El_ogro_filantropico
Sala de Maestros

Maestros en la historia

Jesús Caballero y Díaz


Para entender la cuarta transformación

Jesús me asusta la crisis educativa mexicana. ¿cuál crisis Abel? ¿la educación del pueblo? A fuer de buen inquisidor te propongo la que no mencionaste, la que me obligaste a reconocer Abel ¿Te quieres referir a la educación de los adultos que han malgobernado este país? ¡Ni más, ni menos!

Mira Jesús: el mayor fracaso de la educación se advierte por los resultados de la participación de los mexicanos en la dirección del proyecto histórico de la nación mexicana, opuesta a la soberanía nacional, a su sentido social y democrático, a la denigración de nuestra ya muy amplia base social y a la perversa entrega de las riquezas nacionales a los capitales extranjeros, corrupción que se presenta con una enorme impunidad. Y ¿esos perversos son mexicanos? ¿Dónde y con quien aprendieron a ser así?

Abelito, Abelito: la generación del 1968 destapó la careta de “el ogro filantrópico” las clases dominantes, la dizque burguesía y sus instrumentos los super-poderes de los poderes ejecutivos—la expresión del ogro—de la Unión con aquel despiadado autoritarismo gubernamental mostraron el desprecio. Incluso el odio feroz al pueblo mexicano, a sus personas individuales, sus libertades constitucionales, intereses, necesidades y aspiraciones sociales. Y no dudaron de llegar a la máxima represión incluso a la guerra sucia por todo el país; esas clases dominantes mostraron el brazo bélico atacando sin consideración a la juventud, a los pobres , a los estudiantes , a los campesinos, a los ciudadanos. ¿Cómo negarlo Jesús? Imposible negarlo, nomás recuerda que el Banco de México, la Secretaria de Hacienda y la Secretaría de la Defensa mandaron a los cachorros, de los cachorros de la revolución estudia a las universidades americanas de Harvard y Yale así como a los campos de entrenamiento antiguerrillas en Panamá que formaron a las generaciones que firmaron y aplicaron al el Tratado de Libre Comercio con Canadá y los Estados Unidos el cual propició que los propietarios particulares del agro se volvieran proveedores del mercado norteamericano y con ello se inició abandono de los ejidos y las pequeñas propiedades agrícolas, esos gobiernos priistas práctica y y demagogicamente hicieron a un lado el cumplimiento jurado de cumplir y hacer los compromisos constitucionales de sus programas sociales y el apoyo a los campesinos más pobres lo que concluyó en su mayor empobrecimiento. No cabe duda que ese amargo paso fue mal intencionado. La propaganda oficial afirmo que eso era la modernización del campo que nos permitía incorporarnos a eso que se llamó”globalización”, demagógica propaganda con la que se pudieron oscurecer los verdaderos intereses de esa perversa clase social integrada por empresarios y gobernantes.

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Ahora entiendo Jesús el objetivo de esa clase dominante: liquidar el estado de bienestar propuesto en la Constitución de 1917 como principal producto de la revolución anti porfirista, ahora advierto que fue brutalmente liquidado: los derechos constitucionales de las personas, de las familias, de las comunidades, de las ciudades dejaron de garantizarse gubernamentalmente en beneficio de los empresarios y los gobernantes. Nos queda claro que esas universidades armaron ideológica y tácticamentemente a la clase política que nos gobernó desde el gobierno de Dela Madrid hasta Zedillo y que en la supuesta transición democrática, los gobiernos de PAN continuaron con esa práctica antidemocrática de hacerle guerra al pueblo en lugar de atender sus necesidades de desarrollo

Describiste Jesús correctamente a la corrupción de la sociedad mexicana, en particular de la clase gobernante, según sus voceros “los más educados”, “los mejor instruidos” en extranjero, la verdad consiste en que en las universidades americanas, británicas y francesas y aprendieron a hacer de la administración pública, la gerencia de sus negocios: entregaron la soberanía nacional e esos intereses norteamericanos y canadienses corrompo el histórico sentido social democrático de nuestra vida nacional. Y qué dices Abel de la demagogia, de la información gubernamental empleada no solo para informar lo no hecho, ofreciendo mentiras, sofismas, propaganda mediática. Calma Abel lo peor, los programas educativos de historia y Civismo eludieron cualquier información sobre sus programas de transformación en su contra con loque actuaron como una droga que contribuyó a la insensibilización, des concientización de la mayoría nacional.Por la vía de la educación pública no podía desacararse toda esta corrupción que se aliaba con la propaganda mediática.

