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Re-creo


Elba Castro Rosales
Javier Reyes Ruiz


Poesía y naturaleza en el occidente de México

En el marco de una investigación en proceso realizada por la Maestría en Educación Ambiental de la Universidad de Guadalajara, se viene llevando a cabo un diálogo, amplio y profundo, con poetas del occidente de México (Aguascalientes, Colima, Jalisco y Michoacán) sobre el abordaje que su obra hace sobre la naturaleza. Aquí compartimos una brevísimo recuento de algunas de las muchas reflexiones que ha generado este proyecto, coordinado por Elba Castro, que contiene una muestra de los resultados de un diálogo entre educadores ambientales y poetas que lleva cerca de dos años. Al final se incluyen dos poemas de los más de 3,000 revisados, los cuales son una pequeña muestra de lo que artistas del occidente del país escriben sobre el ambiente natural. Se espera que para el 2020 esté integrado el informe final de este proyecto de investigación.

Sobre los fines de la poesía y el papel de los poetas

La poesía no nace con un fin o en una función específica, brota más bien de ejercicios profundos de introspección, es decir, es un vehículo para que el poeta explore el autoconocimiento, fortalezca la autoafirmación, escrute sus experiencias vitales y sus territorios interiores más profundos, elabore el sufrimiento o las emociones personales y exteriorice sus pensamientos y estados de ánimo, buscando el intercambio de subjetividades con el lector. La poesía nace del asombro, de la maravilla de estar vivo. Se escribe haciendo un esfuerzo profundo por exteriorizar a través del poema lo insondable de la interioridad, por objetivar un fragmento del misterio que el poeta lleva adentro. El poeta asiste con todo su ser a lo que la vida le presenta, es decir, no sólo contempla y describe, sino que asecha activa e intuitivamente momentos que luego los transforma en poesía. Por ello, no se escribe para resolver problemas, mucho menos la crisis, o para darle un nuevo orden a la realidad ni tampoco con fines pedagógicos. El poeta crea, con frecuencia desde su inconsciente, sin atribuirle a la poesía una función específica o asignarle una meta determinada. Una vez que el poema está publicado, entonces el lector le puede dar determinado fin. Escribir es un acto individual que cobra mayor significado y sentido con la lectura, pues es entonces que se convierte en un asunto colectivo. Sin olvidar que el poeta es también un lector de sí mismo.

La voz interior del poeta se alimenta también de lo que le rodea, pues siempre hay un problema más allá de la interioridad, y existe una búsqueda personal para vincularse con lo exterior. Por tal razón, si el poeta ve al mundo en ruinas o ve la efervescencia de la vida, su obra reflejará esa mirada, pero la poesía también puede propiciar que vaya cambiando su percepción, lo que le permite asumir perspectivas distintas que están en permanente tránsito para abordar la vida. Es decir, la poesía no es la expresión de un posicionamiento intelectual inamovible. Además, puede ser una plataforma que lleva al poeta a repensar y modificar sus acciones cotidianas y, por qué no, a hacer aportes a la vida de los demás.

El deber que tiene el poeta es en primer lugar con su propia verdad, con la lealtad consigo mismo, y en segundo con la lectura crítica del mundo, de ahí nace una poesía comprometida, que no quiere decir panfletaria, sino que es el reflejo de una apropiación sin concesiones tanto de su intimidad o interioridad como de la realidad exterior. No se trata de un compromiso meramente intelectual, no se da sólo a través de las ideas ni mucho menos como consecuencia de un mandato, sino que surge de una genuina experiencia emocional, como una verdad interna, como un aullido que duele. En esta línea, el poeta no sólo es empático con la otredad, sino que se funde en ella para vivir y, desde luego, denunciar el dolor de los otros y reclama por ello. Ahí está en buena medida el núcleo del compromiso.

Que no haya funciones definidas y precisas en la poesía no significa que se escriba sin propósito alguno, al contrario, se escribe comprometidamente para asumir el ser y el estar en esta vida. El compromiso de la poesía no es emitir o imponer un mensaje determinado, mucho menos una consigna, más bien estriba en pensar y sentir la propia existencia y con ello también el mundo. Para el poeta escribir con ese compromiso es una necesidad fisiológica, es una vocación imperativa, de tal manera que el más grande sufrimiento sería no poder hacerlo, ello está por encima del cumplimiento de determinadas funciones de la poesía.

