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Orientación educativa

Educación Ambiental: Entre la vida y la locura



Historias de una imagen

La frase: “Una imagen vale más que mil palabras”, cobra otro significado cuando la materializamos en una dirección distinta, es decir cuando a la imagen la podemos describir con la palabra… con las letras, así: “Una imagen es también mil palabras”, y eso es precisamente el fin de las siguientes líneas; expresar el sentir, la imaginación, los anhelos y deseos de un grupo de estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) en el curso: Cultura Científica y Humanística I (Agosto-Diciembre, 2018), quienes tuvieron ante sus ojos la imagen aquí presentada.

La pretensión de su socialización en Pálido.deluz tiene una gran dosis de sencillez, simplemente compartir con “otros”, ideas, opiniones e interpretaciones de los hechos y las imágenes que a diario circulan y suceden en diferentes puntos del planeta, las cuales pueden ser cotidianas para algunos y lejanos para otros, pero que, sin duda, pueden enriquecer nuestras formas de visualizarnos, de percibirnos, y por qué no… de indignarnos del sufrimiento humano, de la barbarie natural y de la lacerante pobreza, que lamentablemente cubre con su manto a millones de seres humanos en este planeta.

En espera de seguir incrementando las lecturas del mundo, de las cosas y de todo lo que nos acontece a los seres humanos, compartimos este trabajo, con el único afán de mostrar una visión de las cosas, otra más, para que el lector juzgue el cometido y el resultado del mismo.

El orden de presentación no guarda ningún nivel de importancia o significatividad en los escritos, de ahí que se optó por el orden alfabético y se respetó la forma y estilo que cada quien le imprimió a su trabajo.

Miguel Ángel Arias Ortega

Manos cuarteadas

Alam González Huerta

La flor no se marchitaba, ahí estaba entre mis manos, estática, de vivos colores. El polvo se mudaba de ella a mi rostro cada que el viento le devolvía la vida a la costa. Los hombres que me rodeaban sentían fascinación por esa pequeña postal, no podían creer que del otro lado del mundo, las personas tuvieran por un tiempo una flor que se alimentaba del agua cristalina dentro de una botella y que además recibieran el rocío artificial de nuestras manos por las mañanas.

Minutos antes de zarpar todos pedían tocar el pequeño pedazo de papel; sus ojos recuperaban cierto brillo después de admirar esos colores que cualquiera podía llevar en los bolsillos. El sol en su máximo esplendor, acariciaba las cabezas de los hombres y las llenaba de tibio sudor. Una soga gruesa dejaba arena en las manos oscuras de los tripulantes; el amarillo de la arena, el amarillo de la soga, el café de la leña, probablemente los últimos contrastes de estos colores que verían en días. El ardor que sentía en mis rodillas ya ensangrentadas, por la resequedad que causaba aquel clima, no me impidió hincarme para intentar tomar una fotografía del momento. La lente parecía muy sucia, lo que me impidió tomar la fotografía. Había olvidado lo que significaba tener las manos así de agrietadas. Un poco de pintura blanca enmugrecida, rayas verdes y rojas sobre mis palmas y una fotografía de ellas comparada a una del bote, no hubiera inspirado diferencia alguna.

Ahí estaban los hombres tan parecidos en su andar, sus miradas, sus expresiones; montando en esa mano enorme de madera, abrazando el mástil esperaban el último impulso que los llevaría a la incertidumbre. El barco zarpó, mis rodillas llenas de arena, el viento cruzando mis cabellos y entonando la melodía del ocaso. Días que había pasado con ellos, agua sucia que me habían compartido, sonrisas milimétricas que delataban el dolor que sentían por tener que dejar en esas circunstancias su tierra. Sin equipaje y despojado de todo dinero que me quedaba; ahí estaba sólo, con una postal, mi cámara, un aliento a nada, porque era la arena la que no sabía a nada. A lo lejos veía el primer bote que había zarpado, lleno de hombres desesperados que estiraban los brazos, imaginando que alcanzaban el manantial del que bebían cuando desconocían al mar como camino a algún lugar. Ahora eran mis brazos los que se estiraban. Teniendo cuidado con mi cámara y la postal, corrí hacia el agua. Levanté los brazos gritando, con la flor en una mano. Sus gritos me respondieron acompañados de sus brazos moviéndose, como queriendo decir que no podían detenerse, pero que ahí me esperaban. Envolví como pude la cámara y la postal, con un plástico que dejaron en la orilla. Como si tomara una soga que colgaba del barco comencé a nadar. Ahora era yo quien abandonaba todos los colores de la costa con la garganta húmeda y salada. Me observaba desde arriba, como si fuera un ave; esa diminuta mancha de cardumen rojiza, quemada, nadando hacia dos botes pesqueros, vacía de toda ilusión pasada. Al llegar a uno de los botes las manos ansiosas de los hombres me aplaudían y tocaban la cabeza, con ánimo. Mi sonrisa imitaba la curva de la soga invisible que seguí para llegar a ellos. Miraba el cielo y los rostros de los hombres del otro barco. Comencé a sentir manos buscando entre mi ropa. No tardé en comprender lo que buscaban. Saqué el bulto de plástico con mi cámara y la postal, de inmediato sentí el arrebato de la flor. Fue tan violento que la cámara estuvo a punto de caer al mar, de no haber sido por las manos de uno de los hombres. No recuerdo cuántos días estuvimos flotando, ni cuántos días comimos. Recuerdo la noche llena de bebida, caía del cielo, dulce, fresca, como una venda que curó mis rodillas. Ya al final, en otra costa, ojos azules miraban al más pálido de los tripulantes; con una cámara, una fotografía tomada accidentalmente por el hombre que la rescató. Para el sol fuimos los mismos esa tarde. Ojos con sudor escurriendo.

