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Tarea

Cuentos en el muro

Eduardo Quiroz García


Made in ReNo

I.

Cada minuto de espera es una eternidad.

La ansiedad se les acumula en el cuerpo, en la mente, en la sangre, algunos afortunados internos tienen que esperar a que llegue el fin de semana para ver a su familia, podríamos decir que la antesala de que esa hora se cumpla es un verdadero calvario, el anhelo colectivo de que llegue el sábado y domingo es enorme, pues además el ambiente se transforma en verdaderos días de fiesta dentro del reclusorio norte, con un peculiar mar de características propias, celebración canera1, por supuesto.

Así, enmarcados en estos días de fiesta y encierro, les contaré una historia de tantas, aquí entre mis muros, donde sucede siempre una espiral de sucesos y donde los días transcurren en aparente reposo sabiendo siempre que no son los mismos…

II.

El equipo musical de los sonideros siempre llega aquí desde las siete de la mañana, la revisión a todos los implementos que traen en sus camionetas la llevan a cabo los custodios en la aduana de vehículos, esto hace que se entretengan unos treinta minutos para entrar al patio de visitas; aquí en Canadá2 el tiempo se mide con un reloj donde pulsa adrenalina pura, viscosa, tóxica y densa como el mercurio.

Una vez realizada la revisión de los equipos del que emanarán las mezclas más actualizadas de la escena salsera, comienzan con la instalación del mismo en mi gran patio, lugar que es una explanada justo en el centro de mis muros, de mis paredes; conexión de cables a un sistema central, instalación de grandes bocinas de color negro que dirigirán su explosión sonora hacia mis rincones estructurados por el concreto, logrando que la música traspase mis bardas y mis torres allí donde el encierro pierde el nombre.

Y lo mejor es que estos sonideros nunca cobran por venir, son los amigos de la infancia, del barrio de mis habitantes.

III.

Y bueno, mientras el sonido entra y lo acomodan en el cantón3, la familia que desde temprana hora está formada afuera comienza a ingresar y ser revisada físicamente por los custodios de la aduana de personas, en tanto, toda la banda de presos se alista y se da un baño mañanero, algunos padrinos hasta regadera individual tienen, pero los mostros4 se bañan todos en bola en el patio del dormitorio, donde hay una sola llave para toda la raza, con una manguera o a jicarazos cogen el agua fría.

Si en el barrio eran mugrosos aquí hacen su mejor esfuerzo y se ponen al tiro, pues vienen su familia o amigos a verlos, digo si es que aún reciben visitas; todos vienen a dar vida a esta fiesta única donde conviven bajo el reflejo de los únicos colores que dominan las retinas, los de sus uniformes diarios, blanco y beige, eso sí, ropa de marca si la encuentras, porque a muchos les agrada estar de acuerdo a lo que dicta la moda.

Después del baño, mis internos se lanzan directo al área de visita, esa emoción de ver cómo llegan cargando bolsas con comida no la igualan con nada, ¿y quiénes? pues sus esposas, sus mamás, sus hermanas, sus primas, sus abuelas, atraviesan la exclusa previa al patio donde se encuentran cuatro monos5 disque para cuidar que no se fuguen, pero para lo único que están es para robar el dinero de la visita, cada quien debe de contribuir obligatoriamente con diez pesos, pero ya les contaré después como se las gastan esos tipos.

Una vez que llegan al patio, dejan las bolsas con comida y bailan con sus internos al ritmo de la música, ellos las toman, comienzan mutuamente a dibujar un compás que hace vibrar el piso que se transforma en pista a pleno rayo de sol.

La primer rolita que se escucha es una buena guaracha o una buena salsita, aquí son salseros de corazón; las ondas electro musicales atraviesan las capas de la tierra, llegan a su centro, al mismo infierno donde los demonios danzan a ritmo de Willie Colón o de Niche, igual y allá abajo anda el mismísimo Pedro Navajas ¿no?

Y sin más, quedaron frente a frente.

—Hola reina— saludó El Gato.

—Hola pinche Gato, ¿cómo estás?— contestó Gloria.

—¿Bien gracias y tú, quieres bailar?— cuestionó el Gato.

—¡Va!— dijo Gloria.

El Gato, como siempre, comenzó a divagar: el baile me pone cachondo, me acelera la emoción y me suaviza el cuerpo, siento que al ritmo de la rola me hierve la sangre, las nubes son mis alas livianas, el sudor que escurre por mi piel es el agua de una sed que ya no aguanto, las ganas de salir, rodar, volar y estallar en fragmentos para alcanzar las estrellas sin pisar el mundo de los que se dicen justos, olvidarme para siempre de estos pinches cuatro muros, regresar a la oscuridad de la noche y dormir mil horas, perderme por las cálidas calles de la mierda y la podredumbre, en las bondades del arrabal…

Se me vienen al recuerdo los excesos del cuerpo, los sueños, los malos viajes, el mundo se reduce a esa complicidad de mis pies con el silencio; es a través del baile, del ritmo, del movimiento, que saco la casta del barrio y la neta los de Martín Carrera bailamos mejor que los de Tepito, Lagunilla o la Bondojo, esos cabrones están bien guajolotes6 y para esto del baile siempre nos la pelan.

—Jajaja siempre que me echo una piedrita me pongo así— murmuraba entre dientes el Gato.

—¿Así de chingón para bailar?— preguntó Gloria

—Y también para otras cosas— contestó el Gato.

—Al ritmo del baile también se me excita la hormona y esta chava siempre me ha latido, se me queda viendo a los ojos, le voy a decir si me acompaña a las cabañas, a la zona del amor canero —jaja—, hotel improvisado con paredes y techos de cobijas mugrosas por treinta pesitos la media hora— pensaba El Gato.

—¿Qué onda vienes a ver al Tito? ¡Te rifas bailando!— comentó El Gato.

—Jajaja si vengo con mis hermanas pero no lo encontramos, te pasas pinche Gato ni me dejaste llegar, luego luego a bailar— contestó Gloria.

—Simón pues hay que aprovechar, ¿no? Tiene un chingo que no vienes — contestó emocionado El Gato.

—Es que a veces no puedo, me dejan en la casa y hoy es domingo ¿no sabes dónde está Tito?— preguntó Gloria.

—Lo apandaron en el dormitorio de castigo, me pidió que les avisara— dijo El Gato.

—¿Y ahora qué hizo?— contestó Laura la otra hermana de Tito, quien iba llegando con otras bolsas de comida.

—Pues tuvo pedos con un custodio que lo quiso extorsionar, Tito no se dejó la hizo de bronca y lo encerraron— contestó El Gato.

—Ya ni la chinga, como si viniéramos de aquí cerca y luego cargando los pinches bolsas de comida que están bien pesadas— contestó Laura.

—Es que esos cabrones son pasados de reata, ya sabes cómo son — contestó El Gato.

En eso estaban cuando Laura y Elena, hermanas del Tito comenzaron a platicar con las esposas de otros internos, quejándose también de las revisiones que los custodios hacen a las visitas.

—Oye Gloria, ¿no quieres ir a las cabañas7?— preguntó apenado El Gato.

—¿Qué?, ¡no mames pinche Gato!— contestó sorprendida Gloria.

—Es que me gustas un chingo— afirmó sonrojado El Gato.

—Pues estaría pero vienen mis hermanas— dijo Gloria.

—Y que, ya están en el chisme, ni se darán cuenta, pensarán que andamos en la bola bailando— contestó El Gato.

—¡Bueno va!— respondió Gloria.

Se enfilaron hacia el área donde estaban todas las cobijas formando pequeñas casitas de placer.

—Ya te armaste piojo— le gritó un interno al Gato.

Y aquí entre el imperante olor a mota, se cuecen las pasiones rudas.

IV.

Y en la mañana del lunes…

—Chale ahora ni para mi pinche piedrita8 tengo, pero la neta estuvo al pedo, ¡la pase bien chingón! al ratón tendré que entrarle al rancho9, ¿ni modo que taloneé a la Gloria la siguiente vez que venga? ¿o sí? me va a mandar a la verga y pues como que tengo ganas de verla otra vez, ¡mejor nel! me aguanto y tragaré rancho, la neta está bien bonita, es jaladora y es la bandita, ¿chale que pedo?, mejor ya dejaré de pensar pendejadas, ni que fuera modelo, jejejeje, me iré por mis cacharros10 para estar listo cuando llegue el rancho al cantón— pensaba el Gato.

