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LA CLASE

Tema del mes

Jesús Caballero y Díaz


2019. Pálido Punto de Luz: a la vista ¡Primer centenario!

Pálido Punto de Luz es un producto académico de la Unidad 095 en Azcapotzalco, en la Ciudad de México de la Universidad Pedagógica Nacional cuya actividad trasciende su generosa docencia hasta los posgrados y la difusión de su cultura pedagógica y científico social. A esta institución le fue encargada una histórica actividad que quiero reconocer como fundamento y orientación de su función educadora, La Academia.

La academia ha sido y es una institución vital para la vida humana: su actividad encuentra, concentra, activa y difunde el poder de la conciencia humana en la excelencia de su docencia, la investigación y la difusión, sus actividades y sus productos se suman a otras experiencias sociales de la vida humana en territorios muy próximos, aunque a veces se expanden a veces en otros espacios y sobre todo en otros tiempo, muchas veces en favor de la humanidad, sin que falten usos que pervierten sus humanistas propósitos, No es un edén, pues fue hecha para enfrentar adversidades y crear nuevas posibilidades.

La academia es la vida universitaria productora de los conocimientos, de las experiencias y las intenciones de sociedades concretas, de grupos de profesores, de científicos, de difusores que quieren contribuir con su formación, su trabajo, su inteligencia, su voluntad y su moral en la construcción crítica y novedosa del saber, el hacer, el crear no solo de sus académicos, sino de su público, de sus ciudadanos, de sus profesionales, de sus políticos, de sus artistas, de sus colegas, de sus alumnos de su sociedad presente y pretendidamente de la construcción del futuro. No falta, sin embargo no han faltado orientaciones contrarias pues algunas instituciones académicas en algunos momentos conspiran con lo contrario, preservar un pasado dominante servicio de elites dirigentes.

La universidad lleva pomposa y graciosamente en los nombres de instituciones de las culturas de la antigüedad y de la edad media que definen su presencia cultural hasta nuestros tiempos:la Academia y la propia Universidad.

La primera, la Academia: fue una institución cuyo ejercicio social fue propuesto por Platón en Atenas para integrar a los filósofos, a los científicos con las nuevas generaciones de atenienses con el compromiso de superar la mercantilización sofística del debate, proponiéndose valores científicos, buscar la verdad en el saber y en el entender como responsabilidad del conocimiento y del discurso personal, social y político, urgente en la crisis de la democracia ateniense. Por su la publicación de esa actividad académica conocimos la vida cultural de ese tiempo, a sus protagonistas destacados, a su actividad intelectual, a su difusión literaria y política; su mejor alumno: Aristóteles egresó de la Academia con la singular conciencia de hacer algo más de lo aprendido y fundó otra institución de gran prestigio académico: El Liceo, el cual desarrolló nuevos sistemas de enseñanza, formalizó la lógica de la argumentación, describió científicamente la moral y la política de su tiempo e inició la concentración de los estudios literarios y científicos con el trabajo de sus estudiantes, actividad tan ambiciosa que quiso abarcar a toda la cultura de su tiempo, en griego: la Enciclopedia, tarea en la que su supremo alumno: Alejandro de Macedonia fue valorada y que aún en su corta vida impulsó a sus sucesores para el apoyo a la actividad académica y la enciclopédica, sus sucesores y sus contemporáneos sostuvieron instituciones que crearon la etapa de la cultura helenística heredera de las funciones de Academia platónica que duraron hasta destrucción romana de Atenas, las otras expresiones de esa vida académica fueron la Biblioteca y el Museo de Alejandría destruidos posteriormente por el fanatismo del cristianismo primitivo, en el cual fue bárbaramente asesinada la primera gran científica de su tiempo: Hipatia de Alejandría.

Como advierto la actividad académica, a pesar de sus grandes contribuciones, también ha padecido desde la antigüedad la devaluación de sus aportaciones culturales, sin embargo los académicos reconocidos por los dirigentes del estado romano contribuyeron al desarrollo de la cultura superior latina con lo que hubieron estudiosos que rescataron la obra de los griegos y macedonios y la continuaron, de hecho crearon las humanidades como contenido académico que rescató los valores sociales de las instituciones romanas: la república, el senado, el tribuno popular, el derecho romano, la historia comparada, sin faltar la noción del imperio de enorme influencia en la vida política internacional hasta nuestro tiempo.