Testimonio del esclavismo negro

Ana María Paola Mercado Fernández

Fue una época dura, imposible de explicar. Tenía diecisiete años, vivía con mi madre y mis cinco hermanos. Siendo el mayor tenía más responsabilidad que los demás, había que trabajar largas jornada para alcanzar apenas —o a penas— una comida al día. Una realidad sumamente carente de oportunidades y bienes materiales, difícil de afrontar, aunque no tan terrible como para no asumirla, sobre todo si al final del día, rezábamos por nuestro Mahoma. Siempre era reconfortante tener algo en qué creer.

En aquellos años Argelia, mi país natal, sufría una guerra de lucha por su independencia. Francia había invadido, tomado el poder sobre las tierras, ya más de un millón de blancos se habían asentado y construido sus empresas y hogares desde un siglo atrás. Desde aquel hecho al que llaman “Descubrimiento de América”, algo despertó en los europeos que tuvieron la determinación de buscar más rutas de comercio para la obtención de materias y recursos, con el fin de aumentar su riqueza. Después de inspeccionar y destruir aquel “nuevo continente”, no encontraron razones para no hacer lo mismo con este otro, además de que en África, había más recursos como el oro, el petróleo y diamantes.

Lo que me impacta fue su nula consideración y piedad hacia los nativos de las tierras que saquearon y absorbieron en todos los sentidos posibles. He sabido que en muchos de los acontecimientos históricos, el conflicto entre comunidades viene por esta terquedad de poseer mayor cantidad de bienes. Me parece algo así como no tener calidad humana. Estas viles ideas de “tanto tienes, tanto vales”, y la onda racial por supuesto, ha llevado a la humanidad (si es que se le puede llamar humanidad a todos esos desgraciados que generaron tanta maldad y dolor) a hacer hasta lo imposible para apoderarse de los recursos naturales de la tierra, así acaben con ella (que en consecuencia, ésta termina acabando con los seres vivos).
Cabe señalar que al no rendir los esclavos indígenas con la exigencia de los europeos, éstos recurrieron a África, pues como los anteriores no les sirvieron, y hasta morían en la medida en la que necesitaban más y más, nosotros éramos su alternativa. Por alguna razón que no comprendo del todo, creyeron que resistiríamos más que los indígenas de los pueblos originarios, no sé si por la fuerza física, el ritmo de trabajo, los cambios climáticos, o todo eso junto. Me pregunto cómo esperaban que rindiéramos efectivamente, si a duras penas dormíamos lo suficiente, y ni se diga de su alimentación, las pinches sobras como a los animales.

A nosotros nos llevaban de una isla a otra y siempre era el mismo proceso. La cosa con el trueque negrero estaba así: nos capturaban y nos llevaban a pie a los barrancones más cercanos (sitios tan indignos y tormentosos para vivir, algunos dicen que es peor que estar en la cárcel) y nos tenían ahí varias semanas, a veces hasta meses. Y ya saben, con hambre, nada de higiene, el tener que soportar olores desagradables, los otros secuestrados desesperados, muertos de miedo, con resignación ante la vida. Cuando llegaban los barcos, nos subían depende si habían pagado por nosotros o no (también nos intercambiaban por productos de baja calidad, tales como espejos o armas). Y en el barco la situación era similar, sólo que aquí algunos llegaban a morir de toda esta desgracia junta, más todo lo que vaya uno a saber qué se imaginaban. Ante esto, los piratas sólo los tiraban al mar, sin más.

Debo decir que nunca había sentido tanta tristeza, el que me separaran de mi familia y me vendieran para obrar de una manera tan brutal. Hasta un año antes, mi plan era hacerme cargo de las tierras que trabajaba para así, si no tenía chance más allá de mi contexto de origen, podía asegurar comida para todos los días. Sin saber exactamente qué me esperaba, no sabía ni de qué manera asumir esta mala suerte, que a decir verdad no fue tan mala comparada con la de mis hermanos anteriores.

Nos separaron de nuestra familia, nos quitaron nuestro espacio, nuestras pertenencias, nuestro tiempo, así como fuerza y ánimos. Esto, por supuesto, era irrelevante para ellos, había que trabajar arduamente y sin quejarnos, porque de no ser así, habría castigo seguro; si no era la soga, el grillete, sino el látigo, además de las cadenas y los hierros al rojo vivo, ya saben, para marcarnos como su propiedad. En realidad era un estado eterno de impotencia y desgana, no sabíamos qué hacer, si asumir ese destino o hacer ver nuestra indignación, luchar por acabar con esto que no se le puede llamar vida.

Para esta segunda opción, empezamos haciendo contra partido con lo más básico; lo primero que hicimos fue rebelarnos, gritarles a los amos y luchar por huir. Pero la impotencia era tan grande que siempre nos hacían regresar y nos recibían con uno o varios castigos. Optamos por vengarnos de una manera menos violenta: trabajábamos más tiempo del exigido, saboteamos a los dueños varias veces, les robábamos sus pertenencias, quemamos una vez una bodega, de forma que no sospecharan nuestra culpa y afortunadamente no lo hicieron. Y en una ocasión nos organizamos para una huelga de brazos caídos, con lo que sólo conseguimos que se nos otorgara media hora más de descanso al día, bañarnos tres veces por semana y una ligera mayor porción de alimento.