Cierto Jesús , además los programas sociales ofrecieron limosnas, mercancías de inferior calidad que se anunciaban como respuesta benéfica gubernamental: vivienda, salud, desarrollo urbano, educación popular, elecciones libres, cuyos presupuestos y beneficios sociales se mermaban corruptamente en beneficio de los responsables de esta clase dominante, incluso ordeñaron los préstamos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional apoyados por sus autoridades. Así que la corrupción mexicana fue pactada con esas instituciones con la consigna formal de pago posterior por las siguientes generaciones.

Entendamos por esto Abel que esto fraguó la formación de una oligarquía mexicana que desarrolló sobre esa relación su autoritarismo y personalismo, su dominación patrimonialista de la riqueza nacional y la ideología capitalista, anticomunista que vió como comunismo a los movimientos mexicanos por una mejor democracia, la preservación de las libertades individuales y la aspiración por un nuevo gobierno que sirviera a los intereses de los mexicanos.

Como muestra Jesús: El campo mexicano acabó sirviendo a la sociedad norteamericana con productos, calidades, impuestos, precios por el capitalismo norteamericano, el ejido no fue defendido gubernamentalmente como garantía constitucional del desarrollo de la agricultura nacional y de su campesinado cuya producción serviría a las comunidades locales y fueron abandonados poco a poco, aunque firmemente.

Las modificaciones del artículo 27 constitucional que procuró su riqueza comunitaria acabaron convirtiendo la propiedad comunal del ejido en patrimonio personal y por lo tanto en mercancía, por lo que el campo mexicano fue abandonándose paulatinamente, provocado por la obligada migración bracera ilegal y el crecimiento de las ciudades, lo paradójico también que ambos destinos fueron perdiendo su capacidad industrial, así que su producción, el empleo obrero y su presencia en el mercado desaparecieron gradualmente pues las marcas asiáticas inundaron desde ese tiempo el mercado clasemediero mexicano y norteamericano: desde los enseres domésticos de gas, electricidad y electrónicos, los automóviles el vestuario, el deporte, la cinematografía, la televisión y la radiofonía con estos: el entretenimento, los noticieros, la difusión gubernamentaly todas esas mercancías solos sirvieron a los capitales extranjeros.

La clase gobernante lo cual los apoyos gubernamentales gubernamentales a las empresas nacionales, al desarrollo de los talentos mexicanos para la ciencia, la investigación y la innovación en México eran más caros que comprarlos en los mercados internacionales y se limitaron intencionalmente. Muchos estudiantes también migraron en busca de una “mejor educación superior” que acabó sirviendo a los intereses del capitalismo norteamericano

Querido hermano Jesús sigues creyendo en tu labor educativa profesional, en tus aportaciones pedagógicas, en la cosmovisión que desarrollaste en el siglo XX, en el milagro de tu pedagogía mexicanista, democrática, liberal, comunitaria, indigenista de redención de las clases ofendidas. O ¿confiesas que trabajaste por el salario y la presunción de alguna brillante participación?