En tal sentido, con la poesía se explora emocionalmente la renovación de la palabra para expresar viejos y recientes problemas que permitan interpretaciones libres y personales que, a su vez, desemboquen en nuevas formas de ver la existencia. Con el empleo creativo del lenguaje a través de la poesía se busca el surgimiento de un nuevo espíritu que renueve al mundo; en ello se da una especie de magia dado que el poeta siempre ve algo nuevo aun en elementos tan nombrados como la luz o los árboles, los cuales a los ojos del arte no envejecen. De hecho, sin lenguaje no hay mundo y en la búsqueda de una más profunda comprensión de la realidad, la poesía se convierte en una expresión creativa que genera que el poeta se conecte sensiblemente con su momento histórico y desde ahí construya preguntas, conexiones, formas de convivencia y de comunión con la vida. Es decir, la poesía revela, renombra, resignifica y renueva la realidad y con ello contribuye a que el mundo permanezca en una intensa dinámica de creación, en la que a través de la palabra poética lo más pequeño o aparentemente insignificante (una hormiga, por ejemplo) se puede proyectar a lo eterno. También la poesía recuerda y resguarda, pues conserva conocimientos, saberes, historias que serán valorados por las generaciones siguientes, en otra palabras, nutre impulsos que vienen del pasado o se generan ahora y que se lanzan hacia el futuro. Aunque hay que reconocer que en tiempos antiguos el poeta era el vocero de tribu, era una especie de resguardo de la memoria colectiva, por eso la poesía era anónima, pero hoy en día el poeta es más vocero de sí mismo. Quizá en tiempos tan aciagos, convendría que retomara este papel de vocero de la tribu.

En complemento, la poesía también es indagación, construye alternativas, inventa el porvenir. Contribuye también a expresar lo que las personas no saben de sí mismas y de su posición frente a la naturaleza, pues la poesía genera una conexión entre el poema, la interioridad de quien lee y el mundo externo. En tal sentido, la poesía no sólo es un esfuerzo por exaltar la belleza, sino que aporta escenarios para que tanto el poeta como el lector canalicen estados de conciencia e incluso sensaciones de bienestar personal. El poema no es sólo un artefacto, es un lugar de encuentro entre autores, entre ellos y quienes los leen, entre distintas artes, entre la estética y el lenguaje. Hoy la poesía busca, como mecanismo de defensa ante el apabullante mercado, combatir lo superficial, la no-idea, el discurso de escaparate, la banalidad del contenido, el escándalo sin sustancia, pues es heredera de un largo y fructífero diálogo con la historia, la psicología, la sociología y la filosofía, entre otras, por lo tanto también es un espacio de encuentro entre distintas áreas del conocimiento, se trata de un laborioso esfuerzo intelectual, no sólo de estética. En la poesía la palabra que se disfruta a sí misma, sin mayor esencia, es una especie de autismo. El referido esfuerzo le demanda al lector otro igual o parecido para lograr compenetrarse con el poema.

Coleccionista de sombras

Jorge Orendáin

A don José, el de Todos los nombres

Los coleccionistas andan por la vida
en su intento constante de ordenar el mundo.
Los hay que gustan de hojas de árboles,
estampillas postales, llaveros, monedas,
jarrones antiguos, pelos de gato, miniaturas,
cartas nunca enviadas, corcholatas con futbolistas,
rosarios, piedras de río, alas de mosca.

Ellos andan por todos los rincones de la ciudad.
Se les mira conversar con extraños,
forman asociaciones para discutir, mostrar,
intercambiar y presumirse sus cosas, entendibles
sólo para el mundo que han construido.

El coleccionista es un desesperado
en busca de algo que siempre le falta;
siente que si no lo encuentra
el mundo se dispersará
y todo volverá al principio.

Todos deberíamos ser coleccionistas.
No importa el objeto, si es de este mundo
o del otro.

Yo elijo desde este momento
coleccionar sombras de árboles.
Las guardaré en la memoria todos los días.
Si alguien piensa derribar uno
hábleme con urgencia. Estaré puntual
para recoger su sombra.
Prometo sembrarla en otro árbol,
darle un pájaro, una raíz
y agua de lluvia que algún poeta me regale.

Guillermina Cuevas

Sube el pez a la red,
a la espuma sube.
Viene de profunda aguas
huyendo de otros, de todos
los peces que lo buscan.

Sube el pez a la red
piensa que es un pájaro.

Preso, golpeado por el sueño
de tocar el cielo,
desconoce el aire, el sol
y siente que
el vuelo imaginado se demora.

Reseco, casi muerto atrapa la noche.
Se reanima.
Mira en el firmamento el mapa
de las constelaciones
y una luna amarilla
resbalando entre las nubes.

Salta el pez a mi corazón,
se vuelve pájaro
y vuela

(y vuela)

Elba Castro Rosales

Javier Reyes Ruiz
Tiene el grado de Doctor y es educador ambiental, todo terreno. Ha trabajado la promotoría ambiental en Organizaciones no gubernamentales. Actualmente es profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara en la Maestría en Educación Ambiental.

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