A pesar de los logros obtenidos por lo anteriormente escrito, nunca estaré más orgulloso del cantar nuestro sentir; hasta la fecha, el expresar con palabras y en modo de canto, fue para mí, un pequeño paso hacia la libertad, pensé que si iba a tener que soportar una temporada con esta tan exasperante circunstancia y esta abrumante rutina, el estancarme en pensamientos pesimistas me iba a servir de nada. No hablo de que deba conformarme, vuelvo a aclararlo, sino de distender esta cruda realidad con una interpretación rítmica y melódica de esta situación, con el fin de mantener la esperanza de que esto terminaría algún día.

Y así fue. Volvimos para Argelia para mi buena suerte. Ya no pude reencontrarme con mi madre ni a dos de mis hermanos, pues murieron de inanición. Mis demás hermanos se dedicaron a cultivar la tierra que yo trabajaba. Miraba desolado, cómo cambió tan bruscamente mi vida junto con la de mi familia. Es triste que a uno le ocurran cosas que no merecía, pero hay algo que nos hace querer continuar, a pesar de todo, la esperanza siempre ha estado, y mayormente desde que descubrí la maravilla de unir versos con canto y como esto puede liberar de alguna manera las cadenas mentales. Justo por eso es que hoy tengo la posibilidad y la determinación de contar esta experiencia.

Las Estrellas

Clara Yazkara Magaña Llamas

Cada día, cada noche se hace más pesada esta travesía, la incertidumbre de no saber qué pasará ante la intemperie y el majestuoso mar que tenemos por delante, muchos se han quedado en el viaje, pocos entenderán el suplicio de esta historia y aquí estamos después de 16 días. Ahora te contare mi historia.

La situación en nuestro pueblo es de pobreza extrema y no es de unos cuantos años, esto lleva décadas, así los padres de mis padres, inclusive sus padres de ellos, ya tenían esta pobreza, sin comer por días, sobreviviendo únicamente con agua.

Mi hogar está en Liberia en África, un pequeño pueblo de no más de 200 habitantes, actualmente no sabré cuántos sobreviven, el nombre de mi pueblo es Voinjama, aquel lugar donde pude ver mi infancia cortada por la situación en la que vivíamos, donde tuve que trabajar junto a mi padre para poder comer, si me preguntaras mi edad, no sabría qué decir, siento que he vivido por 300 años o más, te preguntaras qué hago aquí en medio de la nada a la deriva del mar con solo la esperanza de que las cosas cambien.

En mi juventud conocí a una chica muy bonita, su belleza no se comparaba con nada que mis ojos hayan visto, era como una noche estrellada, era la calma durante la tempestad, nos conocimos y nuestras familias arreglaron la boda, tiempo después tuvimos un niño.

La vida era llevada día con día, no tuvimos mucha educación pero sabíamos muchas cosas por el conocimiento que iba pasado de generación en generación, sobre la tierra, el cielo, los animales y la importancia de convivir con respeto hacia ellos. Mi hijo se llama Abiodun “que significa nacido en tiempo de guerra”, ya que nuestra guerra más dura era sobrevivir, él tenía mucho interés por conocer cómo era el mundo fuera de este espacio de tierra que llamábamos hogar, a diario por las noches me hacia la misma pregunta antes de dormir ¡ Papá ¡ ¿cómo verán los otros niños las estrellas, ellos tendrán la fortuna de verlas como yo?” ahí me di cuenta que tenía que buscar la manera de que nuestro hijo tuviera una oportunidad fuera de este lugar.

Al principio mi esposa no estaba de acuerdo con mi idea, pero después de que ella escuchó la misma pregunta de cada noche, fue entonces cuando entendió mi insistencia de buscar esa oportunidad para Abiodun. Muy poco tiempo después mientras yo seguía buscando la forma de que ese deseo se cumpliera, una nueva guerra comenzó, esa guerra se llamó “cáncer”.

La gente de mayor edad moría por la vejez o por enfermedad debido la falta de comida, mi esposa empezó a perder brillo en sus ojos pero el detonante de todo fue aquella tarde que ella se desmayó a media calle, viajamos a la capital con el médico más cercano, él nos confirmó que ella padecía cáncer pero ¿qué era el cáncer? ¿cómo llegó a mi esposa? el medico nos explicó que la falta de alimento junto con otros factores de su organismo fueron los detonadores del cáncer, juntos decidimos que era tiempo de acelerar esa idea, nos mudamos a la capital para tratar la enfermedad, trabajé haciendo zapatos, mi esposa lavaba y mi hijo siempre estaba a su lado, luchamos por cuatro meses juntos como familia hasta que todo acabo, la enfermedad nos venció, en su lecho de muerte mi esposa nos dio la más cálida sonrisa y con ojos llenos de bondad nos dio sus últimas palabras “no los abandonó solo que ahora debo de seguir mi nuevo camino, siempre estaré con ustedes porque mi voluntad y la suya están unidas, ahora vayan a recorrer el mundo que yo estaré viéndolos desde mi camino”.

Su partida nos dolió mucho pero ella tenía razón, ella seguiría su nuevo camino donde sea que ese camino la llevará y nosotros haríamos lo mismo. Juntamos el dinero para irnos, era un viaje riesgoso, atravesaremos el mar por 16 días para llegar a las costas de España. Emprendimos el viaje, los primeros días fueron pesados, el sol y la lluvia eran intensos solo teníamos dos mantas que mi esposa nos había tejido y con eso pasamos los fríos. Al sexto día falleció la primera persona por tomar agua de mar y así fueron muriendo uno a uno, yo racionaba la comida y el agua para mi hijo, pero lo empezaba a ver sin ganas y eso me preocupaba, sin embargo el viaje estaba a punto de terminar.