De la Edad Media rescato que los dirigentes regionales de la iglesia romana-los obispos- fundaron colegios de estudios preparatorios en la formación de sacerdotes, para esa docencia compilaron colecciones de obras escritas grecolatinas, descubriendo y dando a conocer la obra cultural ateniense y romana consideradas posteriormente como las humanidades: un tesoro que contribuyó tanto a su tarea educadora como a su desarrollo cultural y político; hubieron grandes bibliotecas que acumularon escrituras en latín, griego, hebreo, árabe, incluso literaturas asiáticas y procuraron su preservación, su nueva escritura, el estudio de sus contenidos y el empleo en su docencia, crearon el concepto de Escuela: una institución de docencia, de investigación, aunque de escasa difusión y esto por motivos políticos de conservación del poder sobre la sociedad.

De la escuela medieval conocemos el escolasticismo que designó toda la cultura académica de esos tiempos: escolástica fue su organización “escolar”, escolásticos fueron sus docentes y sobre todo sus alumnos, escolásticos fueron sus procedimientos de enseñanza y aprendizaje, escolásticos también sus procedimientos de titulación y sus documentos, incluso así denominaban su régimen institucional ,escolástica fue su gestión académica y su dirección: escolástico también el concejo que gobernó la escuela y lo escolar integrado por un grupo de docentes elegido por sus colegas quienes integraron el Claustro. Es de tal modo importante la tradición escolástica que hasta la fecha no dejan de dirigir y formalizar las actividades de enseñanza, de aprendizaje, de estudio y de investigación.

La burguesía naciente en la Alta Edad Media se educó en esta actividad escolástica inicialmente, luego, con el tiempo, la fueron reorientando, laicizándola en su nuevo beneficio, lo cual contribuyó al Renacimiento humanista y cultural a partir del siglo XIV, sirviendo a la nueva vida de las ciudades y empresas burguesas, incluso a la formación de cuadros par los gobiernos de los nuevos estados fuertes europeos, desde el interior de la iglesia los docentes formaron nuevos grupos de profesores distinguidos con nuevos y laicos intereses, quienes al principio se agruparon gremialmente y se denominaron: Universidad, como otros gremios, aireando la actividad escolástica y añadiendo a los estudios religiosos una mayor atención incluso crearon la facultad de las artes liberales añadiendo a las funciones clásicas de Gramática, Retórica y Dialéctica la Educación Musical (disciplinas académicas inspiradas en las presididas en la última antigüedad por las Musas griegas: desde los estudios literarios hasta los científicos y matemáticos). La nueva vida burguesa creó una enorme revolución cultural con la creación de la imprenta, un fabuloso negocio que procuro publicar los libros atesorados por los religiosos poniéndolos al servicio de las nuevas clientelas burguesas, así que sus negocios, sus ambiciones y su posibilidades reorientaron la vida escolástica llevándola a la difusión de toda la cultura acumulada a su lectura, su estudio y su nueva aplicación en la vida civil, ciudadana y mercantil.

La nueva universidad no abandonó la formalidad escolástica, solo que la orientó hacia la vida de las ciudades, de sus libres ciudadanos, de sus autonomías gubernamentales y sobre todo a las nuevas vocaciones literarias y científicas de las nuevas generaciones que compitieron con los artistas y los poetas el redescubrimiento del hombre como sujeto protagonista de su propia historia, se vivió el Humanismo renacentista, un movimiento histórico creador y constructor de las nuevas formas de la cultura, del libre pensamiento y de la libertad académica y profesional. Un renacimiento de la actividad humana que en la antigüedad creó la cultura clásica recuperada por sus nuevos protagonistas desenterrada, desempolvada y llevada finalmente a a toda la sociedad. la difusión fue la nueva actividad académica que dio nueva y más amplia vida a la filosofía, la literatura, al teatro, las ciencias físicas, la historia, incluso a los nuevos ensayos éticos y políticos, antes exclusiva de la academia escolástica.

El siglo XVIII fue el tiempo en que los científicos liberados: licenciados de la academia descubrieron las posibilidades individuales del hacer científico, roto el paradigma de la centralidad dela tierra, la astronomía avanzó no solo en el estudio del funcionamiento del sistema solar, se descubrió matemáticamente a la gravedad astronómica y la terrestre resultando a veces que los estudiosos en sus respectivos países estudiando los mismos objetos llegaban a semejantes conclusiones, aunque incluso en las discrepancias se aceptaban los debates y las comprobaciones. Para ese tiempo ya no solo se firmaban las obras de arte literario, pictórico, escultórico o arquitectónico, también los descubrimientos científicos eran defendidos como derecho de autor, expresión del individualismo nacido en el renacimiento.