El día caminó…

La neta ya me cansé de estar haciendo la pinche fajina11 a todos esta bola de presos culeros, prefiero seguir tragando rancho que estar haciéndole de pinche sirvienta a cambio de un poco de comida que ellos me regalan: ¡lava mis tenis, plancha mi ropa que hoy viene mi abogada, bolea mis botas porque tengo que ir a la iglesia y el pastor nos dice que debemos ir limpios, lava el pasillo otra vez que huele a mierda, arregla el rancho y guísalo para que no sepa tan gacho, pasa por la conasupo y tráeme un rastrillo, vete a cobrar la renta de las televisiones a los cabrones del dormitorio cuatro, pídele la grabadora que le prestamos al custodio que se va a hacer pendejo y se las va a dejar a los del otro turno y no nos van a pagar, hasta cargo a los pinches chamacos del Troll, le hago de payaso y el otro día que se caga uno de ellos en mi espalda cuando le estaba haciendo caballito!

—¡ Y menos ahora que quiero conquistar a la Gloria!, chale yo ando bien pinche volado igual y ya ni me pela, hasta estoy pensando que va a venir otra vez, a lo mejor por allá afuera le anda poniendo con otro wey o varios al mismo tiempo y yo aquí de pendejo esperando que venga a verme, si ni lana tengo, pero algo me dice que ella es diferente, no es como la bola de putas que vienen a buscar cliente en las cabañas para ganarse un cambio, ¡pero algún chingado día dejaré de estar jodido!, porque no sé cuál sea peor castigo, si estar en la cárcel o estar jodido y estar en la cárcel a la vez, pero en fin, no todos tenemos la fortuna de nacer con billete y ni madres que reniego del barrio ¿eh? —así fluían los pensamientos del Gato mientras realizaba todas sus labores domésticas en la estancia.

Creo que ahora si iré pensando en agarrarle la palabra al Tito, no estaría mal mudarme de cantón, el pedo es que en ese puto dormitorio está toda la banda pesada, pero pues de andar de mostro a traer billete ¿mejor el billete no? igual y así la Gloria me dice que sí quiere andar conmigo y si no pues igual junto un cambio para cuando salga de aquí, al fin que ya nadamas me faltan seis años, el pedo es que son de punta a cola12, no estaría mal cambiar de aires — murmuraba El Gato.

—¡Cámara putos, cáiganle al cantón para la lista¡13 — gritaba el custodio.

V.

—Estos hijos de la chingada se la maman, diez pesos por lista o le inflas14, en dos años creo que más de la mitad del tiempo le he inflado, pero espero que pronto me pinten otros tiempos, ya no le tendré que inflar porque seguro estoy que cuando yo tenga baro, culo les va a hacer falta15 a esta bola de monos culeros— balbuceo El Gato.

—¿Qué pedo pinche Tito, cuando saliste wey? —preguntó El Gato

—¡Qué ondita mi Gato ¡, pues apenas me soltaron hace rato, no quieres un cafecito güey?— contestó y preguntó El Tito.

—¡Vas mi chavo te lo acepto porque hace un rato que no tomo café de los del kilómetro16 y la neta está haciendo harto frío, ¿oye y que pedo, porque te apandaron los custodios culeros, que no les ofreciste lana a los putos para que no te encerraran?— preguntó El Gato.

—Nel, ahora sí preferí rifarme porque se la mamo el pinche comandante Vázquez, andaba de malas el güey, le pedí paro para salir a hablar por teléfono después de la lista de la noche y me pidió dinero, le dije cámara no hay pedo padrino, le dí veinte pesos además que tenía la pinche tele que siempre le presto para que pierda el pinche tiempo mientras disque trabaja, después, salió gritando, me dijo que ya me había colgado, que llevaba mucho tiempo hablando por teléfono y que me saca la pinche tarjeta del teléfono, se cortó mi llamada, la neta si me calenté, le dije que aguantara que no se pasara de verga, me la empezó a hacer de a pedo, para mi pinche mala suerte llegó el rondín17, me dieron de vergazos con la morena18 en la espalda, después me jalaron a la comandancia19, me acabaron de putear y el pinche comandante Vergara quería que le diera mil pesos para no apandarme, le dije que no tenía baro, que me dice que si entonces no se los daba me iban a poner con el pinche consejo técnico de que quería atracar al custodio, le dije que no había pedo que finalmente yo estaba de beige20, que me tenía que chingar, pero que un día tenía que salir y ojalá y no me lo topara— contestó El Tito.

—Jajajaja jajaja pinche custodio puto, seguro se calentó, te madrearon y te encerraron ¿no?— preguntó El Gato.

—Simón, pasé al pinche consejo21 y me dijeron su pinche sermón que debo de respetar a los custodios, como si no supieran como son esos ojetes, me dieron ocho días en el dormitorio de castigos, pero pues a últimas lo prefiero a soltar mi lana que con tanto pinche esfuerzo me gané robando, lo que sí pinche dormitorio está bien culero, no hay luz, no hay agua, allí a huevo le entras al rancho, me enfermé de la panza, creo hasta los laicos22 se me pegaron jajajaja— comentó El Tito.

—¿Qué? ¡Hazte para allá mi chavo, no me los vayas a pegar!— gritó El Gato.

—Jejejejejeje ¿no que muy cabrón?— contestó el Tito.

—¡Si pero no te la mames pinche Tito!— gritó El Gato.—Oye carnalito por cierto, si fuiste tú quien le dijiste a mis carnalas que estaba encerrado el domingo pasado ¿verdad?— preguntó El Gato.

—Así es, ya estaban preocupadas por que no llegabas al patio de la visita y así como me mandaste recado para que les avisara, les avisé. — respondió El Gato.

—Pinche Gato, yo sé que usted es la bandita ¿ya conocías a todas mis carnalas y a Gloria la más chica verdad? — preguntó El Tito.

—Si pues jugábamos de morritos en el barrio, casi no viene a verte pero ese día si vino, también le avisé que estabas encerrado, hasta bailé con ella jejeje — comentó El Gato.

—Ah pues que bien — contestó Tito

—Cámara mi Tito, al rato paso a tu cantón, voy a la tienda porque si no me van a chingar, me mandaron por unas galletas y un pan y ya me tarde — afirmó El Gato.

—Sufres por qué quieres, ya sabes que si trabajas conmigo te iría chingón, al rato que pases a mi cantón platicamos, ¿va? — respondió El Tito.

—¡Va! — respondió el Gato.

El frío matinal envolvió la soledad en cada rincón. El día comenzó a girar.

VI.

—Compermiso Jefe, paso a ver al Tito — comentó en actitud sumisa El Gato.

—¡Nadamas no andes de culero, si te cacho robando hijo de tu puta madre te mando al castigo cabrón! — contestó gritando el custodio de la entrada del dormitorio ocho.

—No pa23 uste sabe que me la llevo por la derecha24, sólo vengo a ver a mi cuate el Tito — contestó El Gato.

—¡Pásale ya pinche mostro, deja de estar chingando! — ordenó el custodio.

El Gato sigiloso, continuó su camino…

—¿Qué ondita Tito estás jetón? — preguntó El Gato levantando la cortina roja que colgaba sobre los barrotes de la estancia.

—Nel, espérame tantito — contestó Tito.

—Pásale ahora sí, estábamos haciendo cuentas aquí con los chavos — repuso rápidamente Tito.

—Órale, si quieres vengo al ratón — comentó El Gato.

—Pasa, ya te dije que entres — ordenó Tito.

—¿Qué pasó Gato ya estás listo para chambear? ¿Gustas una chelita? — preguntó Tito.

—¡Va! — contestó rápidamente El Gato.

—¿Qué plan, que piensas carnal, estar jodido toda tu puta vida? eres ratero y no tienes ni un pinche peso — comentó riendo Tito mientras prendía un churrito de mota.
—Nel, la neta ya no quiero estar pobre, creo que ahora si me voy hacer tu chavo25 ¿qué tengo que hacer para entrarle contigo al bisne26? — respondió El Gato.

—Mira esta puesto27, si de verdad quieres entrarle este sábado podemos empezar, justo apenas mandé picar un pendejo que se quiso pasar de listo y me quiso dar baje con una mercancía, así que hasta vacante tenemos jajaja… — Tito comenzó a hablar…

En la grabadora de Tito sonaba “…me da miedo la altura estoy perdiendo la cordura y quiero dar el paso hacia donde no sé, pero antes quiero ver lo que se ve desde una moneda y de pie…” máscaras.

VII.