Hoy siendo el día 15 de este viaje mi hijo empezó a arder en calentura y estaba pálido, pude controlar la fiebre y se quedó dormido, llegada la noche, vimos tierra, se podían ver las estrellas cuando alguien gritó ¡Tierra al fin!, despierto a mi hijo emocionado, él despierta casi sin ganas y me dijo “¡Mira papi, mira! son las estrellas, qué bonitas” de pronto, él dejó su vista perdida hacia las nubes que empezaban a taparlas, cuando sentí que su cuerpo perdió peso, volteó a verlo y me di cuenta que ahora él ya seguía el mismo camino junto a la mano de su mamá. Me hundí en lágrimas por perderlos, pero sé que ellos desde donde estén me estarán viendo y no querrían verme así, cada noche veo las estrellas, sus estrellas desde donde ellos me cuidan…

El barco de papel

Eduwigis De Sixto Romero

No sé si es el vaivén de las olas o si es mi falta de ti, mi falta de nosotros; ya no hay un nosotros, solo soy yo, aun y cuando me encuentro rodeado de gente. Aquí todos hacinados en este reducido espacio que significa esperanza. Recordé esa frase tuya, la que gritaste cuando me dejaste esa vez mientras agitabas la mano diciendo adiós, —Cada final es un nuevo comienzo— dijiste, y cuánta razón tenías, porque ese fin era mi nuevo comienzo.

Ahora ya no importa, realmente no sé si reír o llorar, no sé si agradecer a la vida por ponerme aquí o paradójicamente exigirle que me dé un momento de paz, preguntando desesperadamente — ¿Por qué me pusiste aquí? ¿De verdad lo merezco? — he sido bueno, he respetado a mis padres y a mis vecinos; ahora mismo respeto la alegría de unos y la tristeza de otros. Ahora miro al cielo y le reclamo a ese que todos llaman Dios, a ese que tantas veces le agradecí por la familia que me toco, a quien le agradecí por haberte conocido. Aun así, le reclamo desde mis adentros y le exijo una respuesta mientras le pregunto en un grito del alma, — ¿Era necesario llegar a este punto? ¿Qué hemos hecho para merecerlo? — vamos en camino a un país extraño, con gente que no sé si nos recibirá con agrado, que tal vez no estará feliz de vernos desembarcar en un territorio que no debería tener fronteras sino oportunidades.

Todos tenemos sueños, esperanza, deseamos amar y ser amados, tener una mano que nos levante y una madre que bese nuestra frente para reafirmar su amor por nosotros y de nosotros hacia ella cada vez. — Madre, lo haré bien, viviré bien, trabajaré arduamente y seré un hombre de bien, ¡te lo prometo! — este será el único momento que me daré para flaquear, ahora que nadie me ve, porque todos tienen la mente en sus propios problemas, en sus propias esperanzas, en sus ganas de vivir, de hacerse a esta oportunidad y empezar de nuevo.

Respiro hondo mientras veo que el océano nos guía a tierra firme, mientras las olas golpean una y otra vez esta barcaza; respiro hondo con la mirada fija en ese pedazo de tierra porque es ahora cuando empieza mi lucha, cuando tengo que ser fuerte y agradecer por lo que Dios me ha dado, aunque esto sea paradójico, porque aun cuando nos hemos quedado sin nada, tenemos vida, o lo que sea que ello signifique; porque he gritado, he reclamado, he agradecido, he llorado y enjuagado mis lágrimas una y otra vez, mientras me hago más fuerte y me convenzo a mí mismo que debo estar agradecido, porque aún con todo eso, he puesto todas mis esperanzas en este barco de papel.

¡Solo hay falta de presupuesto, pero NO de solidaridad ni talento!

Izmiatzil Ithandehui Castillo Laureano

La mañana del 4 de octubre el equipo completo de TMP de la región Kingston, zarparon rumbo a Hayes al torneo de clausura 2018 que se jugará en esa ciudad, el sábado 6 de octubre. Después de salir invictos en los últimos dos encuentros, han llegado a ser los favoritos de la afición, quienes no han abandonado a su equipo y muestra de ello es que organizaron una Kermes para recaudar dinero y apoyarlos económicamente para que lleguen a las finales de liguilla.

La afición una vez que escuchó tales declaraciones del D.T. comenzaron los actos de solidaridad. Al organizar la Kermes y recaudar el dinero para el viaje, sin embargo no faltaron quienes prestaron su embarcación para que su equipo llegue a la final y que el dinero recaudado sea utilizado para su hospedaje y comidas.

Esto pasó después de las declaraciones del D.T. del TPM, este declaró que su equipo perdería por inasistencia y no por saber competir en cancha, ya que a todo su equipo como a él, no les sería posible costear el viaje que los llevará a la final en Hayes.

La competencia

Joselyn Magdaleno Castillo

Una mañana nublada, un grupo de joven negros, salieron de su país de origen, para viajar a Francia a una competencia de atletismo. En un barco un poco destartalado, todos ellos iban con la meta de ganar esas medallas por las cuales habían pasado días y horas de largos entrenamientos, dando cada día más de ellos para lograr sus sueños.

Al llegar a Francia todos se prepararon en la cancha, calentando y ejercitándose para sus competencias, al llegar sus turnos, todos dieron lo mejor que podían para ganar; muchos con grandes ventajas dando récords nuevos, otros terminando en segundo o tercer lugar y solo dos que terminaron fuera del podio de premiaciones.

Al reunirse, todos se felicitaron y consolaron a sus compañeros que terminaron sin premio, ya cansados y agotados, decidieron regresar a su casa para contar toda su historia a sus familiares.

