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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Jimena Horta Ballesteros


Roma, en Madrid y en el corazón

Y el día tan esperado llegó. Mi primera vez en un cine en Madrid viendo Roma. La sala estaba llena, era una sala muy pequeña, quizás aquella noche éramos cien personas viendo al mismo tiempo esta obra de arte.

Y comenzó. Comenzó seduciéndonos de formas muy suaves y tiernas, Roma te lleva a las entrañas de manera muy gradual, lenta, con una sutileza de admirarse. Te permite empatizar con sus personajes tan complejos y tan humanos a la vez.

De pronto, la película se convierte en una ola gigante que te asusta, te hace temblar y te derrumba. De alguna manera, la película te desarma. Te entra hasta lo más profundo.

A partir de la mitad de la película, pasé el resto del tiempo en llanto, sin poder parar. Fue una completa catarsis. Las manos me sudaban, me daban ganas de arrancarme la ropa. Quería estar desnuda. No aguantaba el calor interno en la medida en la que avanzaba la película. En un momento, mi novio me pregunta si estoy bien. Me pregunta si me quiero ir, si lo que me está pasando es un ataque de ansiedad. Sí, era un ataque de ansiedad. Y entonces comencé a comprender muchas cosas. Lloraba porque a través de la película yo comenzaba a comprender muchas cosas de mí misma, de mis experiencias de vida, mis miedos, mis angustias, mi propio dolor. El dolor que compartimos Alfonso Cuarón y yo, y tú.

Esta película supone el comienzo de una reconciliación entre nosotros como mexicanos, entre indígenas y mestizos, entre clasemedieros y la clase baja, entre mujeres y hombres, entre mexicanos morenos y blancos. Es el inicio de comenzar a comprender quiénes somos y por qué lo somos, salir de nuestra burbuja, contactar con esa realidad tan dura que nos cuesta enfrentar, pero que es ridículamente necesario comenzar a palpar. Es el inicio de comenzar a entender por qué como sociedad mexicana tenemos los problemas que tenemos, y a partir de ahí, comenzar a ser más humanos para que esta realidad tan agridulce, por fin cambie.

Termina la película. Mi novio me cuenta que al acabar, comienza a notar que la gente a mi alrededor empieza a buscarme con la mirada, querían saber quién era la mujer tan rota. Claro, se daban cuenta que se trataba de una mexicana.

Esta película es una lección para el cine mexicano. Es una poesía visual que nos enseña que el arte sirve para que nos volvamos uno mismo y que a partir de ahí, los cambios empiecen a suceder. En uno mismo. Poco a poco.

Roma te derrumba con una fuerza inesperada, como la del mar, hasta que finalmente te arrastra y te deja en la orilla del mar, a salvo, con una pizca de esperanza.

Jimena Horta Ballesteros

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