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Deserciones

Lo ético, lo estético y lo patético del Sistema Educativo Nacional

Alfredo Villegas Ortega


El desastre educativo. Algunos ejemplos y experiencias.

Nos pasamos seis años en la incertidumbre laboral y en el desatino educativo. Una falta de un verdadero proyecto educativo. México ha cambiado sustancialmente su filosofía de la educación sustentada en la posibilidad de integrar socialmente a su población a través de la educación hasta convertirla en un insumo al servicio de la oligarquía. No quiere decir que antes nos hubiéramos convertido en potencia ni que la educación haya sido la llave de cambio como debiera ser.

Justo, bajo la premisa de que había que avanzar y que la educación tendría que ser el motor que impulsara a México hacia el primer mundo, fue que los últimos tres sexenios, la ruta se perdió, impulsando cambios orientados a desacreditar al magisterio, minar su estabilidad laboral y establecer modelos educativos ajenos a las necesidades reales del país y muy endebles en su fundamentación teórico – pedagógica.

La educación, como todas las decisiones estratégicas se han supeditado a los dictados del FMI, la OCDE y de los empresarios nacionales y el capital extranjero. Un país secuestrado, cuya educación es solo la correa de transmisión de intereses superiores y ajenos a la mayoría de la población.

Particularmente, en el sexenio de Peña Nieto que termina, se estableció un Pacto por México en el que vergonzosamente el PRD se sumó a otros y al PRI mismo para comprometer, entre otras cuestiones nodales, cambios a la educación de México.

Ese Pacto por México, en el terreno de la educación, significó el establecimiento de una reforma laboral que designaron educativa en la que desaparecían conquistas históricas y derechos laborales del magisterio. Convirtiéndolos en profesionales de excepción, por cuanto a ser los únicos del sector público que tendrían que someterse a una evaluación permanente. Algo que no ocurre con otros profesionales. Si la evaluación misma ya era de por sí aberrante, más lo es si se considera que no era, nunca, una auténtica evaluación, que ponderara los diferentes aspectos que conciernen a la tarea de maestros y maestras. Un examen estandarizado, fuera de contexto, ajeno a los contenidos, lejano a los verdaderos intereses de la educación. Si la educación ha de transformar, una evaluación del hecho educativo debiera empezar por preguntarse para qué se ha de hacer.

Más aún, la evaluación careció de una base diagnóstica adecuada y, simplemente, se determinó que el problema del retraso educativo estaba en los maestros. Nunca mostraron una evidencia del porqué de ese sustento. Nunca escucharon las múltiples voces calificadas de los docentes ni de expertos en el terreno educativo. No. Se trataba echar a andar una estrategia para descalificar el trabajo docente, justificar la reforma, abrir las puertas a organizaciones como Mexicanos Primero para que se erigieran en los redentores de la educación, cuando sus intereses y conocimientos, si acaso, están en el terreno mercantil. A eso se quiso reducir la educación, a eso la redujeron, a una mercancía que se oferta en el mercado como si fuera una pasta de dientes.

La resistencia magisterial no se hizo esperar. Por todas partes el magisterio demandaba que se abrogara la reforma y que se restituyeran sus derechos. Los resultados están a la vista de todos. Numerosos maestros despedidos injustamente, una reforma que nunca sirvió de nada, unos resultados educativos cada vez más desastrosos y una cobarde justificación final de sus impulsores echándose la bolita de las responsabilidades.

Hay que recordar que uno de los primeros reclamos de los maestros fue el de la ausencia de elementos pedagógicos de la reforma y su carácter laboral – punitivo. El gobierno se sacó de la manga un Modelo Educativo para tapar esa deficiencia, mostrando dos cosas: una, que en efecto, faltaba el elemento primordial; y la otra, que esa propuesta tampoco era la adecuada pues en lugar de subsanar problemas de los programas anteriores, simplemente se limaban, se reducían y degradaban los contenidos con las graves consecuencias que de ello se derivan.

La anarquía educativa en la educación básica es algo que nunca había observado en mi larga experiencia profesional. Reducción de horas en asignaturas importantes en secundarias, desaparición de talleres para dar paso a unos clubes que no tienen pie ni sustento. El mundo al revés. En lugar de investigación se utilizan las ocurrencias. La educación, pues, en crisis.

Respecto a la educación Normal se impusieron nuevos modelos, y se implementaron mallas curriculares. Se hicieron una serie de reuniones nacionales para legitimar la imposición. ¿Por qué digo que fueron una farsa? Recupero la experiencia particular para el caso de Formación Cívica y Ética. Me designaron para asistir a una reunión en Ciudad de México, con un grupo de “expertas” de la que derivó una conversación académica vía internet. Posterior a ello, se haría una reunión en San Luis Potosí, misma a la que asistiría. En el transcurso de las conversaciones interactivas por internet, prácticamente todas mis sugerencias fueron desechadas por la Doctora Gladis Añorve, asesora de Rodolfo Tuirán, subsecretario de Educación Superior. El resultado fue que dos días antes de la salida a San Luis, fui, literalmente, bajado del avión.

Eso muestra su incapacidad de apertura a la crítica. Simplemente les señalé algunas lagunas en términos de la Formación que deberían de recibir los alumnos de la licenciatura, misma que, a esas alturas, a escasos meses de implementarla y de concluir el sexenio, no sabían si seguiría llamándose Formación Cívica y Ética o Formación Ética y Ciudadana: “Aún no lo define el Subsecretario” (sic). Lo que pudiera parecer una simple denominación, pero que implica diferencias sustanciales entre una y otra. Sin tomar partido por alguna de ellas, ni descalificar a la eventual nueva denominación, propuesta y cambios curriculares, lo relevante del caso es la premura que tenían por sacar adelante el Nuevo Modelo para las Normales. Prácticamente sobre las rodillas se hizo eso y, mi exclusión, por incómodo, muestra el ‘grado de representatividad y pluralidad’ con que se llevaron a cabo las reuniones, mismas que, es justo decirlo, significaron un gasto considerable para la SEP. El ‘grupo de expertas’ no provenía de alguna institución solvente, reconocida, “porque cuando fuimos a la UNAM y a la UPN no pudimos comprometer a sus investigadores fulano y mengano”. Les dije que no se trataba de tocar puertas sino de haber hecho una real convocatoria, establecer los mecanismos de selección para asistir a esos encuentros y evitar los dedazos institucionales, que regularmente derivan en mandar a gente obediente y funcional, más allá de sus capacidades.

Así pues, con sólo una pequeña descripción de lo que ocurre en las secundarias y en las Normales, podemos entender por qué los pésimos resultados, por qué la inconformidad de los maestros, por qué la insistencia a ser tomados en cuenta. La educación, la niñez que siempre dice la autoridad anteponer a cualquier cosa, debieran ser, en efecto y no de discurso, la plataforma para recuperar la ruta o para abrirla por primera vez.

El gobierno entrante, encumbrado por más de 30 millones votos, tiene ante sí el gran desafío. Estaremos atentos a las medidas que vaya tomando. Ojalá y sean acertadas para el bien de la niñez, el magisterio y la salud republicana.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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