Los estudiosos vivieron relaciones internacionales, su circulación provocó mayores ejercicios de comprobación, de descubrimiento de nuevas cantidades, calidades y especiales de esos objetos de estudio, aparecieron publicaciones personales de esos ensayos, incluso de algunas inserciones periodísticas, las clases burguesas compartían con la nobleza el disfrute de esos conocimientos, los científicos lograron espacio en la vida de los reyes y de los grandes burgueses; con el avance de las matemáticas, los economistas contribuyeron a mejorar o a no empeorar los regios gobiernos y las empresas particulares. El arte y la ciencia pasaron de la academia escolar a la vida civil de ciudades, reinos e imperios. la Ilustración llegó a los gobiernos despóticos y se reconoció al siglo XVIII como la era del despotismo ilustrado, ejemplo clásico, la Casa de los Borbón en Francia, España e Italia.

El capitalismo desde el siglo XIX se adueñó de la educación universitaria, al descubrir que la academia contribuía a mejorar los medios de explotación de la riqueza, las universidades laicas tuvieron financiamientos para sus investigaciones, sus graduados buscaban los apoyos burgueses o aristocráticos para ellas, sus trabajos eran a veces reconocidos en su derecho de autor y obligaban a los usuarios a pagar los derechos de uso, aplicación y explotación, lo cual definió en la Revolución Industrial a la guerra de las patentes, transitando la actividad académica del trabajo científico hacia la aclaración de la originalidad de un descubrimiento, de su publicación, incluso de su autoría: el conocimiento académico científico adquirió la categoría legal de mercancía.

En México tras la liquidación del Imperio y el triunfo de la República apareció la enseñanza científica desde la primaria creándose la Escuela Nacional Preparatoria hasta las nuevas licenciaturas de las Escuelas Nacionales de Derecho, Medicina, Ingeniería y Arquitectura con la condición de que sus planes de estudio estuvieran al tanto de la investigación europea que consagraba sus resultados como leyes supremas inobjetables para sus estudiantes y profesionales, eso fue el contenido de la importación del positivismo de Augusto Comte, que incluso llegó a la formación de profesores y la escuela pública primaria y secundaria.

Justo Sierra al fundar la Universidad Nacional de México contrarió la academia positivista y propuso que la institución se reconociera al servicio del conocimiento científico de los problemas y necesidades nacionales, creando incluso la Escuela de Altos Estudios para la la formación de investigadores.

La revolución mexicana se inició con la revolución anti positivista del Ateneo de la Juventud patrocinado por Justo Sierra, cuya generación tras la guerra civil orientó su actividad académica universitaria hacia la difusión de sus saberes entre los públicos analfabetas de la ciudad de México con tal éxito que animó a José Vasconcelos a crear una nueva institución, La Secretaria de Educación Pública a cargo del gobierno federal.

La universidad sostuvo sin embargo el esquema positivista en las escuelas y facultades, incluso en la Escuela Nacional Preparatoria, a partir de los años sesenta nuevas corrientes democratizadoras y constructivistas encontraron caminos interdisciplinarios y nuevos horizontes de la investigación aunque con escaso apoyo financiero del estado y los particulares con lo que el servicio se redujo a una reproducción, tras la expropiación petrolera, se crearon nuevas instituciones de educación media y superior destinadas al desarrollo científico y tecnológico que rápidamente llegaron a los estados, en el Instituto Politécnico Nacional aparecieron espacios académicos dedicados a la investigación , con ello presupuestos federales para su apoyo, siempre escasos e inoportunos.

La Universidad Pedagógica Nacional fue la propuesta para una nueva formación académica de sus profesores de educación básica, la cual se le reconocieron las funciones de docencia, investigación y difusión, la universidad tiene presencia nacional con más de 70 unidades y ya innumerables subsedes en el país; a pesar de cambios políticos que parecieron conspirar contra su existencia, una descentralización parcial, dotó de autoridad académica a las unidades para la presencia de nuevas licenciaturas, otros servicios de posgrados y alguna posibilidad de investigación, su personal académico se ha superado y trabaja creativamente en la adopción y creación de nuevas licenciaturas y servicios de posgrado, sin recursos financieros la investigación es producto de los trabajos de titulación que podría ser mejor difundidos.