“El kilómetro a todo lo que da, vida, movimiento, luz y oscuridad en los rincones menos imaginados que se revisten por el olvido humano bajo la máscara de la maldad, de lo indecible, naufragios voluntarios e involuntarios donde sobrevive la vida, el color, las palabras, el ruido, esa calle interminable, cuatro muros que forman tu sepulcro, tu voz lejana que nombra siete laberintos de muertes, resurgimientos imposibles, sombras, penumbras, fango y cielo, rupturas, silencios estridentes, expiación de un artificio de culpas creadas, falsedad, mentira, caídas que elevan, elevaciones que caen, prolongación del ser, noche eterna, nube tóxica de conceptos… este es mi manto de bondades y aquí todos coexisten…”

—¿Qué haces Gato? —preguntó el Cocodrilo.

—¿Eh? nada, aquí leyendo esta madre que está escrita en la pared, había visto la pintura pero nunca había leído lo que dice — contestó El Gato.

—¡No mames pinche pato pendejo, tu leyendo y yo cagándome de hambre, nadamas estás perdiendo el tiempo, vete a la estancia y apúrate que ya tenemos hambre y no has hecho ni madres de comida! — gritó encabronado el Cocodrilo, dando una patada al Gato en las nalgas.

—¿Sabes qué pendejo? ¡ya estuvo! — dijo El Gato.

—¿Ya estuvo que cabrón?— dijo el Cocodrilo.

—¡Pues ya estuvo de que toda la pinche vida me agarran de su pendejo y que llegues y me patees nomás porque se te hinchan los huevos! — contestó el Gato.

—Pues si no te gusta ya sabes cabrón, llégale a la verga, en este cantón ya no cabes, así que ¡cómo vas! — sentenció el Cocodrilo.

—¡Pos a la verga puto, a poco piensas que te tengo miedo culero! — respondió El Gato.

—¡Órale hijo de tu puta madre, déjate venir, a ver si es cierto que muy pinche chingón! — gritó el Cocodrilo empuñando una punta de metal que sacó de su pantalón.

—Jajaja, sólo así eres carbón, con el pinche fierro28 — contestó El Gato.

El Rondín se aproximaba al dormitorio.

—¡Vas a ver culero, nos vamos a topar otro día, a ver si es cierto pinche Gato que eres muy verdad de dios! — gritó el Cocodrilo.

—¡Pues cuando gustes hijo de tu puta madre! — respondió El Gato.

VIII.

Y ya en la estancia del Tito:

—¿Qué onda mi Gato, no se agüite, no me diga que extraña a esa bola de ojetes? aquí en mi cantón usted ya no es mostro de nadie — preguntó El Tito.

—Pues no, pero la neta ya me cansé, toda la pinche vida tengo que andar de un lado a otro — contestó El Gato.

—No reniegue mi Gato récele a diosito, a San Judas Tadeo, ya sabes que él es el que protege a toda la banda de lacras, el pedo es que tú no le tiene fé a nada— comentó El Tito.

—¿San Judas y diosito jajaja no mames?, diosito sólo te oye si eres rico, si existiera dios ¿tú crees que dejaría que pasara todo lo que pasa aquí?, yo quisiera que tu Dios fuera un interno, que estuviera de beige, que sintiera lo que yo siento, mi pinche dolor, mis ratos de mierda, ese si sería un dios chingón, pero pienso que dios es menos humano que yo, que es un culero, que no le importa lo que pasa aquí en el mundo, pinche dios injusto, así como nosotros jajajaja y como los pinches abogados del juzgado — contestó El Gato.

—Hasta me das miedo pinche Gato — contestó El Tito.

—No mames, la neta mejor allí le paramos y platicamos de otra puta cosa, no quiero calentarme más la pinche cabeza que ya me quiero dormir, además escucha, nosotros aquí encerrados y allá afuera está el toquin a todo lo que da — comentó El Gato.

—Sí, se escucha chido, seguro es un pachangón grande, como los de Martín Carrera, ¿no? ¿Te acuerdas cuando andábamos de culeros en el barrio ? jajaja — preguntó el Tito

—Simón pinche Tito, mejor ya duérmete que me van a dar ganas de corbatearme29 y mañana es día de visita — contestó burlonamente El Gato.

—Cámara Gato — contestó El Tito.

La noche continuó al ritmo de _El Paso del Gigante _en el barrio de Cuautepec.

IX.

— ¿Van a venir hoy tus carnalas Tito? — preguntó ansioso El Gato.

—¡Pues eso me dijeron, yo creo andan medio encabronadas conmigo por lo del pinche castigo que me dieron, ya son las once y no las veo! — contestó agüitado el Tito.

—Si vienen carnalito — contestó El Gato con mucha seguridad mientras mordía un tejocote medio verde.

—¿Y tú por estas tan pinche seguro? — preguntó El Tito.

—¡Chale, ultimadamente yo sólo trato de darte ánimos, además si no vienen yo tampoco como chido hoy carnal! — contestó El Gato.

—Jajaja Jajajaja pinche gato te la mamas — dijo riendo El Tito.

—¡Mira ahí vienen tus carnalas con las canastas! — gritó El Gato.

—¿Qué onda Elena, porque se tardaron tanto? — preguntó El Tito.

—Es que los pinches custodios de la entrada me revolvieron toda la comida, ¡mira nadamas como quedó, toda batida! ¡La revisaron como si trajera dos kilos de marihuana escondida! — contestó enojada Elena.

—Hijos de su pinche madre, pero se las estoy juntando todas — contestó enojado Tito.

—¿Vienes sola? — cuestionó Tito.

—Nel, allá atrás viene Gloria y mi tía Flora que quiso venir a verte — contestó Elena.

—¡Chale¡ me siento como chango del zoológico — respondió Tito.

—No agradeces pinche Tito, ¿ella que necesidad tiene de venir a ver pinches delincuentes como tú? — contestó Elena.

—¡O pos ya estuvo no! — reparó Tito.

—¡Mira allá vienen!— comentó Elena.

—Bueno mi Tito, al ratón nos vemos — exclamó El Gato.

—Nel pinche Gato, tu comes con nosotros — ordenó Tito.

—No carnal, mejor para la otra— sugirió El Gato.

—Vente — dijo Tito.

—¿Qué onda Gato cómo estas? — preguntó Gloria que iba llegando.

—Bien bien, Gloria ¿y tú? —contestó el Gato.

—Pues aquí llegando a ver a Tito— comentó Gloria.

—¿Ustedes ya se conocen verdad? — preguntó Tito.

—Simón, te dije el otro día que desde el barrio nos conocemos y platicamos hace ocho días que estuviste apandado — contestó apresurado El Gato.

—Vaya, vaya si ya recordé, y que también anduviste bailando con ella ¿no? — preguntó Tito.

—Bueno si, bailamos un ratón pero leve, leve — contestó nervioso El Gato.

—Si Tito, además el pinche Gato baila re bien.— contestó Gloria sonriendo.

—¿Ah sí? ¿Y tú desde cuando bailas con los pinches delincuentes? —preguntó celoso Tito.

—Desde que tú me enseñaste allá afuera y ¿pues también eres delincuente no? — contestó Gloria riendo.

—O sea que vas a defender a este cabrón pinche Gloria — cuestionó Tito.

—Mira Tito ya párale, ni que por bailar fuera a quedar embarazada — dijo Gloria.

—Y tu pinche Elena en vez de que me ayudes te quedas callada — reclamó Tito a su otra hermana.

—Pues si porque es mi carnala y además no está haciendo nada malo, quizá lo único malo que hace es venir a verte — contestó Elena.

—Bueno ya estuvo Tito, mejor nos vemos al rato voy a darme el rol por la visita exclamó El Gato.

—¡Nel Gatito, usted vengase a comer con sus hermanas postizas! — dijo riendo Tito.

—Mejor para la otra — sugirió El Gato.

—Ya te dije que no, deja de estar de pinche mamón, órale siéntate y ponte a comer — ordenó Tito al Gato.

—Ya dejen de estar peleando que les voy a servir, traje chicharrón en salsa verde — exclamó Elena.

Y así ocuparon las sillas y mesas que se rentaban para los días de reunión, junto a las quince mil personas que visitan los domingos a sus presos, que comen y bailan en el patio del ReNo.

X.

Al día siguiente explicaban al Gato como opera el ingreso de droga al reclu, por lo cual Tito le daba precisas referencias: la droga entra por la puerta grande mi Gato, el bisne es en corto con los custodios de la aduana de vehículos y el médico del turno de la noche, la distancia de la aduana al servicio médico esta en corto, no siempre se puede, el doctorcito ese es medio zacatón30 pero si le das un buen cambio le pierde el miedo, hoy se animó así que está puesto, la merca vendrá en paquetitos adentro de la ambulancia que salió para trasladar al pendejo que mandé picar, cuando regrese ya nadie la revisa pues los monos de la aduana están jetones y solo verifican que venga de regreso el pendejo que se llevaron, si es que no se quedó hospitalizado allá; usted no tenga miedo, si hace las cosas como yo se las digo, todo saldrá bien — afirmó El Tito.

