Fleuve_noir
Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Fleuve Noir o un río urbano muy obscuro en la ciudad luz

François Visconti es un decadente comandante (inspector) de la policía de París. Es alcohólico, fuma, vive solo divorciado y alejado de su único hijo, llega a ser violento en el uso del lenguaje cotidiano y en forma física en sus entrevistas y relaciones profesionales. Descuidado en su aspecto físico y vestimenta. Tiene bajo su responsabilidad el caso de un joven de 16 años, Dany, que ha desaparecido y otro, el personal: lo que parece cada día más evidente: su hijo se ha vuelto distribuidor de drogas en un bulevar.

Se trata de la película francesa Sin dejar huellas ( Fleuve Noir, Zonca, E: 2018), que llegó a México gracias a la programación del 22º tour de cine francés. Protagonizada por (un deteriorado) actor internacional Vincent Cassel que es un policía que cumple a cabalidad con el estereotipo largamente fabricado por el cine negro mundial, sin que sea excepción el francés: incisivo, desaliñado- con todo y gabardina compañera-, cínico, observador patológico, afecto a los amores clandestinos, armador de rompecabezas sobre las situaciones que hace y deshace con hipótesis, poco sutil, sin tacto, lleno de defectos y, por lo tanto, profundamente humano como el mundo que le toca vigilar.

Un contexto parisino lleno de violencia urbana; droga; seres extraños, problemas interraciales; familias ciegas, desintegradas o desquebrajadas; penetración del terrorismo en las escuelas; poca confianza en las instituciones y grabaciones de videos por todos lados. Seres aislados, evadidos o en fuga. Escritorios repletos de papeles que nadie lee, madres angustiadas, profesores que dan sus mejores clases en sótanos/bodegas/refugios/bibliotecas personales. Profesionales que toman alcohol todo el día, todos los días como combustible para funcionar. Ligues en bares, fracasados por frases hiperrealistas y desesperanzadores. Amores guardados en la memoria de una cumbia y una foto. Hijos que roban a sus padres. Padres no ejemplares o ausentes, poco comprensivos, asustados, incompetentes o intolerantes. El Visconti de este film es un animal que pasa casi desapercibido en un ecosistema urbano como este. Una selva negra y poco respirable en medio de la ciudad de ya no tanta luz.

Como en todo buen film de detectives, el comandante Visconti va desentrañando líneas de investigación, en el que para él los más próximos, familiares y vecinos, son los que tienen mayor probabilidad de estar implicados. Pero es ser humano que se implica con mucha facilidad y eso lo hace perder con facilidad los estribos. La pérdida de control hace que la jefa lo destituya del caso. En esta investigación van apareciendo, como una serendipia (hallazgos inesperados) sociológica, más que cabos sueltos, muestras de una sociedad, que tiene poca claridad de hacía donde se conduce en una ya larga noche sin luz.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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