraron cinco casquillos. Luis, El Bagre, fue militante comunista, trabajó como asistente de Valentín Campa durante los años 70. Era más que su sombra. Leal, solidario cuidaba a Valentín más que a su propia vida, lo hacía por convicción, esa que da la certidumbre del sueño de cambiar la faz de la Tierra, para construir un mundo liberado de la explotación, la desigualdad y la miseria humana en todos sus términos, no solo la pobreza económica. Luis estudió antropología, ingresó al Partido Comunista Mexicano. Era un militante discreto, dispuesto a realizar las tareas que le asignaran. No tenía ambiciones mezquinas. Consideraba que su lucha, junto con la de cientos de sus camaradas de entonces, podría convertirse en una fuerza social y política capaz de realizar una revolución socialista y democrática en México. Los sueños de Luis no se cumplieron. Nuestra generación no pudo asaltar el cielo. Apenas tomamos algunos montículos. La militancia silente de Luis contribuyó a lograr algunas libertades democráticas, en su lado positivo consiguieron sacar de las catacumbas a los militantes comunistas y de otros grupos. Además obtuvieron espacios de libertad en la prensa, la radio y un poco en la televisión. El derecho de manifestación que costó decenas de vidas en Tlatelolco y en San Cosme es una realidad en las calles de Ciudad de México. En estos días al lado de Luis han muerto más de un centenar en el infierno de Tlahuelilpan, Hidalgo, víctimas de la decadencia humana, producto de un entramado social, cultural, moral y económico que tiene como Dios la mezquindad y el agandalle, que nutre a las bandas criminales ante las que el Estado, con sus diversos aparatos actúa con estupidez y con la lógica punitiva. Todo se combina y provoca una tragedia indescriptible. No hay palabras para describir lo ocurrido en esa población. Por esos días ocurrió un accidente, camiones con migrantes de Centroamérica volcaron, algunos murieron, y también había ganado en esos transportes de la muerte. Pobladores de las cercanías llegaron, tomaron a las vacas, muchas vivas aún y las descuartizaron para llevárselas. Son escenas apocalípticas. El Bagre murió atravesado por las balas de un criminal, quizá tan oprimido como los campesinos que se convirtieron en teas humanas al estallar los ductos de los que tomaban gasolina en bidones y todo tipo de recipientes o los que descuartizaron a las vacas, todos víctimas y producto de la decadencia humana que genera un mal social, verdadero culpable de esta infernal realidad. Nunca será tarde para continuar la lucha de militantes como Luis Espinoza, tampoco podrán ensuciarla las pillerías de ambiciosos que trocaron los ideales por migajas de poder. Combatir la desigualdad requiere luchar contra las dictaduras en cualquier parte y siempre. El Bagre y cientos de sus camaradas de entonces y los que ahora se suman entre los jóvenes a los sueños libertarios podrán algún día poner fin al culpable del delito, que nos mata de a poquito, el mal social.

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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