—Va que va mi Tito, sin pedo me rifo, me siento como la primera vez que robé jaja.— confesó el Gato.

—Simón al principio te da un poco de miedo pero una vez que le pierdes el miedo, le vas agarrando confianza, hasta cariño le tiene uno a la mercancía— afirmó riendo El Tito.

—¿Y yo que tengo que hacer?— preguntó El Gato, pues en su vida de delincuente sólo tenía experiencia robando, nuca había trabajado con el comercio de drogas.

—A pues realmente es fácil, mañana como todos los días, vas a llevar temprano al servicio médico al loquito que vive aquí en la estancia con nosotros, a que le den su chocho31 y lo vas a formar para que las enfermeras le den su medicamento controlado, allí va a estar el Roco, ¿si conoces al Roco no? — preguntó El Tito.

—Simón, ¿es el que hace la limpieza con los matasanos no? — contestó el Gato.

—¡Ese mero!, bueno pues él va a estar lavando la entrada del servicio médico, afuera hay unos botes, él te va a decir cuando debas jalar los botes, cuando salga el pinche loquito del chocho te jalas para los talleres con todo y botes, el custodio de la exclusa por donde van a pasar ya sabe y no la hará de pedo, él te hará dieciocho32 por si hay bronca — afirmó El Tito.

—¿Y si me encuentro a un técnico o custodio? — preguntó el Gato.

—No hay pedo Gato, te encuentres a quien te encuentres tenemos billete suficiente para que baile el pinche perro, así que no tengas miedo — comentó Tito.

—De lo único que tengo miedo es de que me vayan a echar otro proceso si me cachan — contestó El Gato.

—Mire puto, si le va a entrar con miedo mejor ahí muere, no quiero que me sale mi negocio, ya le dije que se encomiende a San Juditas o si no le tiene fé entonces a Malverde, él se encarga de cuidar los cargamentos y a los que transportan merca; ese par nos hace el paro siempre para mover la droga — afirmó Tito.

—Pues a ver si funcionan tus santos, uno nunca sabe pero ¡va que va le atoro sin pedo!— exclamó El Gato.

—¿Cómo que uno nunca sabe? Mira, si este negocio ha crecido es porque me rifo y les pido protección a ellos y pago siempre mis promesas — comentó Tito.

—Está bueno — dijo El Gato.

—Además si tú quieres emparentar conmigo tienes que entrarle al bisne, no creas que no me di cuenta que tú y Gloria traen onda, así que chingale porque si quieres sr mi cuñado no quiero que sigas todo jodido, y te digo de una vez, en mi familia no hay putos — afirmó Tito

—¿Seguro que no hay putos? — contestó El Gato

—¿Qué me estás dando a entender pendejo? — preguntó Tito

—No pues yo nadamas preguntaba… porque el joto de la Sherry dice que eres su padrote, además de que te la andas cogiendo y eres su marido — contestó El Gato.

—¿Y de cuando acá le haces caso a ese maricón de mierda? — contestó furico El Tito.

—Pues yo no le hice caso, es más yo ni sabía, pero oí cuando se lo estaba contando a todos los güeyes a los que les estaba cortando el pelo en el kilómetro, eran todos los del equipo de americano — contestó El Gato.

—¿Eso dijo el puto travesti ese? — preguntó Tito.

—Simón, eso dijo, yo nadamas te aviso para que sepas que pedo — contestó El Gato.

—Pues más te vale que no se lo cuentes a nadie cabrón, mucho menos a mis hermanas, por eso a veces prefiero que no vengan a verme, aquí dicen cada pendejada que prefiero que no pongan un pie en este lugar— contestó Tito.

—Sin fijón carnal, tu tranquilo — afirmó El Gato.

—Y de ese puto hocicón de mierda yo me encargo — comentó Tito.

—Ya déjalo así, no te metas en más rollos, total si no es cierto vale madre lo que diga ese joto — comentó El Gato.

—Nel Gatito, vas a ver — afirmó Tito.

—Pero si le entras a este negocio mi carnala va estar bien orgullosa de ti, va a decir pinche gatito, ahora si se está poniendo las pilas y está ganando el puro cambio33, además a ella no le gustan los mugrosos — afirmó Tito

—Pues a lo mejor si — contestó El Gato, notando el cambio de tema que Tito hacía.

—Pues mejor no se arriesgue, ya le dije el poco tiempo que viva, vívalo bien, no jodido — sentenció Tito.

—No pues sí, oye nadamas una pregunta — declaró El Gato.

—¿Que? — preguntó Tito

—¿Para eso tienes al loquito ¿o cómo le dicen? Enfermo psiquiátrico en el cantón? — cuestionó El Gato.

—Simón ¿o que pensabas que soy la madre Teresa de Calcuta? — nel mi chavo, mira, él no tiene perro que le ladre, yo le doy de comer, lo visto, lo llevo por sus chochos a cambio de que él sea mi burro34, a veces cuando es poquita merca hasta solito se va el güey, ya sabe, en esta vida mi gato nada es gratis, ¿qué no ves toda la lana que tenemos que repartir para ganarnos un billete aquí adentro? hasta el loquito recibe su tajada de pastel ¿no? — comentó Tito

—No pues sí — respondió El Gato.

—Así que no la hagas de pedo y no te hagas chaquetas mentales, eres un güey rifado; ya está todo, vamos a cenar que mañana será un día movido — ordenó Tito.

El Gato se quedó pensando…

XI

—¿Seguro que no quieres ir al baño güey? — preguntó el Gato

El loquito movió la cabeza de un lado a otro diciendo que no.

—Bueno pinche loquito, nadamas no salgas con una mamada de que te andas cagando en el camino al médico, jálele. — afirmó el Gato

—Pinche Tito ojete, como que eso de meter al loco en el negocio no se me hace buena leche, pero ni modo, por el momento él manda, así que debo de concentrarme en que todo saldrá bien, ¿cuantas veces he recorrido este mismo camino, por la mañana, por la tarde, por la noche?, jamás me he puesto a pensar cuanto tiempo tardo en recorrer este pasillo o cuanto mide, si miro hacia arriba me doy cuenta que estoy a los pies del cielo, esta puta caminata se me hace eterna y este loco parece ser mi cruz, ¿hacia dónde pinche madre voy? Al matadero, a que me chinguen otra vez, relax, sólo voy por unos paquetes de cocaína, ¿porque tengo miedo?, ¿porque estoy tan pinche nervioso? — se preguntaba el Gato.

He sido más culero y no me arrepiento, ¿por qué ahora en este momento de mi vida siento como el miedo hace que sude mi cuerpo? Se me hace eterna esta caminata, allá me esperan, al final de este pasillo, atrás me esperan, adentro del cantón esperan, me vigila el custodio, el loco finge estar loco ¿y si no está loco?, jejeje, creo que el loco soy yo y no él, sigo pensando en que atravesar este pasillo se me hace muy largo, pero tiene fin, ¿y si el fin llega sin que yo llegue a él, quien estará allí para terminar mi tarea?, ¿sólo el loco? ¿O yo sin él? — pensaba el Gato.

Escucho unas voces que hablan en el fondo de mi cabeza, como las que escuché el otro día con el pasón que me metí, el primer día que bailé con Gloria, ¿por qué lo hago? ¿Por ella? ¿Por estar a su lado y sentirme chido?, ¿La cambiaría por la piedra? la piedra me es fiel, siempre que la busco la encuentro, nos necesitamos el uno al otro y no nos prometemos el paraíso ¿qué tiene Gloria que no tenga mi droga? si las dos me hablan y me dicen cosas chidas…— así pensaba El Gato mientras caminaba por el pasillo al servicio médico.

—¿Qué ondita pinche Gato? pasa al loco a que se forme y lo anoten en la lista, acá afuera te veo — dijo El Roco.

—Vas, pásale mi chavo — le dijo El Gato al loco.

El loco caminó para que lo anotaran y le dieran su pastilla.

—¿Qué hay Rocco, ya están listos los botes? —preguntó El Gato.

—No hay botes, son dos bolsas negras de plástico, adentro vienen cuatro paquetes de a kilo cada uno, ponles esta jerga para que se tapen y no se vea que cargas, aquí las dejo, atrás del arbolito, ahorita que salga el loco, te las apañas y te lanzas para los talleres, ¿va? — dijo el Roco.

—Chale pinche Tito, le vale verga que uno se embarque — pensó El Gato.

El loquito salía del consultorio masticando un chicle.

—Vámonos loco vente — dijo Tito y comenzaron a caminar de regreso el mismo pasillo.