Confieso que educación fue muy modesta, lo advitieron mis compañeros de las nuevas generaciones, que ellos accedieron a otras propuestas académicas en que no participé, por ejemplo en las ciencias de la educación, yo fui pedagogo por vocación y tu te dedicaste a ser ratón de biblioteca, comején libresco. Basta mal discípulo de Luis Gonzalez, de Elí de Gortari, de Ramón Bonfil, Torre Bodet de los Ballesteros y a Eric Fromm. Gracias por reconocerlo cuando t{u te esmeras en reconocer a don José Gaos, a Leopoldo Zea, a Luis Villoro, a León Portilla y a Manuel Gamio. Jesús acepto que quedamos tablas. Juguemos otra partida pongamos a prueba lo explicamos de la circunstancia mexicana del siglo XX con nuestra vida en lo particular, no sólo como lo propone Ortega y Gasset. Acaso Abel nos propondríamos ¿hacer algo como lo que propuso Erich Froom antes de salir de la UNAM y de México? Agarraste la onda Jesús, nos impuso la recomendación, la obligación de un ejercicicio de psicoanálisis social que nos permitiera hacer claro el entuerto advertido en esta lucha de clases, esta diferencia: la abyección del dominio y. la de la sumisión mexicanas, entuerto que desgració los objetivos de la Revolución de 1910-1917 y nuestro presente. Jesús, Jesusito reviviremos una tragedia o caeremos en una comedia? Abel, Abelito los mexicanos somos doctores en la tragicomedia. Un minuto de carcajadas y convenimos que ustedes, los lectores hicieran sus propias consideraciones. Yo la llamaría Abel: Para entender nuestra cuarta transformación. Sale y vale que empiece el sainete.

Tercera llamada y se levanta el telón: Primer acto El origen campesino y pueblerino de las familias paterna y materna: los Caballero y Díaz fuimos producto de las batallas de la revolución, de la migración del campo abandonado a la vida de la ciudad, nuestros padres huyeron en 1918 de su orfandad, de la pérdida de su patrimonio para llegar en los años treinta y llegaron al empleo obrero y luego al pequeño comercio y a la vida urbana en una colonia popular de muchos nombres: La Colonia Morelos, Lecumberri y la Bolsa, ahi vivieron el tránsito del cardenismo al Avilacamachismo, de la expropiación petrolera a la posguerra de la segunda guerra mundial

Contaron mis tías Caballero y los tíos y Tias Mejíaque durante esos años de la revolución en Xocotitlan y en “el Oro” los negocios de mi abuelo florecían: zapatería, curtiduría, agricultura y tenería: huevos variados de una canasta para unos migrantes de otros pueblos que en ese pueblo se asentaron por ese tiempo hasta que la influenza española, acabó con mis abuelos y quedaron en manos de su hermano cuya codicia expulsó a mi padre y sus tres hermano menores del pueblo, tuvieron que huir desde una aciaga y helada noche a pie hasta la ciudad “del Oro” donde la Tía Heladia Mejia los acogió y su marido Primitivo, sacristán de la parroquia, en ella los acomodó y luego los acercó a la escuela primaria y los negocios del comercio dependientas y de aprendiz en la minería, donde ahí, parvamente se formaron sabiendo leer, escribir y “negociar” firmar, tras diez años la familia de los Caballero de Toluca los recogió en sus negocios pueblerinos y de pueblo en pueblo sobrevivieron hasta llegar a esa ciudad, donde el Tío Antoni los incluyo en los negocios citadinos de las paleterías, taquerías, el cinito, la fábrica de cerveza y el periódico local; nuestros familiares así como otros del mismo y otros apellidos eran recogidos para inciarlos en esos negocios como aprendices, por cierto no eran suyos sino del obispo de Toluca. Del obispado de Toluca eran muchos negocios y como el Tio Antonio, había varios prestanombres o gerentes. Mi padre y sus hermanos pasaron de salir de su pueblo casi desnudos a ya trajeados y bien entrenado de Toluca a la Ciudad de México con unas cartas de recomendación.