Tomando sus pertenencias abordaron su barco nuevamente, se acomodaron, algunos intentaron dormir y otros solo cansados, esperaron para llegar a casa.

Un lugar privilegiado

Lizbeth Flores Galindo

Cuenta la historia que hubo un grupo de hombres de color que fueron elegidos para viajar a un lugar que nadie más podía entrar, este grupo de personas fueron designadas porque cumplieron todos los requisitos para que se fueran a vivir ahí. Estos hombres negros tenían una mirada de desorientación porque no sabían que realmente es lo que estaba pasando y a dónde los llevaban, todos iban amontonados y no en las mejores condiciones. Pero lo que iba suceder en el momento de llegar era extraordinariamente increíble, llegaron y vieron un lugar hermoso, tenía fauna y flora, se sorprendieron de ver animales que nunca habían visto, salió alguien a recibirlos y les dijo ¡Bienvenidos a este paraíso¡ ustedes fueron elegidos porque son unos hombres que les gusta soñar, tienen el alma limpia, ustedes fueron los correctos para venir aquí. Queremos que ustedes cuiden este lugar que ningún otro ser humano venga aquí porque son tan peligrosos que pueden en un día acabarse todo, es la única condición que tienen para vivir en este lugar.

Todos los días, los hombres se levantaban temprano para explorar el lugar y conocer lo que había más allá de lo que ellos veían, era muy felices y se fueron adaptando y cuidando ese lugar que les regaló la experiencia más hermosa de su vida, alejándolos de las condiciones adversas en las que vivían en su país; se olvidaron de las guerras, envidias, rencor, odio, todo eso que el ser humano puede llegar a ser.
Esta historia termina con la felicidad de este grupo de hombres que nunca conocieron la maldad de las personas de afuera y agradecidos juraron que con su vida cuidarán ese lugar.

Una comunidad

María Luisa Navarrete Orozco

Digamos que es una hermosa comunidad, —que en este día, el cual para ellos es familiar— tuvieron que dejar a sus seres queridos en un domingo, pero no como cualquier otro, era precisamente la reunión anual donde los hombres dan a conocer la situación en que se encuentran sus familias, cada uno expone las problemáticas que viven, dentro y fuera del lugar donde viven.

Su espacio de convivencia es muy importante, aun cuando sea pequeño, su objetivo es que por ningún motivo existan abusos para su población. Con la ayuda de las mujeres, ellos saben de la problemática existencial, porque ellas son las que permanecen el mayor tiempo en casa, justamente es uno de los tantos trabajos que desempeñan, así es como se vive en paz.

Ya es muy tarde, la junta inicia a las nueve de la mañana, siendo las doce del día, la toma de las fotografías, es justo la imagen que se ve con las caras de fastidio, intriga, cansancio; otros asombrados, porque el tiempo que se le da a la reunión se ha alargado, ya lleva una hora de atraso, están en una pausa debido a la llegada de una familia que se estableció la semana pasada, le dieron una oportunidad de ocupar un lugar en su comunidad.
Están debatiendo por orden, son dos gradas, la grada que se encuentra enfrente no se ponen de acuerdo, ya que los nuevos pobladores viven cerca de ellos, entonces conocen sus costumbres porque los tratan, observando más su comportamiento, ese es el atraso de la reunión, pero ni modo tienen que esperar, ya tienen hambre, sed, también desean estar con sus esposas e hijos.

Pasaron como diez minutos, terminaron el debate, los habitantes dan por terminada la reunión, se retiran en grupos como de tres o cuatro cada uno, conforme caminan, se van despidiendo, entrando a sus casas, después pasa una hora, ya el sol es menos, el calor disminuye, salen las familias a convivir, algunas van al parque, otras al bosque, al cine, a la playa, es el tiempo que disfrutan en su día familiar.

El día está por terminar, ya es de noche, la obscuridad se apoderó de la comunidad, siendo las nueve de la noche, los habitantes comienzan a regresar a su hogar, los padres, madres, niños, abuelos, abuelas, jóvenes llegan a sus casas, organizan las cosas que utilizaran para la jornada de mañana, se disponen a cenar para después retirarse a dormir, porque mañana iniciaran cada uno sus actividades correspondientes.

La comunidad está integrada con sus diversas necesidades, ya que existen familias conformadas sólo con la madre, el padre, los hijos o la abuela, abuelo, nietos, con sus diferencias en esa comunidad viven en armonía, es un lugar seguro, debido a que todos están ocupados en la convivencia, el respeto, la reunión anual, la organización y la constancia, es lo que hace a esta población, que se encuentra en México.

Es un lugar muy bonito, las casas son pequeñas con jardines, hay bosque, cine, feria, mercado, centro comercial, playa, escuelas, oficinas, fábricas, teatros, bibliotecas, parques, cafeterías, heladerías, etc., en fin, cuentan con todo lo necesario para ser felices, con las reuniones que llevan a cabo, se complementa el respeto y la seguridad, por todo ello es una hermosa comunidad.

¿Quiénes somos?

Marcel Alonso Villalobos

¿Quiénes somos? Es algo que me he preguntado esto los últimos meses, mi nombre es Mafen y nací en Sudáfrica, desde chico me preguntaba por qué la gente pálida me veía y me señalaban, me juzgaban con la mirada, ¿por qué?, ¿qué les hice, quién soy yo ante ellos?, no lo sé. Ellos dicen que somos diferentes, pero yo me veía igual a ellos, ambos teníamos ojos, nariz y boca, podíamos comer y hablar sentir y amar. ¿Por qué ante sus ojos somos menos? no lo sé, yo pienso que somos iguales, tal vez lo que nos diferencia es que nosotros estamos en una balsa escapando de nuestra patria en busca de una mejor vida y ellos en nuestra patria consiguen todo, solo por un pigmento en la piel.