Hoy que la revista Pálido Punto de Luz y su gran equipo de colaboradores cumplimos cien meses, cien números, cien publicaciones mensuales de mensajes universitarios que trascienden a la vida de nuestra Universidad Pedagógica Nacional revela el poder académico del, personal de la Unidad 095, finalmente en su inicial destino de Azcapotzalco, y que gracias al nuevo poder mundial de las redes internacionales de comunicación, llega sin exageración a todo el mundo, la revista es la más reciente muestra del poder de la vida académica universitaria de los normalistas, de los educadores que revalidan los valores universales de las verdad científica, de la investigación, del debate, de la dialéctica, de la construcción de nuevos espacios educativos y culturales y el cultivo de más amplios públicos para su producción intelectual y profesional.

Y Pálido Punto de Luz, nuestra revista, refleja en la diversidad y profundidad de sus contenidos que sus intereses no son no solo locales, tepanecas, universitarios, pedagógicos, mexicanos, sino como Sagan propone que el planeta tan pequeño es parte del enorme conjunto universal, así de grande es la importancia que los revisteros también sin impertinencia quieren corresponder e invitar a su lectores a encontrar nuevos niveles preocupación cultural y científica para una superación personal profesional y cultural.

Pálido Punto de Luz es la revista cultivada por los profesores de la Maestría en Educación Ambiental, ejercicio académico destinado a establecer una concepción institucional de un servicio de educación profesional destinado a ser parte importante de la educación de todas las personas, no solo de los mexicanos, sino ambicionamos de todo el mundo: una oportunidad de descubrirnos como responsables de nuestro destino y del destino de la vida en el planeta, así que la revista abre sus espacios a los asuntos espirituales, morales, artísticos, políticos, científicos y pedagógicos manifestados en las artes literarias desde el ensayo didáctico hasta la provocación filosófica de encontrarle: “las mangas al chaleco” en el leguaje marxiano de no conformarnos con describir al mundo, sino de transformarlo. Y ¿cómo? entendemos pasar del positivista pronóstico de la tragedia humana, o del destino manifiesto de su liquidación al constructivo encuentro de la utopía de su salvación proponiéndonos una ucronía, de la que llevamos ya una centenaria temporada de publicaciones.

Mis amigos normalistas y universitarios que permanecieron en la Universidad desde su fundación hasta el presente momento han mostrado que son dignos de esta casa de estudios, han sabido aumentar su capital académico, no solo posgraduándose, sino desarrollando su cultura personal, además creando nuevos servicios educativos, de mayor compromiso pedagógico, científico y cultural, disfrutan de toda las dimensiones de sus proyectos, los cuidan con esmero, los pulen para siguientes batallas, pues lo propuesto no es para reproducir lo conocido sino para acceder a lo nuevo, a lo desconocido, a lo necesario y también a lo impensable y no dudo de que hasta lo prodigioso ya que prodigioso proviene de prodigio, de pródigo y también de propicio.

Un día en el no remoto siglo pasado ( a finales del 1991 en Oaxtepec, Estado de Morelos)dos generaciones de normalistas se descubrieron al simpáticamente identificarse compartiendo una aventura de educación ambiental: Rafael Tonatiuh Ramírez y Jesús Caballero cada uno desde distintos puntos del horizonte cultural: yo al hallazgo de uno de los mejores seres humanos que he conocido: Rafael Tonatiuh, él al encuentro de un viejo amigo de su padre, por mi parte al normalista universitario que aceptó en las nuevas dimensiones de su compromiso académico mi postrera participación de la vida universitaria con la que me incorporé al equipo de Pálido Punto de Luz.

Cien números se cumplen hoy de ese reencuentro, para mi saludable por pasar de mi vagancia por diferentes paisajes académicos a la concentrada circunstancia del encuentro en esta minúscula esfera que es nuestro espacio-tiempo. Más de cien ocasiones de hacerme presente y bondadosamente aceptado en esta maravillosa comunidad.

Con ustedes encontré fraternos colegas con quienes transitar por estos vericuetos, en estos nuevos tiempos, me pusieron al día su amistad y su simpatía, gracias por compartirla queridos amigos: Rafael, Armando, Alfredo, Osvaldo, Rubén, ustedes en primer lugar y ¡claro que sí! Gracias también a toda la tripulación de nuestra cósmica nave bautizada y reconocida mundialmente como Pálido Punto de Luz.

Jesús Caballero y Díaz

Pueblo de la Candelaria, Coyoacán

Ciudad de México a 13 de diciembre del 2018.

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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