El pueblo de mi madre fue Tlacotepec en las afueras de Toluca y como el cerro de Xocotitlán también un volcán apagado en cuyas faldas estaban los campos labriegos de sus pueblerinos ejidos y pequeñas propiedades, pueblo de arrieros que desde Toluca bajaban hasta la Tierra Caliente del estado de Guerrero con abarrotes industriales y regresaban arreando ganado para el rastro de la ciudad y el abasto de las carnicerías del mercado central. Mis abuelos Pedro y Celsa Díaz formaron una familia de arrieros y campesinos. El hogar al cuidado de mi abuela y el trabajo fuereño por el abuelo Pedro, capitán de una cuadrilla, aunque también fue cultivador de milpas de maíz, frijol y chicharos en varios lotes de pequeña propiedad, tuvo dos familias, la segunda con mi abuela Celsa, de quien dicen que recogió del apellido de su esposo para su propia familia, “ande usté a saber”. Sus domicilios fueron vecinos de la misma calle. Mi madre Juana Díaz y Díaz fue la primera hija y fue tratada y educada por mi abuelo como la mayor y el hermano Manuel: como el consentido de su mamá. Mi madre fue reconocida como buena jineta, la calificaban de “machorra” por su altivez, sabía chiflar”de arriero” y encargarse de vigilar el trabajo de los sembradíos en la ausencia del capitán Pedro Díaz, así que la escuela primaria la compartía con aquellos trabajos: por cierto el maestro que con amor ella recordaba fue don Abraham Caballero, de la familia toluqueña arriba citada; aunque también incluyó las artes domésticas de mi abuela y un poquitoo del saber de laTía Celsita asi en el pueblo la llamaban por respeto a quien era médica yerbera y de cultura indígena tradicional, pues sabía de malestares y de salud, de menjurjes y tratamientos que ofrecía sin cobrar.

Un día maldecido por todos el capitán Pedro Díaz fue asaltado en el camino a Toluca por uno de sus primeros hijos y del coraje y la decepción acabó muriendo sin confesión, con todo recibió el viático por el padre Clavel, su amigo y amigo de todos sus feligreses. Mi madre hubo de salir con la amenaza del pariente maldecido y llegó a la ciudad de México con una carta para una paisana que la colocó en una fábrica de camisas, ahi conoció las hermanas Oliva y Rafaela Caballero y luego a su hermano Jesús con quien no tardó en apalabrarse, en querer casarse y se casaron, aunque ella se incorporó a la familia Caballero con gran gusto. Mi padre fue al llegar con su hermano menor a trabajar como obrero de la Fábrica de loza” El Ánfora” aunque luego el Tio Antonio lo invitó a hacer negocios con un su allegado en la Cervecería Modelo en el establecimiento de nuevos locales en la colonia Morelos, de esos negocios ya no salió hasta que por mala suerte, malos negocios, hubo de emplearse con sus amigos alemanes en otra fábrica de loza llamada : ”la Nueva San Isidro”. Yo ya estaba en la Secundaria de la Escuela Nacional de Maestros y para el quinto grado volvió la suerte, vendió una casita de Xocotitlán que su primo Adalberto Mejía rescató y con ese dinero abrió una miscelánea que me permitió concluir mis estudios normalistas y apoyarme los primeros seis meses de trabajo de educación primaria en los que tardaron en pagarme hasta fines del sexto mes.

En resumen las primeras secuelas de la revolución mexicana del siglo XX crearon el movimiento de la población del campo y de los pueblos pequeños a la ciudad, a su desarrollo urbano, a los nuevos empleos, a su tranquilidad, y como decían con cierta ingenuidad: A “la civilización”, a la ciudadanía, a la cultura urbana, a sus negocios, al empleo seguro y a todos los niveles de la educación oficial y privada, así como las nuevas diversiones: fiestas religiosas populares, los periódicos y las revistas, sus ferias, el teatro, el cine, los parques públicos, y sobre todo: la formalidad de las elecciones sexenales y sus componentes urbanos: las discusiones políticas locales, los acarreos, los cargos en las casillas, las votaciones masculinas; eso si: las mujeres en la cocina , los fregaderos y los tendederos y en negocios femeninos: las tortillerías, las mercerías, las misceláneas y los negocios de comidas, o con los empleos de los talleres de vestuario, de secretarias de negocios o empleadas administrativas de los asuntos gubernamentales, entre ellos la enfermería, el profesorado de preescolar, primaria, secundaria y normal; aunque d, de votar, nada, eso era exclusivo del sexo fuerte, masculino, macho y machista como el futbol, el béisbol, el jaripeo, el copeo, el toreo y la masculina , nocturna diversión y claro la diversión política con su compañera la corrupción, en los años cuarenta y cincuenta los licenciados universitarios, los cachorros de la revolución se hicieron riquísimos.