—El regreso es como una cueva angosta y oscura donde solo encuentro los ecos de muchas voces que me reclaman, me cuestionan, son voces conocidas y desconocidas, si supiera a cuál de ellas hacer caso quizá no estaría aquí, estaría en otro lado, pero ni pedo, ya le entré y ahora le atoro — pensaba El Gato.

—¡Pásale de volón pin pon Gato que anda un recorrido sorpresa del director y una comitiva de Derechos Humanos! — le dijo el custodio de la exclusa.

—¡No mames jefe, córrele pinche loco que se nos queman las habas!— comentó el Gato jalando al loco quien no quería caminar.

—¿Y ahora qué pedo, porque no quieres caminar pinche loco?, suéltate el pie güey, ¿dónde dejaste la otra bolsa? ¡vente por favorcito! — le decía El Gato desde el marco de la puerta de la exclusa del custodio.

—Jálalo a huevo pinche Gato y mételo al baño aquí en mi caseta, que me acaba de decir mi pareja por el radio que vienen para acá los de la comitiva y van cruzando por la otra exclusa — afirmó el custodio.

—¡Espérame que no quiere, órale cabrón vámonos!, el Gato miró al piso ¿oye que pedo, porqué estas sangrando de la pata? — preguntó El Gato al loco.

—¡Chale vale verga, se cortó la pata con un vidrio que estaba tirado y está sangrando un chingo el güey, tiene el vidrio adentro! — afirmó angustiado El Gato.

—¡Pues sólo a ustedes bola de pendejos se les ocurre traerlo en chanclas, aquí déjalo, vete en chinga para el dormitorio con las putas bolsas de coca, te vienes de volada para que lo regreses al servicio médico, si no va ir sangrando y van a decir que por que te lo llevaste así, le tares unos zapatos cabrón! — ordenó el custodio.

—¡Va padrino, mételo a tu baño ahorita regreso! — exclamó El Gato.

—¡Cómo vas Gato! — dijo el custodio.

—¡Chale ya sabía yo que por algo me estaba dando tanto puto miedo, quisiera que mis patas fueran alas, ojala no me tope a la comitiva y me atoren! — pensó El Gato mientras corría con las bolsas en la mano.

La comitiva se había detenido antes de pasar la exclusa porque salieron todos los carritos que transportan los bolillos calientes de la panadería para repartirlos en los dormitorios, la hora de la comida estaba cerca y amablemente cedieron el paso a los internos que los manejaban.

—¡No mames pinche Tito, aquí están tus bolsas, voy a llevar al loco al médico otra vez! — exclamó ansioso el Gato.

—¿Pues qué paso güey, donde está el loco? — preguntó preocupado el Tito.

—El loco se cortó la pata con un vidrio y hay una comitiva en recorrido, van a pasar por la exclusa del custodio del servicio médico, además está sangrando un chingo lo dejo en el médico y me regreso — afirmó El Gato.

—¡No seas pendejo que te atorarán allí mismo, aguántate! — ordenó Tito.

—¡Pero no mames carnal de por si ese cabron no habla, sólo está mirando su pata y se queja!— comentó El Gato.

—¿Dónde se quedó exactamente? — preguntó Tito.

—Te digo que en la exclusa, en el baño del custodio — respondió El Gato.

—Allí que lo aguante el puto custodio, hasta que la comitiva haya pasado en unos veinte minutos vas por él y lo llevas al médico, si va a ganar baro que sepa lo que cuesta ganarlo no nadamas por que va a abrir una puerta y nos eche dieciocho — ordenó Tito mientras encendía un cigarro.

—¿Chale que pedo? — pensó El Gato.

—Ya son veinte minutos, voy a ver que pedo — afirmó El Gato.

—¿Dónde está el loquito jefe? — preguntó El Gato al custodio.

—Ya ni la chingas cabron, lo llevé porque se puso más loco y comenzó a gritar bien culero, te tardaste un chingo — reclamó el custodio

—Es que no me dejaron venir — respondió El Gato.

—Si vas andar en este bisne con Tito ten cuidado Gato, es muy ojete ese cabrón, no te vaya a dejar colgado — le sugirió el custodio.

—Nel no creo, pero gracias jefe, voy a ver si ya puedo traerme al loco — contestó el Gato.

XII

—Bueno pues aquí está tu lana mi Gato — comentó Tito.

—Que chingón— respondió el Gato comenzando a contar alegremente su lana ganada con el sudor de su frente.

—Oye Tito, esto no es lo que quedamos güey, faltan quinientos pesos — exclamó sorprendido El Gato.

—Pues de algo a nada — respondió sarcásticamente Tito.

—¿Cómo que de algo a nada? pinche Tito no mames, ¿para esto tanto puto desmadre? ¡casi me cachan con el pinche loco! — gritó El Gato.

—Pues así es esto mi chavo, yo tampoco creas que me gané mucho en este bisne, me descontaron porque la entregue tarde por tu culpa, te tardaste un chingo, así que lo tomas o lo dejas que también yo salí mordido — contestó Tito.

—Déjalo así carnal, pero eso no es de cabrones— comentó El Gato.

—Bueno mi hermano, en la otra ya me pongo a mano contigo, así que sin gemir.35 — afirmó Tito.

XIV.

Los días transcurrían como transcurre el tiempo para un pez en su pecera, la vida diaria era muy común, rutinaria, los cambios importantes estaban por llegar, era un jueves de visita…

—No podemos seguir dependiendo de tu hermano Gloria, la neta se pasa de lanza, sabe que necesito la mercancía, si no le compré la mercancía a él la vez pasada fue por que estuvo apandado otra vez y ya sabes cómo es, no deja que uno contacte directo a la gente de afuera — comentó El Gato.

—¿Estuvo apandado Tito otra vez? — preguntó Gloria

—Simón por eso les dije que no vinieran a la visita porque lo habían llevado a una consulta al Rubén me muero — contestó el Gato.

—Se me hizo raro, yo no te creí ¿porque no me dices la neta? ¿en qué chingaderas anda ese cabrón? — preguntó Gloria.

—Si fue cierto, si lo sacaron a consulta, yo dije a Tito que no diría nada pero como están las cosas te contaré cual fué el pedo, sólo te pido que no le digas nada a él y mucho menos a tus hermanas porque se van a sacar de pedo — contestó El Gato.

—Te prometo que no diré nada — contestó Gloria angustiada por su hermano.

—Pues mira, Tito hace un chingo de ejercicio eso ya lo sabes, la semana antepasada salió al gimnasio como todas las mañanas y pues lo cachó el rondín de custodios teniendo sexo con un morro del dormitorio cuatro, los agarraron en plena faena en la zona de los baños, los lunes casi nadie va, la onda es que como a Tito no le hacen nada porque saben que mueve vicio aquí dentro, empezaron a madrear al otro cabrón, Tito lo defendió, le dió en la madre a dos de los custodios, a uno le fracturó la mandíbula con una mancuerna por lo que pidieron refuerzos y les partieron el queso a Tito y al otro morro, Esteban se llama, ese güey no tiene mucho que llegó al dormitorio; los llevaron a los dos al hospital y después de que los trajeron los apandaron y según dicen les van a dar otro proceso por lesiones contra los ojetes de negro — comentó El Gato.

—No mames pinche Gato, ¿es neta lo que me estas contando? — cuestionó asombrada Gloria.

—Pues que te digo amor, si es neta, yo sabía que el Tito andaba con Esteban pero nunca dije nada, él sabe sus pedos, en lo que si no estoy de acuerdo es que les dieron en su madre bien culero a los dos y aparte los quemaron muy gacho con toda la banda, como si fueran los únicos que lo hacen, aquí esa madre es más normal de lo que te imaginas — comentó El Gato.

—Para mí que alguien lo puso y yo creo saber quién fué — afirmó el Gato.

—¡Tú no vayas a salir con tus pinches joterias Gato! — respondió Gloria.

—Nel, sabes que yo nadamas contigo o con manuela jejeje, pienso que quien lo puso fue una pinche vestida que corta el pelo aquí dentro, le dicen la Sherry — contestó El Gato.

—Vale madre — dijo Gloria.

—Pues que mal por mi hermano, ni para hacerla de pedo con estos culeros porque Tito tiene cola que le pisen, mejor no le movemos, por lo demás pues ni lo juzgo él sabrá qué onda con su vida, dile por favor que lo quiero ver — comentó Gloria.

—Parte del castigo es la suspensión de la visita familiar, siguen allá adentro, no están apandados pero los van a dejar allí en ese dormitorio, un rato sin salir, cada tercer día le paso algo de cosas para su aseo personal y de comer — contestó El Gato.

