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LA CLASE


Diana Morales Piña
Daniel Flores Salgado


Propiciando una pedagogía del conflicto

Las condiciones generales que caracterizan el contexto de la mayoría de los alumnos desde preescolar hasta nivel superior, presentan situaciones que dificultan el logro de los aprendizajes que se contemplan en los programas académicos correspondientes. Es difícil pensar que en el corto plazo, mejoren estas condiciones, por lo que desde la labor docente, es necesario diseñar estrategias que por un lado contribuyan en sus aprendizajes, pero que además y en forma significativa para el conjunto social, les brinden elementos para poder cambiar en forma paulatina las características poco favorables de la población, a través de la crítica sobre las formas en que están impuestas las condiciones en que se desarrolla el sistema, sin pasar por alto, el desafío al que se enfrenta la escuela y la verdadera realidad en que se desenvuelven los propios docentes (Adorno, 1999) y que sin duda alguna, representa todo un reto pedagógico y formativo.

Todo lo anterior, es consecuencia de como señala Santos (2016), de la evidente discrepancia de una sociedad mejor, más justa y solidaria, situación que “detiene” en el mismo sentido la perspectiva de su desarrollo. La ideología de las clases predominantes, se traduce en condiciones sociales como son las educativas, que permitan mantener las económicas en favor de ellas mismas, por lo que esta ideología busca que sean permanentes y como también señala Sousa Santos, de esta manera, se propicie la “repetición” de las condiciones, formando a ciudadanos pasivos que difícilmente señalarán las formas del sistema, con lo que su dominio se ancla en su favor.

La oportunidad de evitar las condiciones de repetición descritas, parte de construir “proyectos de educación emancipatoria”, que provea a los ciudadanos desde sus primeros niveles educativos, de procesos de aprendizaje que los encamine a transformar la sociedad, lo que se traduciría en que los alumnos puedan cambiar su realidad, con estrategias desde la escuela, a través del mejoramiento de sus aprendizajes.

Solamente en la medida en que la intervención en cada aula, tenga un carácter reflexivo y no de repetición, podremos edificar estos proyectos de emancipación, el cual: “es un proyecto de aprendizaje de conocimientos conflictuantes, con el objetivo de producir imágenes radicales y desestabilizadoras de los conflictos sociales”, en donde la educación para el inconformismo, debe ser en el mismo sentido y en forma congruente, inconformista; es decir, siempre de crítica de las condiciones en que sea establecida y de los contenidos que se pretenda desarrollar.

Bajo este mismo marco, Sousa (2016) comenta que cada salón debe erigirse como un campo de posibilidades de conocimiento, basándose en emociones, sentimientos y pasiones que confieren a los contenidos curriculares sentidos inagotables. No importa de qué nivel educativo se trate, ya que sin duda, esta posibilidad, desde las características del alumnado y con base en su cotidianidad, debe impregnar en las prácticas que desarrollan los profesores. Por lo tanto, su principal objetivo, es en forma concreta, transformar la educación, convirtiéndola en generadora de procesos de reflexión, que derive en la continua crítica de la realidad imperante.

Para poder establecer estos proyectos educativos, la argumentación de los aspectos reflexionados y criticados, es un aspecto esencial para hacer evidentes las condiciones de desigualdad prevalecientes, haciendo énfasis en las propuestas de nuevas formas de organización al interior de cada escuela y de cada aula, con estrategias de enseñanza acordes al desarrollo de la misma reflexión, en donde el conocimiento sea generado con un carácter complejo (Morín, 2001) para que detone los procesos cognitivos pertinentes.

Finalmente, consideramos que el modo en que podemos apuntar al mejoramiento del sistema, acercándonos a una sociedad más justa en oportunidades y condiciones para la población en general, debe partir desde la educación, enfatizando en lo que hagamos los docentes para este fin y que se vea materializado en prácticas verdaderamente productivas y no de simulación, en la que los alumnos identifiquen desde este panorama general, las causas y consecuencias que nos han llevado a esto; pero si no lo hacemos desde la escuela, difícilmente se encontrará una respuesta a toda la problemática desde cualquier otro espacio.

BIBLIOGRAFÍA

  • Morín, E. (2001). La mente bien ordenada. Edit. Seix, Barral.
  • Santos, B. (2016). “Para una Pedagogía del conflicto”; en Nuevas culturas nuevas perspectivas educativas. Edit. Surina. Brasil

Diana Morales Piña
Doctorante en Educación (UCI), Maestra en Tecnologías de la Información (ITTLA), Licenciada en Informática (ITTLA), Coordinadora de la Academia de Informática (GAMI), Sinodal de Protocolos de Titulación (ITTLA).

Daniel Flores Salgado
Doctorante en Educación (UCI), Maestro en Educación Ambiental (UPN), Especialista en Gestión Directiva de Calidad en Educación Básica (CAM-DF), Especialista en Educación y Computación (UPN), Licenciado en Administración (UAM), Licenciado en Educación Primaria (BENM), Supervisor de Educación Primaria (SEP), Capacitador (IFIIE), Sinodal externo de la Licenciatura en Educación Primaria (CENEVAL).

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