La última fotografía

Melissa Pamela Ávila Sánchez

En una embarcación en el continente europeo, un grupo de aproximadamente 20 hombres estaban a punto de partir por cuestiones de trabajo, en este lugar se encontraba mucha de la familia de la mayoría de los hombres que estaban a punto de irse por un par de años o quizá más.

La esposa de uno de estos hombres decidió tomar una fotografía en el momento exacto en que su esposo partía por un tiempo indefinido y con muchísimos riesgos. Al revelar esta fotografía se la mostró a su amiga y ella inmediatamente le dice que no sale el rostro de su esposo, que únicamente se ven un poco de sus manos y si ha caso, solo una parte de su nariz, incluso le dice, “tomaste mal la foto”, a lo que ella le responde “no, no la tomé mal, de esa manera yo quise que saliera”.

Su amiga le preguntó que por qué quiso así la fotografía, a lo que ella le contesta “no sé por cuánto tiempo lo dejaré de ver, es un trabajo muy peligroso y muchos de los hombres que han ido, ya no regresan con vida”.

Con lágrimas en los ojos, su amiga le da un gran abrazo e inmediatamente le dice que todo estará bien, que no tiene de qué preocuparse y ella le responde “sé que así será, que todo estará bien, pero no puedo evitar pensar en lo peor”.

Su amiga le dice, "¿y si ya no lo vuelves a ver, por qué no le tomaste una fotografía de su rostro para recordarlo? A lo que contesta —porque prefiero quedarme con los recuerdos que tengo en el corazón, pero ya no hablemos de esto que me pongo muy sensible—.

Al pasar el tiempo, al cabo de 3 años, le llaman por teléfono para darle una lamentable noticia y es que su esposo había sido hallado muerto junto con otros hombres en el lugar donde trabajaban. Ella no lo puede creer y rompe en llanto y de inmediato corre por la última fotografía que le tomó a su esposo, el día que él partió, la chica con coraje y tristeza dijo " ¡odio ser negra en un mundo donde solamente nos consideran para trabajar como esclavos y poner en riesgo hasta nuestras vidas! "

Finalmente la chica tuvo que irse, ya que no podía seguir viviendo ahí por todos los recuerdos que le traía ese lugar y porque ya no tenía dinero; cuando contó su historia a más personas, dejó como lección que uno nunca sabe cuándo será la última vez que vemos a alguien o cuándo será la última fotografía que le tomamos a esa persona especial.

Rumbo a un sueño

Miguel Ángel Magaña Bonilla

Un día como cualquier otro, en África había una multitud de hombres que querían salir de la pobreza. Sin embargo, ellos buscaban trabajo y no tuvieron mucha suerte, por lo que salieron fuera de su país a encontrar el sueño. Ese mismo día en la noche, los hombres emprendieron el viaje hacia la tierra prometida para cumplir el sueño, viajaron tres días seguidos hasta que al tercer día, un huracán arrasó con el navío donde viajaban. No obstante, al pasar el huracán, los hombres se quedaron siete días naufragando en una isla desconocida, siendo así, algunos hombres murieron de deshidratación y de hambre. Por eso los hombres que quedaron en la isla, trabajaron horas y horas para construir una balsa que los llevara a la tierra prometida, al construirla, se llenaron de provisiones y emprendieron el viaje, al final de 15 días de trayecto y al despertar por la mañana, llegaron a la tierra prometida y después cada uno de los hombres se fue a su propio destino.

Años después, los hombres cumplieron sus sueños y al fin pudieron trabajar e hicieron una nueva vida. Esta historia hace conciencia de que todo en la vida se puede, si tú quieres hacer lo que te gusta siempre y cuando hay que hacerlo con dedicación.

Historia de una gran aventura

Nancy Nicole Bazo Machuca

Había una vez en Ámsterdam un grupo de hombres que iban a un viaje en una balsa con rumbo hacia el Caribe. Fue una idea que surgió, en una noche de sueños y desvelo. La decisión que tomaron no fue la más prudente pues se encontraban alcoholizados y fuera de sus cinco sentidos. En su camino se toparon con muchos problemas, pues eran demasiados amigos, poca comida, peor aún, perdidos y a la deriva. En la desesperación empezaron a tener alucines y empezaron a ver animales mitológicos como sirenas malévolas, un barco de piratas, entre otras cosas.

Un chico llamado Cristian que le gustaba la astronomía, empezó a mirar al cielo, las constelaciones, al ver las estrellas supo cuál era el camino, la decisión de regresar o seguir, fue difícil, pero pensaban que si ya llevaban el camino a la mitad, daba menos continuar. Llegaron en la madrugada, empezaron a ver la belleza del mar y en él encontraron la paz, que hacía tiempo que no sentían, después de días en el Caribe con las mujeres más hermosas de México, pensaron que ya no era necesario regresar a su tierra. Tomaron la balsa y emprendieron de nuevo el viaje hacia una nueva aventura.

Negro
Dilo sin ningún miedo

Naomi Rojas Corona

¡ Me temo que la naturaleza fue la madre de esta criatura!

Nadie sabe exactamente como empezó todo, los más ancianos hablan de relatos encontrados. Mi historia cuenta que al principio de la humanidad ocurrió algo insospechado en algún lado, la Ignorancia conoció a la Filosofía, encuentro extraño, no debió haber ocurrido nunca, pero ese día estos dos representantes de familias enemigas iniciaron un idilio prohibido, vivieron su historia secreta, no funcionó pero de su unión nació una criatura, a la que se otorgó como característica primordial, una obscura envoltura, tersa, que se dice que hoy vive entre nosotros, lo llamaron por muchos nombres, sufrió millones de persecuciones por parte de la industria, la ciencia y el hombre. Se dijo que era peligrosa, pero yo le conozco y sé que ama.