—¿Y ahora qué harás para conseguir mercancía con el Tito apandado?— preguntó Gloria

—Pues no sé la neta, los de aquí dentro no me van a surtir y tu hermano no afloja los contactos, la bronca es que pedí un anticipo, esa lana ya nos la chingamos, debo de entregar a más tardar la próxima semana otros diez kilos de coca y no sé cómo le voy hacer — comentó El Gato.

—¿Y sólo necesitas entregar cinco kilos? — preguntó tímidamente Gloria.

—Por ahora sí, me urge un kilo y medio, para el sábado, lo demás lo puedo ir entregando la siguiente semana — contestó El Gato.

—¿A quién se la piensas comprar si nadie está metiendo nada? — preguntó Gloria.

—Pues neta no sé, ya ni quiero pensar…— comentó El Gato.

—¿Y si la consigo por el barrio y la traigo? — sugirió Gloria.

—No mames, ¿crees que yo voy a quedarme tranquilo con que te empieces a meter en este desmadre? Si no querías que yo le entrara ¿y ahora tú dices que la traes?— preguntó el Gato.

—Pues no te queda de otra mi chavo, así que no te pongas de mamón, deja que yo me haga cargo de este pedo, mi hermano también me tiene hasta la madre y no soporto que te tenga como su pendejo, si yo puedo ayudarte no me cuesta nada hacerlo, sé que no es por la derecha lo que haces para ganar lana pero finalmente aquí no hay nada derecho, entre mejor te portas más culero te va, además tú nos has ayudado un chingo a mí y mis hermanas, nos das lana para la casa, pena le debería dar a mi hermano que mejor tu nos ayudas, bueno la verdad también te quiero un chingo y si tú me ayudas ¿por qué no te he de ayudar yo? — contestó Gloria.

—Mira Gloria, yo la verdad también te quiero mucho, un chingo y no quiero que tengas broncas por mi culpa, el día que yo salga de aquí quiero casarme contigo y quiero tener muchos niños, así que no quiero que te arriesgues — contestó el Gato.

—¡Ni madres!, yo también quiero algo chingon contigo y voy a ser solidaria, entre los dos sacamos la bronca y veras que todo saldrá bien… — afirmó Gloria.

XV.

—¿Y tú para que quieres droga? — preguntó el Adrian, primo de Gloria.

—Pues mi güey tiene una bronca allá adentro en el Reno, tiene que entregar mercancía y el ojete de mi hermano no quiere venderle, así que vengo a pedirte el paro, yo quedo en este bisne y no te quedamos mal primito ¿va?, en cuanto me den billete vengo y te pago — contestó Gloria.

—Está bien sé que tú eres derecha, por eso no hay problema, ¿cuánto necesitas? — preguntó Adrián.

—Pues tres kilos para empezar — contestó Gloria.

—Ya estás, mira esta es de la buena, te aseguro que no la han probado los putos de allá adentro — afirmó Adrián.

—Pues va mi chavo, muchas gracias de verdad — respondió Gloria.

XVI.

Gloria se iniciaba en el mundo de los burreros, sin miedo se formó como siempre para entrar a la visita.

—Pues lo prometido es deuda, ¡aquí está un paquete mi Gato! — afirmó Gloria.

—La neta mi chava no sé qué decirte, ¡eres una cabrona y por eso te quiero más! — contestó el Gato.

—¿Pero y como le hiciste con la revisión? — preguntó asombrado el Gato.

—Pues relax, como siempre, ni me revisan bien así que no hubo problema, una parte me la metí entre las piernas y la otra la traje en la comida, hay un custodio pendejo que me tira el perro y me deja pasar sin revisarme la comida — afirmó sonriendo Gloria.

—¡Perfecto, esto se pondrá bueno! — gritó el Gato

—¿Por qué? — preguntó Gloria.

—Pues porque le vamos a bajar el negocio al ojete de tu hermano — contestó emocionado el Gato.

—La entregas hoy Gato para que no tengas pedos — sugirió Gloria.

—Si claro, hoy mismo la muevo, tu hermanito se va a cagar cuando sepa que le estoy bajando a sus clientes, jejeje — comentó riendo el Gato.

—Pues sí pero tampoco pienses que esto lo vamos a hacer toda la vida, solo completamos el pedido y un par de kilitos más y allí muere, nos dedicamos a hacer otra cosa — afirmó Gloria.

—Pues igual, si — dijo el Gato.

—¿Oye Gloria y qué onda si te casas conmigo? — preguntó apenado el Gato.

—¿O sea que si es neta lo que me estás diciendo desde el otro día? — preguntó Gloria.

—¡Pues sí….! — contestó el Gato.

—No manches pinche Gato, ¿neta, neta? — volvió a preguntar Gloria.

—¡Que sí! ¿cómo quieres que te lo diga? — volvió a contestar el Gato.

—¡Pos si quiero! pero, ¿aquí dentro se puede? — cuestionó Gloria.

—¡Simón! habrá una campaña de matrimonios comunitarios para presos jajaja, podemos aprovechar, ¡mira vamos con la trabajadora social ella nos dirá que necesitamos hacer, ¿va? — sugirió el Gato.

—¡Va que va mi Gato! — gritó emocionada Gloria.

XVII

—Y bueno qué onda Gloria, ¿te latió la merca? — preguntó Adrián

—Si me dicen que salió muy buena, necesito más — afirmó Gloria.

—Pues tú dices cuanto y de una vez te la llevas — contestó Adrián.

XVIII.

—¿Qué onda mi gato, que milagro que vienes al gimnasio a jalar, si ni dinero para comer tenías y ahora hasta tienes tu negocio propio, no? — preguntó Tito, quien dos días antes había salido del dormitorio de castigo.

—Pues aquí mira, tuve que buscarle Tito no tuve de otra, nunca me diste los contactos para seguir surtiendo a tus clientes, la neta simplemente te hice caso, no quiero estar jodido de por vida — contestó seguro de sí el Gato.

—Pues te digo que te pasaste de verga, que esto no se va a quedar así, ya me enteré de que mi hermana anda bien entrada contigo, esa cabrona ya ni me busca, no sólo me bajaste a los clientes, me quemaste con mi familia, va a valer madre Gato, me caías a toda madre, pero eres un culero — afirmó encolerizado Tito.

—Las cosas no fueron así como las dices, Gloria intentó buscarte al igual que tus hermanas pero te quitaron las visitas por eso no han venido a verte, pero ultimadamente tus pinches amenazas me valen verga, así que hazle como quieras…— contestó el Gato.

—¿Muy chingón no?, vamos a ver si es cierto — contestó Tito.

XIX

En tanto Gloria continuaba con su labor de suministro los días de visita, ahora también venia los martes y jueves, además de los fines de semana.

—Listo aquí hay más mercancía y mis documentos para iniciar el trámite de la boda mi Gato — comentó Gloria.

—¡Qué chingón! ¿todo bien, no hubo pedo con los pinches custodios?— preguntó El Gato.

—Nel, pero fíjate que hay una vieja que creo también mete mercancía, no sé si me conoce o si se las huele que también vengo con droga, ya van tres veces que me la encuentro en la fila para la revisión, se me queda viendo bien madres y no sé qué cuchichea con la custodia de este turno — comentó Gloria.

—No les hagas caso son cosas de mujeres, lo bueno es que ya casi salimos del pedo para terminar el compromiso que tenemos — contestó El Gato.

—¿Si verdad? — respondió Gloria.

—Olvida eso, vamos a trabajo social para entregar todo lo que necesitamos — sugirió El Gato.

—Vamos Gato, ¿oye y cuando salgas a donde iremos de luna de miel? mínimo a Acapulco, ¿no? — agregó Gloria.

—¡Simón! Nos alcanza hasta para Cancún — respondió El Gato.

XX.

Tito ya se había quedado prácticamente sólo, buscó nuevo cantón porque El Gato se quedó como mamá de la estancia donde Tito reinaba, ahora era un mostro más.

Sus clientes le dieron la espalda porque El Gato traía mercancía de mejor calidad, más pura y por el mismo precio; su familia dejó de visitarlo por instrucciones de Gloria, si algo había en aquel momento era dinero para poder pasarla de lujo aquí, en prisión.

XXII.

—Bueno, pues creo que todo está listo ¿no licenciada? — preguntó El Gato

—Así es señor Juan Pablo, todo listo para que usted se case — contestó la trabajadora social.

—¿Y por qué se pone rojo? — cuestionó la licenciada.

—Pues es que allá con la banda nunca me dicen por mi nombre. Prefiero que me digan Gato — respondió apenado.

—¿Ni su novia le dice Juan Pablo? — cuestionó la trabajadora social.

—No — respondió el Gato.

