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Tarea

Cuentos en el muro

Martín Luis Pons


Estoy vivo, es lo que cuenta.

Despertar si, en medio de la noche a un silencio abrumador era lo que más pesaba al hombre. Ni viejo ni joven, con años en el rostro sabía que pasar la noche era difícil, pero más si estaba despierto. “Estoy vivo, es lo que cuenta” se decía, y se rascaba el brazo como para confirmar lo dicho; se levanta y mira la bruma nocturna, mezcla de humos, gases y demás ejemplos de los avances de la humanidad, que entraban por cualquier resquicio a habitar por siempre las cosas, la gente; “como llegamos a esto?” decía para sus adentros, mientras tomaba sus ropas o lo que quedaba de ellas para prepararse y salir a lo que fuera que hubiera allá, en la bruma.

El sonido de cada paso era amortiguado por el chapoteo de una mezcla de vaya usted a saber que, alguna vez tierra, ahora estéril y húmeda; “estoy vivo, es lo que cuenta”, pensaba, y volteaba a ver los vitrales iluminados de una tienda, que hoy, vendía los productos más artificiales que se pudieran crear; “claro que alimentaban”, pensó el hombre, dudando si estaba convencido o quería disimular para si la depredación ambiental causada por los monoproductos, que, elaborados con materias primas que solamente un Dios de las cosechas romano o una deidad céltica se hubiera atrevido a tocar, a ver, a consumir; “consumir” susurro el hombre, con los ojos entrecerrados y la boca seca de sed de ¿agua? “de vergüenza” pensó.

Llego a lo que una vez había sido un parque, un lugar de convivencia, de personas… ahora, solo veía sombras pasar y seguir de largo, sin voltear siquiera a la puerta desvencijada que era preludio del abandono del lugar, “pasan sin ver” recordó la frase de un juego, en sus autos impecables, caminando como si la vida se les escapara de las manos, había que apurarse, a llegar a trabajar para, para… “Consumir”… la palabra le pesaba en la cabeza, era como escuchar el paso de las máquinas que lenta e inexorablemente arrancaban lo no hecho para “consumir” que quitaron la diversidad, los colores, las ideas; “estoy vivo es lo que cuenta”, se sentó en esa banca fría junto a un árbol, de madrugada, “amigo” pensó, ese árbol que aún de pie en medio de la gris realidad, se resistía a sucumbir al peso de los humos, de la ausencia. Vio una silueta pequeña acercarse e instintivamente saco la lata de “monoproductos” para su cánido amigo…”claro que alimentaban”, ¿pero qué? mientras se escuchaba la lata siendo empujada por todo el piso por una nariz hambrienta.

Sacó el libro y empezó más que a leer, adivinar lo que decía, porque para él un libro era el mundo, era tener tiempo, era escuchar esa voz amiga que le decía cosas, nuevas y fascinantes, “¿Qué haces?” soltó el libro por la sorpresa, y con ojos que querían ver entre las sombras vio esa figura pequeña, escuálida, que lo veía, lo atravesaba con los ojos; Levanto el libro y con una voz baja se dijo más para si que para la niña: “estoy leyendo” mientras esos ojos pequeños ya estaban a su lado sentados y viendo… “que hacen esas personas del libro?” cuestiono la figurita, y el hombre le dijo “están de fiesta, es una historia de personas de un pueblo” …”y ahí” dijo la niña, “¿por qué se ayudan?”, “si, pensó, ¿por qué?” la niña veía las imágenes y el texto como si supiera leer, “el perro es mío” dijo con esa idea infantil de tener, “el me cuida y yo lo cuido”; no supo el hombre si lo acabo de leer o si oyó la voz de la niña, pero era cierto…”el me cuida y yo lo cuido” que diferencia del consumo egoísta e hipnótico, depredador de todo lo que existía…, sonrío y le dijo, “el árbol es mi amigo, yo lo cuido y el me cuida de muchas maneras, que un día entenderás”, volteando a ver a la pequeña pero ella ya iba lejos, con su perro amigo, y él entendió que estar vivo no solo era lo que contaba sino que hacer con cada momento de vida; “una pequeña educadora ambiental” pensó para sus adentros y con los primeros rayos del sol, estaba limpiando la tierra, y sonrió con esperanza.

Martín Luis Pons

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