Alejado del nicho creció prematuramente a las orillas de una costa donde conoció a la hija de una ola mujer de piel de mármol, blanca de alma, tolerante, que ama con corazón y cerebro; juntos procrearon más de diez hijos, fuertes y sanos, que al llegar a su madurez, subieron a una barca y les designaron ir por el mundo y contar la historia de sus padres. Tomaron rumbo al inmenso mar y con todo organismo que encontraron, relataban la historia mencionada, los convertían en testigos de su procedencia, de una unión obscura, de opuestos complementarios, hacían que comprendieran la historia y la resguardaran en su mente por si en algún momento volvían a toparse con alguno de ellos, no temiera volver a contarla. Estos hijos sabían que era necesario divulgar la historia y pese a que pasarían miles de contrariedades, les era obligatorio que concienciaran, que a pesar de ser distintos por la marca de nacimiento, valían lo mismo y así transcurridos miles de años, los hijos de los hijos de la primer criatura interactuaron con las demás criaturas de otras descendencias, mezclaron sus manchas de nacimiento con otras mujeres hijas de otros elementos, lo que provocó que olvidarán el mensaje primero, que debía de ser transmitido. Ahora no pueden explicar el origen del odio a su apariencia y la única manera que tiene de recuperar este recuerdo es encontrar los vestigios que dejó la primera criatura en el vasto mar, para que ahora sus hijos fieles cuenten su historia.

Una realidad contradictoria

Pablo Andrés Méndez Aguirre

El siglo veintiuno resulta ser un caos, no importa dónde te encuentres por que el impacto que ha tenido el humano en este plantea, en cierto momento tendrá repercusión en tu vida y en la naturaleza que te rodea. La necesidad obliga a los humanos a salir en busca de lo que necesitan, resulta complicado afirmar eso y pensar que algunas personas que son contadas poseen una cantidad inmensa de recursos monetarios, fácilmente uno puede investigar en internet y encontrar la revista Forbes donde todos pueden ver los nombres de las “5 personas más ricas del mundo”, me parece más práctico no gastar tinta en mencionarlos aquí ¿Por qué? La pregunta misma me hace reflexionar, pero es quizá eso que está dentro de mí lo que posee un carácter fuerte que me permite pisar tierra firme para ver mejor la realidad, me refiero a la conciencia.

Mi conciencia es la que me hace preguntarme ¿por qué 5 personas son las más ricas del mundo y millones son los que sufren por tratar de vivir en esta actualidad? Es a partir de mi anterior pregunta que me doy cuenta de cómo nuestra realidad está definida con una notable ausencia de “equidad”, lamentable es pensar que exista tal concepto y observar que no lo apliquen, por ejemplo, las personas “más ricas del mundo”.

Las condiciones que vivimos los humanos son diferentes pero el propósito siempre será el mismo, vivir. Todos también quisiéramos vivir en paz y, sin embargo, no es lo que sucede, vivimos repletos de acontecimientos que reflejan el caos dónde se está dirigiendo la humanidad. Si se le preguntará a cualquiera ¿observas presencia de paz en alguno de los rostros de la imagen? Lo crudo de tal ilustración visual es que no permite que te engañes, se nota que cada mirada de los viajeros a bordo es diferente, cada uno con un pensamiento particular y de cualquier forma todos están ahí con un interés en común ¿cuál? quizá la respuesta sea tan sencilla y complicada al mismo tiempo, tal vez sería que “están en busca de mejores oportunidades o condiciones para vivir” pero cómo puede ser que todos ellos están luchando para conseguir una mejor existencia y de cualquier manera se están transportando en un medio que probablemente implica un riesgo por las condiciones que tiene el bote.

Gracias a tal retrato puedo darme cuenta que la realidad que vivimos es contradictoria, ellos salen en busca de un mejor futuro en un medio que podría terminar con su propia vida, lo mismo vivo yo en la ciudad de México, tomando el transporte público que se conoce como “microbús”, donde todas las mañanas las personas se saturan e incluso hacen su lucha por entrar en el espacio reducido de dicho medio y nuestra vida está siendo manejada por un chofer que probablemente maneja sin preocupación y con música a todo volumen. Yo traté de hacer una comparación de los medios de transporte con el que veo en la imagen y con el que vivo y viven miles de personas en el presente. Gracias a eso es que puedo darme cuenta que las condiciones que vivimos en el mundo son difíciles para la mayoría y, contradictoriamente, es una minoría el grupo de individuos que pueden vivir sin preocupaciones.

Así concluyó esta historia que provoca nuestra realidad, es probable que los tripulantes que salieron a bordo en busca de un mejor mañana se encuentren con la realidad de un sistema de trabajo que quizá no los valore con un trato digno y como todos quisiéramos, justo. Es así como en la imagen se presenta a personas arriesgando su vida, tratando de conseguir algo mejor, la realidad proyecta un presente similar.

La chica que se enamoró de una fotografía

Paulina Mexicano Sandoval

Esta historia no tiene por qué tener un título pero lo tendrá, ninguna tonta clasificación que habitualmente todo ser humano usa. La vez que lo observé fue en uno de mis sueños, el sueño más bello que he tenido en mi vida, donde habitaba el físico del hombre más perfecto de la tierra, nunca me imaginé o vi algo similar, se reflejaba con una expresión facial de preocupación e impotencia junto a un grupo de hombres más. Mi mirada se enfocó más en su color de piel, la piel oscura, siempre la he determinado como lo más sublime a admirar.