Nos tocó Abel, a los hijos de aquellos padres expulsados de sus pueblos y de sus campos llegamos a convivir con los ciudadanos originarios los impactos locales de la Ssegunda Guerra Mundial: la radio, el cine, el teatro callejero, los títeres, las marionetas y los juguetes todos traían las noticias de las batallas y de las desgracias de los pueblos víctimas pasivas de los contendientes y las secuelas locales: aquí la propaganda aliada, los simulacros, con el uliular de las sirenas a todo volumen como si avisaran de la invasión, el racionamiento alimenticio con “las colas” para la leche, la carne, las tortillas las cuales, sin embargo creaban una socialización: había tertulias de las mujeres, ahi formadas que conversaban lo que los niños ftambién formados oíamos con morbosidad; se hablaba de parientes enrolados en las fiilas gringas, de los hermanos aventureros que se iban de braceros, de los cuales unos pedían apoyo, otros lo ofrecían, que unos morían, otros regresaban de la guerra a los “yunaites” heridos, y a México a presumir de sus andanzas y sobre todo de su salvación, de su gustoso regreso a casa con sus pariente, la familia era una bendición, los cuates, los amigos, la colación.

Tu barrio Jesús, ¿eres consiente? fue cosmopolita, tus vecinos no eran solo eran hidalguenses, regiomotanos, toluqueños, jaliscienses, veracruzanos, paceños 0 californianos, también hubo gachupines, refugiados, alemanes, polacos, chinos. japoneses, cubanos, incluso gitanos, de ellos algunos eran niños , alguién mayor y más crecido fue Carlos España que también con nosotros se juntaba, aunque era un joven refugiado posaba como pachuco, pobre pero pachuco, y con él en la calle todos jugábamos asi que a los juegos de guerra, de sodaditos de plomo y con canicas seguían las batallas entre americanos contra alemanes o japoneses que con un volado definian las enemistades, al fin de la guerra llegaron a nuestras escuelas cajitas de dulces y juguetes que se decían: “eran los mismos que los soldados americanos repartieron entre los niños de los pueblos ocupados”.

Para Jesús para; de la abstracción de la economía mundial, de sus guerras al edén de de nuestras infancias me quedó claro que nos salvamos de la destrucción, de la humillación y del orgullo imbécil de la victoria aliada que con la que a pesar de todo en la ciudad de México hubo una vida social que sepultó el miedo aun cuando la publicidad guerrera nos mostró lo que aquí no sucedía, hubo una especie espontánea de autoeducación social, muy callejera, anárquica y democrática que a los niños y los adolescentes nos poporcionó una infancia de amplia y callejera socialización, un desarrollo fuera de la educación escolar, y felizmente con singulares contenidos morales, deportivos y sentimentales que produjo confianzas personales, sólidas amistades, con elementos de solidaridad que fueron producto de los juegos y las diversiones en las calles con escaso tránsito automotriz, en las que crecimos con una enorme autonomía: juegos, deportes, diversiones, almuerzos colectivos, tertulias vespertinas, bailes familiares, kermeses, fiestas religiosas muy paganas como la los Judas tronantes del sábado de gloria, nos organizábamos, nos comprometíamos..¡Hacíamos y o nos dejaban hacer !de ahi a la educación escolar!…,por hoy aquí, Abel, continuaremos en el próximo número No. 102.

Hasta la vista amigos lectores.

Pueblo de la Candelaria, Coyoacan

Ciudad de México a 23 de enero del 2019

P.d. Con humilda y con simpatía un ejercicio dedicado al gran maestro Alfredo Villegas Ortega.

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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