—Pues muy mal hecho, porque ese es su verdadero nombre — contestó la trabajadora social.

—Pues es que siempre me han dicho así por el color de mis ojos y me gusta más Gato que mi nombre, parece de novela chafa jajajaja — exclamó el Gato.

—Pero bueno ya está todo listo, las bodas están programadas para dentro de ocho días —afirmó la trabajadora social

—¿O sea que cuanto tiempo me queda de soltero? — preguntó el Gato.

—Menos de una semana — contestó.

—Por cierto, necesito que me diga los nombres de las personas que serán sus invitados ese día, tiene derecho a que vengan dos personas, para autorizarlos y les permitan el acceso — comentó la trabajadora social.

—Mmmm me la puso buena, pues nadie — contestó el Gato.

—¿No tiene amigos o familia allá afuera? — preguntó la trabajadora social.

—No, sólo mi chavo el Toñito, que vive en mi estancia — contestó el Gato.

—Bueno pues si quiere llévelo, ahorita me dice su nombre completo y lo anotamos además con los invitados de su novia y los de todos los demás novios seremos bastantes en la celebración— comentó la trabajadora social.

—¿Cuántos nos vamos a casar licenciada? — preguntó el gato.

—Ciento cincuenta parejas — contestó la trabajadora social.

—¡Órale, somos un montón de mensos jajaja! — respondió el Gato.

—Bueno mejor ya me voy, la veo después y muchas gracias por todo — se despidió el Gato.

XXIII

El último día de visita previo a la boda Gloria llegó puntual a su cita.

—Aquí está el otro paquete Gato — comentó Gloria

—Chingón — contestó el Pato

—¿Oye y que tenemos que traer para la boda? — preguntó Gloria.

—Pues sólo la comida que cada familia va a necesitar para sus invitados— contestó el Gato.

—Está bien, mis hermanas van a traer la comida, yo creo mole con pollo y arroz, es lo típico de las bodas, ¿no? ¿está bien o quieres que traigan otra cosa? — cuestionó Gloria

—Si está bien, el pastel para toda la raza lo va a poner la institución y el padrino será el Director, ¿chale jajaja ese güey mi padrino? — dijo burlonamente el Gato.

—Uy no se vaya a quedar pobre la institución, con todo lo que se chingan — contestó Gloria.

—Oye hoy me avisaron que la noche de bodas ya quedó, nos van a regalar una noche en el edificio de la visita íntima a todos los que nos casemos ese día — afirmó el Gato.

—Pues creo que eso es de lo más chido de todo este borlote porque ya me cansé de los cabañazos, están muy incómodos — contestó Gloria.

—Jajajaja parece hotel ese lugar, se ve bien chingón — contestó el Gato.

—¿Oye y ese día traerás merca? — preguntó el Gato

—Si yo creo que sí — contestó Gloria.

En eso estaban cuando:

—¿Haz de estar muy emocionada no pendeja, de casarte con este pinche mugroso?— dijo el Tito.

—No vengas a joder Tito que te vale madre lo que yo haga con mi vida — contestó Gloria.

—Cálmate Tito, la cosa esta tranquila no vengas a chingar la madre —afirmó el Gato.

—Mira pendejo, tu mejor cállate porque ya te traigo y estas a punto de que te dé un buen piquete cabrón — contestó Tito

—Mira a mí me vale madre lo que hagas con tu vida, pero a los dos les digo que se pasaron de pendejos y de que me las pagan me las pagan —sentenció Tito.

—Pues a mí no me amenaces— replicó el Gato.

—Tú cállate pinche mugroso…— respondió Tito caminando hacia el kilómetro.

XXIV

Y como aquí en mi interior no hay fecha que no se cumpla, el día de la boda llegó…

—¡Chale Gato esa camisita y pantaloncito están chulos! ¿eh? — dijo el Toñito, chamaco del Gato.

—Si Toñito, están suaves, me los trajo Gloria — contestó el Gato mientras terminaba de peinarse.

—Simón, esa morra si te quiere, pues apúrate porque allá afuera en el patio de visita ya están las lonas puestas, las sillas, las mesas con los manteles blancos, el sonido y en medio hay un pastel bien grandote —dijo el Toñito.

—¿La vista todavía no llega verdad?— dijo el Gato.

—No todavía no, pero oye cabron, ¿qué se siente casarse?— pregunto el Toñito.

—Pues no sé explicarte bien, pero es algo muy chingón — contestó el Gato.

—Oye, ¿vamos a seguir con el bisne? — preguntó Toñito

—Sólo un rato más no quiero clavarme como el Tito — contestó el Gato.

—Ese güey está cabrón — replicó Toñito.

—Pero bueno, vámonos para el patio mi chavo, que la hora ya llegó… — dijo el Gato.

Gloria llegaba con sus hermanas y junto con las ciento cuarenta y nueve novias más que estaban listas para firmar su acta de matrimonio…desfilaban enfundadas en vestidos blancos por un pasillo de rejas.

—Te ves bien linda Gloria —dijo el Gato

—Pues tampoco tú no te ves nada mal gatito — afirmó Gloria.

—Chale me siento raro, ¡pero muy feliz! — comentó el Gato.

—Pues creo que ya llegó el juez porque viene con el director y las demás autoridades, dile a tus hermanas y al Toñito que ya se vengan — dijo el Gato.

—Mis hermanas están marcando la comida para que no se vayan a pasar de lanza, no se la vayan a robar— afirmó Gloria.

—Diles que no mamen si algo se respeta aquí adentro es a la familia y más cuando la banda se está casando — gritó el Gato.

—¡Bueno ya! — dijo Gloria.

El director del Reclusorio tomó la palabra y después de explicar el gusto que le daba que todos los que se casaban ese día decidieran formar una familia y ser hombres de bien, cedió la palabra al Juez del Registro Civil quien iniciaba la ceremonia recitando de memoria la Epístola de Melchor Ocampo, generando varias reacciones entre los presentes.

—¿Y ese güey que nos quiere dar a entender? — preguntó El Gato

—Pues no sé, no le entiendo casi nada de lo que dice, pero has como que sí — contestó Gloria.

Después de concluir su aburrido discurso, invitó a que todos los contrayentes pasarán a las mesas a firmar las actas de matrimonio.

—Firme aquí por favor —dijo el Juez.

—Si — contestó el Gato.

—No vayas a poner Gato ¿eh? —dijo Gloria.

—Nel, como crees — contestó apenado el Gato

—Y usted aquí por favor — dijo el Juez

—Si señor — dijo Gloria

—Somos un chingo, se ve chido ¿no?, bodas en el Reno — comentó el Gato

—¿Alguna vez imaginaste casarte en un reclusorio Gloria? — preguntó el Gato

—No pero tampoco me imagine encontrar el amor aquí y mira, ese entra por los ojos como dice el dicho pero uno se enamora de lo de adentro, de los sentimientos de la persona y tu Gato eres un güey bien chingón — afirmó Gloria.

El gato se quedó sin palabras, en eso les pidieron posar para la foto grupal con las autoridades, mostrando todos orgullosos su acta frente a la cámara.

—Pues ya me chingué —dijo el Gato.

—¿Cómo que ya te chingaste? — preguntó Elena la hermana de Gloria.

—Bueno es un decir, estoy cotorreando — contestó el Gato.

—Ya pinche Gato deja de estar de mamoncito — dijo Gloria.

Todos se movieron a sus mesas, donde estaban las cazuelas de comida y antes de que empezaran a servir la comida comenzó a sonar la primer rolita del evento, embrujo de amor con la orquesta canela.

Gloria sacó a bailar de inmediato al Gato y casi al instante, en automático, se encontraban trescientas almas bailando con pasión, celebrando el matrimonio canero, la vida y el futuro inciertos, pero juntos…

¡Arriba los novios! — gritaba la familia y la multitud de internos que no habían sido invitados pero que veían el evento desde las rejas del kilómetro.

La fiesta era un enorme jolgorio, como los que se hacen en la calle del barrio, cada familia convivía con las demás y el alcohol clandestino comenzó a correr, porque una boda sin alcohol no es boda, ¿no?

La vida para ellos era el momento, como suele ser la vida de aquellos que alimentan el alma día a día, la de aquellos que sólo brillan de noche, la de aquellos que rugen de ambivalente dolor y alegría tomando lo que llega a ellos sin cuestionamientos, por simple y humilde adhesión al mundo, la de aquellos que se transforman en cada idilio, la de aquellos que siembran movimiento sin tener conciencia de ello, aquellos que deciden morir viviendo…

XXV

—¡Órale mi Gato, la habitación está bien chida, huele bien bonito! — exclamó asombrada Gloria.