Todo estaba bien hasta que de golpe me despertó mi abuelo, me chocaba la disciplina con la que manejaba las cosas, cabe destacar que en ese instante abrí los ojos con una concepción diferente, en ese momento recordaba lo que mi profesor comentaba en una de sus clases, acerca de la raza negra: Según la investigación antropológica, la raza negra fue la primera en aparecer en la tierra tras la hominización (transformación de los monos primates en el ser humano), entonces ¿por qué existe la clasificación? algo que en la mente de las personas siempre permanecerá.

Mi anhelo de ese despertar, era tener nuevamente un sueño donde ese rostro nuevamente apareciera y, por única oportunidad, hablar con él, pero las semanas pasaron y no se repitió. Una tarde mientras llegaba a casa, deseaba tener ánimo suficiente e inspiración para abordar el proceso de investigación que necesitaba llevar a cabo para el día siguiente, para lo cual decidí ir al armario de mi abuelo, ya que él era un hombre amante del arte y esas cosas, pero me llevé una sorpresa que me dejó petrificada, porque cuando buscaba, mis ojos se trasladaron a una fotografía de un grupo de hombres de raza negra, no sabía cómo interpretarla, pero algo me hizo sentir, por inercia mis ojos dieron dirección con el hombre que se encontraba al final y en medio de todos, me percaté de que se trataba de él, con el que hace un tiempo soñé; lo olvidé pensando en la estupidez de enamorarme de alguien que no existe, inmediatamente corrí al sofá que mi abuelo frecuentaba para preguntarle sobre aquella imagen sospechosa, pero él, ya no despertó.

El platino más negro

Valeria Aranzazu Miramontes Robles

Jasir se va con sus compañeros a la mina donde han sido previamente contratados por el patrón, así un grupo de aproximadamente 19 personas se encamina a la mina Lonmin desde hace 15 años. Saben que es un trabajo sumamente pesado y que son condiciones de trabajo deplorables, el sueldo es de 400 euros aproximadamente, debido a que la situación no puede seguir así, deciden que es justo les aumenten el sueldo, con esa idea una mañana se reúnen Jasir, Abdul, Bakhirt y Saud planeando una manifestación que pudiera ayudarles, ya que cuando tienen la oportunidad de ver las noticias, ven que en otros países, ciertas cosas se pueden resolver de esta forma, así que convocaron a más mineros a ello, sin embargo muchos tienen miedo, por lo tanto, es un escaso grupo de 20 personas aproximadamente, que se dirige a la manifestación con la esperanza de que puedan ser escuchados y puedan mejorar su situación de alguna forma.

Abdul en un viaje que hizo hace muchos años a Francia a buscar trabajo, tuvo la oportunidad de adquirir una cámara fotográfica, con ella tomó una foto cuando estaban en el bote que los llevaría a Lonmin, el viaje es de 2 horas. Al llegar no comenzaron a trabajar, se mantuvieron firmes a la entrada de la mina pidiendo a un representante de Bennetor Magara director de la empresa, y así pudieran plantear su situación, sin embargo nadie llegó, les pidieron entrar a trabajar pero Bakhirt que es una persona de un carácter muy duro y debido a que en 2008 sus dos hermanos que también trabajaban ahí fueron brutalmente asesinados a manos de los soldados de Zimbabue, se aferró a la manifestación y así el pequeño grupo de 20 personas, fue un día entero que pasaron así, más mineros se enteraron de la situación y decidieron acudir, así transcurrieron 2 días, sin respuesta de nadie.

A Saud le entró un frío en el cuerpo, al recordar a su hermana y madre, ¿qué pasaría si él muriera?, ¿quién las iba a proteger del mundo tan hostil en el que viven?, tuvo la necesidad de partir a casa pero Bakhirt no se lo permitió, ya que pensó que ya habían llegado lejos donde estaban, ahora, por lo tanto, no los podía dejar ahí, decidió quedarse. Decidieron crear una barrera de tal forma nadie pudiera entrar, pues pensaron si esta manifestación es pacífica así se mantendrá, ¡vaya equivocación! Llegó un grupo de al menos 50 soldados, el jefe de estos dio un paso al frente y le dijo al grupo que solo tenían una oportunidad de ponerse a trabajar. Bakhirt también se puso al frente de la barrera y gritó, ¡Justicia e igualdad señor, es lo que pedimos! — Puum! Bakhirt cayó sin emitir otra palabra. Saud comenzó a gritar el nombre de su madre ¡Ayana! era lo primero que se le venía a la mente al ver a su amigo caer inmóvil con los ojos abiertos llenos de furia, a pesar de lo que él había pasado nunca conoció el odio.

Jasir, recién casado, había encontrado la felicidad y la paz a lado de su amada Akanke, quien le imploro no ir a la manifestación, pues a pesar de tener apenas para comer no necesitaba más que a Jasid a su lado, pero este estaba dispuesto a todo con tal de poder darle una mejor oportunidad de vida al ser que esperaban con ansias.

Al ver el cuerpo tendido en el suelo y corriendo su sangre, los demás mineros entraron en cólera y se abalanzaron a los soldados tomando las herramientas que estaban a su alcance, corrieron todos a enfrentarlos. Se escuchaban gritos y disparos por todos lados, de casi 40 personas que se encontraban en el lugar, al menos Abdul pudo revelar su foto para poder recordar a sus amigos y nunca olvidar lo que pasaron esa tarde y siempre luchar por lo que mereces.

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