Hernan_y_compa%c3%b1ia
Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


¡Reluciente de luz!

Nuestra profesión es muy desafiante —y por momentos frustrante— porque los objetivos que persigue, afectan el presente y futuro de las personas.

Cada año, al hacer el balance de nuestro desempeño es probable que nos invada una sensación de frustración frente a todo lo que no conseguimos, porque la responsabilidad que caracteriza la función docente garantiza una permanente y sana insatisfacción.

Y está bien que así ocurra porque nos impulsa a mejorar, a redoblar los esfuerzos, a recurrir a conocimientos y experiencias exitosas de otros, como una de las formas disponibles de superación personal.

En lugar de permitir que nos gane la inmovilidad resultante de lo que no salió como pretendíamos hay que arriesgarnos a cambiar, a proponer, a realizar y experimentar, sin temor al esfuerzo, a las críticas, a los errores y fracasos que puedan llegar.

A veces ocurrirá que el paso hacia delante que demos será pequeño, pero tendrá en valor de ser el resultado de nuestra rebeldía de no darnos por vencidos ante la dificultad o la adversidad. Recordemos una vez más aquella simple pero certera conclusión de Edmund Burke cuando dijo “Nadie comete mayor error que quién no hace nada porque sólo podía hacer poco”.

En la acción docente nunca sabemos el efecto que conseguiremos. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es que no podemos pretender que aquello que ha salido mal cambie si continuamos haciendo lo mismo.

Corremos el riesgo que nuestro trabajo pueda tornarse muy solitario y rutinario. Por eso adquiere gran importancia combatirlo, especialmente si logramos establecer y mantener una comunicación dinámica y fluida con colegas, aunque no sean de nuestra amistad.

Cuando hace ocho años un grupo de destacados educadores decidió materializar el sueño de construir una amplia red de comunicación regional de pensamientos, experiencias y visiones diversas, seguramente no calculó que su contribución iba a ser tan valorada ni su éxito tan notorio.

Porque con el transcurso del tiempo, algo que nació tímidamente con la cautela que caracteriza a las personas razonables y responsables, se transformó en una formidable tribuna de retroalimentación cultural de alcance global.

Pálido punto de luz es una expresión genuina de compromiso que recoge las mejores intenciones de funcionar como una suerte de guía informal, abierta y democrática para educadores y comunicadores en el ejercicio de nuestro trabajo.

Podríamos definirla como el ágora disponible dónde reunirnos a discutir nuestros pensamientos con total libertad, cuando tenemos tiempo y ganas, sin pretensión alguna; eso sí, con mucho respeto.

Como vemos solo podemos juzgar esta iniciativa de manera general porque si intentamos “afinar el lápiz” nos tropezaremos con la dificultad que siempre resulta de creer que las valoraciones personales pueden ser generales, o que las experiencias locales mantienen la misma significación cuando se extrapolan.

Vivimos tiempos de profundas crisis, por lo tanto solo la imaginación es más importante que el conocimiento. Allí radica uno de los grandes desafíos de nuestra noble profesión.

Contar con un medio de comunicación con tantos destacados colegas latinoamericanos es un logro de la imaginación aplicada a las buenas causas.

Me place decir que recorrer las páginas de Pálido punto de luz me ha servido para aprender, reflexionar, compartir y desde luego cuestionar pensamientos y sentimientos —propios y ajenos— sobre las distintas realidades de nuestro quehacer educativo.

Muchas veces me pregunto si la extraordinaria revolución comunicacional en la que estamos inmersos nos ayuda a ser más sabios y reflexivos. Abrazo la frágil esperanza de que así sea. Pero seguramente no lo es. Es un dilema que debemos dirimir; y en eso estamos. Pues la abrumadora oferta disponible obliga a realizar un esfuerzo intelectual enorme de valoración, ponderación, confrontación y confirmación de la veracidad de todo lo que nos llega con una velocidad inquietante.

También en este terreno emerge airosa Pálido punto de luz porque nos permite participar, compartir y aprender de un diálogo fluido y generoso con tantos colegas.

Más de una vez me he preguntado porque tantas personas están dispuestas a compartir sus pensamientos e ideas, de manera generosa y desinteresada. Concluyo que es una demostración de la necesidad que tenemos de participar de foros tan enriquecedores como este, sin importar las fronteras de ninguna clase.

Entonces, ¿para qué sirve una revista educativa en nuestra región? Mi respuesta es directa: en primerísimo lugar para motivarnos. Necesitamos revisar nuestros objetivos y reafirmar nuestras convicciones, aquellas que nos condujeron a abrazar con amor y dedicación la docencia y la comunicación.

Los contenidos de Pálido punto de luz son un estímulo para tratar de hacer nuestro trabajo un poco mejor, aprovechando el conocimiento y experiencias de otros, que han tenido la capacidad de hallar buenas soluciones a problemas similares.

Ayuda a combatir avances pesimistas que nos generen dudas o desalienten. Como dijo Galeano “dejemos el pesimismo para tiempos mejores”. Y esta publicación es terreno fértil para el optimismo.

Subrayamos que su principal aporte es la motivación Pero recordando que motivar no es convencer al otro para que haga lo que yo quiero o de la forma que lo hago. Motivar es compartir un objetivo, generando una sensación de pertenencia a un grupo de personas —en este caso particular— con intenciones similares.

Le deseo “muy larga vida” a este nicho cultural porque realmente lo necesitamos. Sus responsables son personas con determinación y valentía que merecen todo nuestro respeto y admiración. ¡Adelante!

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

Agregar comentario