—Sí la mandé arreglar para hoy, espero que no sea la última que tengamos aquí, pero bueno mira, alquilé una tele, una grabadora para oír música, pusieron cortinas y te traje unas flores… — comentó sonrojado el Gato.

—¿Y por qué te pones rojo? — preguntó Gloria.

—¡Pues me da un poco de pena¡ — contestó el Gato

—¿No dices que pena es robar y que te cachen? — comentó sonriendo Gloria.

—Jejejejejeje ¿si verdad? — respondió el Gato.

El gato encendió la grabadora, comenzó a sonar Idilio de Willie Colón, apagó la luz y Gloria se dejó llevar.

XXVI

Después de la fiesta todo volvió a la normalidad, el Gato ya había cumplido con sus compromisos de mercancía pendientes de entregar pero intentaba meter un más para juntar más dinero y retirarse para no meterse en problemas junto con Gloria, pensaba buscar la salida de aquí, de la cárcel, por la derecha.

Era jueves y estaba ansioso.

—¿Y ahora por que estarán tardando tanto en revisar?, ¡hasta perros hay allí en la puerta! — preguntó Gloria a otra señora que se encontraba formada en la misma fila para ingresar al reclusorio.

—Pues no se hija pero dicen que hay operativo — contestó la señora de la fila.

—¿Pero que buscan aquí si ya saben que lo pesado entra por la aduana de vehículos? — contestó Gloria.

—Pues sí pero ya sabes que les encanta jugarle al pendejo, aquí nadamas vienen a joderle la vida a uno — contestó la señora

—Pues sí, se la maman — contestó Gloria visiblemente nerviosa.

—A ver a qué hora nos toca entrar, mi marido debe de estar encabronadísimo — comentó la señora de la fila.

XXVII.

Dos horas después de estar formadas, la fila comenzó a avanzar, el operativo parecía haber concluido.

Era el turno de Gloria para pasar a revisión de su persona y pertenencias.

—¡Quítate la blusa y los pantalones¡ — ordenó la custodia

—¿Usted es nueva, no la había visto? — preguntó Gloria intentando hacer la plática.

—Eso no te interesa hija, haz lo que te digo que todavía hay mucha gente formada— contestó la custodia.

—Pon las manos arriba recargadas en la pared y los pies separados — ordenó la custodia.

La custodia comenzó el cacheo y con la experiencia que le daban los años ordenó a Gloria se bajara las pantaletas porque notaba algo raro.

—Ni madres, seguro usted es una pinche lesbiana — exclamó nerviosa Gloria.

—Mira chamaca, mejor coopera porque si no lo haces tendré que pedir apoyo, además para que te haces pendeja, bien que sabes lo que traes —contestó intimidante la custodia.

—¡Yo no traigo nada, nunca me han revisado de forma tan humillante, conozco mis derechos y eso no está permitido! — exclamó Gloria asustada.

—Pero siempre hay una primera vez hija, así que como vas— ordenó la custodia.

En la fila la gente se encontraba cansada y sedienta, la revisión era más lenta que de costumbre.

—Compañera, tengo aquí una cabrona que no quiere que la revise, además viene muy nerviosa, ¿puedes venir a apoyar por favor? —comentó por radio la custodia.

El apoyo llegó:

—Por favor muchacha haga lo que se le dice, será rápido, si no trae nada, se irá inmediatamente — comentó el apoyo de la custodia.

A Gloria no le quedó de otra. El abismo le dio la bienvenida.

—¡No que no! — exclamó la custodia con el gozo y satisfacción de una cazadora que da el zarpazo a su presa.

—¡Si bien que te haces pendeja, se ve a leguas que vienes a traerles mierda a esta bola de culeros! lo único que quieren es usarte, ya te embarcaste hija, ahora tu estarás de beige y a ver si te echan un lazo, te van a dejar abandonada como a todas las demás, como a una perra con sarna — comentó la custodia.

—¡Por favor mire nos podemos arreglar, dígame cuanto quiere, no hay problema yo le doy lo que me pida, pero no me remita a Gobierno, quédese con la droga si quiere! — suplicaba angustiada Gloria.

—Mira hija ya no puedo darme ese lujo, ya estoy vieja y enferma sólo busco estar tranquila y conservar mi chamba, no me meto en broncas como los demás compañeros, así que yo sólo hago lo que me toca — contestó la custodia.

La custodia inmediatamente dió aviso a la jefatura de seguridad del reclusorio, quien dio parte al jurídico y a su vez al ministerio público.

XVIII.

El Gato fue llevado a Gobierno después de que Gloria fue forzada a decir en su declaración para quien era la droga, les iniciaron averiguación previa y prisión preventiva para Gloria, quien fue enviada al Reclusorio Femenil Norte, los meses pasaron y siguieron viéndose cada ocho días, pues un día a la semana llevaban a las internas al reclusorio varonil para visitar a sus esposos.

—Pues esa es mi historia, ¿cómo ves Sara? — comentó Gloria

—Pues cabrona, como todas las de nosotras pero pues así nos tocó, que le hacemos, ¿y si quieres al pinche Gato? —preguntó Sara compañera de estancia de Gloria.

—Si no te lo voy a negar, además, como no quererlo si los ojos de mi Pablito son igual de verdes que los de su padre — contestó Gloria mientras cargaba a su bebé.

—Pues sí, ni como negarlo, está bien lindo tu hijo — contestó Sara.

—¿Y tú carnal el Tito? —preguntó Sara.

—Ese cabrón fue el que me puso, él habló con las autoridades y dijo que yo metía la droga, ahora está recuperando su negocio, otra vez mueve mercancía, lo protege un comandante al que se anda cogiendo — comentó Gloria.

—Te voy a confesar algo Sara, desde que llegue a esta cárcel sentí que estaba enterrada viva, sólo cada ocho días que iba a la íntima con el Gato me sentía liberada de mis cadenas, mis hermanas dejaron de venir a vernos, pero ahora que nació mi bebé quiero salir de aquí lo antes posible, no quiero que crezca entre presos, en la cárcel, quiero que sea libre, como algún día lo fuimos su padre y yo…

1 Relativo a la cárcel, al encierro.

2 Se nombra Canadá o cana al Reclusorio, a la cárcel.

3 Forma de nombrar a la celda o estancia, con un sentido de pertenencia a un hogar o una casa.

4 Se escribe monstros pero en la deformación de la pronunciación lo llaman, mostro; se refiere a un interno que no cuenta con recursos económicos y hace las labores de lavar y planchar a los demás, entre otras, a cambio de que le den comida o protección.

5 Custodios.

6 Tontos, pendejos, torpes.

7 Cuartos clandestinos improvisados con cobijas y lazos en el patio de visita familiar que son rentado y vigilados por los mismos internos para que la población tenga relaciones sexuales con las visitas.

8 Droga conocida como crack, es de las más baratas y más consumidas en los Centros de Reclusión.

9 Alimentos proporcionados por la Institución.

10 Trastes o recipientes improvisados para guardar la comida.

11 Limpieza del dormitorio o estancia.

12 Compurgar sentencia completa.

13 Pase de lista que realiza seguridad y custodia.

14 Inflar es un castigo por no pagar el pase de liste, consiste en que el custodio le pegue en las mejillas al interno con el puño cerrado este golpe hace que se forme una herida interna.

15 Forma de decir “ no se la van a acabar”

16 Pasillo que comunica a los dormitorios con las diferentes áreas del penal, en donde los internos se instalan con puestos de comida, café, cigarros, dulces para ser consumidos por los mismos internos de los diferentes dormitorios; tipo tianguis.

17 Grupo de 4 o 5 custodios que no son asignados a un área específica del penal y que andan deambulando por las diferentes áreas del mismo para apoyar en situaciones de contingencia a los demás custodios de otras áreas.

18 Pedazo de manguera de plástico duro y resistente.

19 Área donde se concentran los comandantes del cuerpo de seguridad y custodia.

20 Así se llama al interno por traer color de ropa beige.

21 Consejo Técnico Interdisciplinario que evalúa, entre otras funciones, la dimensión de la falta disciplinaria e impone una sanción correctiva.

22 Piojos blancos, liendres o ladillas

23 Forma en como el interno llama al custodio, contracción de papá.

24 No meterse en problemas.

25 Trabajar para alguien, estar bajo las órdenes de alguien.

26 Negocio

27 Fácil, sencillo.

28 Punta de metal.

29 Ahorcar, suicidar.

30 Cobarde

31 Medicamento controlado, psiquiátrico.

32 Echar aguas.

33 Dinero

34 Persona que transporta droga.

35 Sin protestar, sin enojarse.

Eduardo Quiroz García

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