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Sala de Maestros

Maestros en la historia

Jesús Caballero y Díaz


La dignidad de pueblo mexicano

Alguna vez la dignidad fue virtud, calidad distintiva de superioridad, digno: solo quien manda sobre los demás, dignatario quien recibe la autoridad de los dignos, en las sociedades de la comunidad primitiva: hombres, mujeres, niños y adultos vivían una dignidad que los unía eran la familia, la tribu, el clan, la gens que iba creando valores de solidaridad, de identidad de protección mutua de apoyo en la supervivencia y de defensa de esos valores frente a otras entidades sociales que compitieran o compartieran por ellos, ocasionalmente un compromiso común reclamaba un liderazgo, un mandatario que ayudara a resolverlo, podía ser un asunto comunitario: encontrar un nuevo espacio habitable, guiar al pueblo hacia ese destino, crear una organización, crear una ciudad, obtener nuevos recursos o en otro caso: representarla ante otros pueblos o grupos, confederarse para un objetivo común con otro grupo o capitanear al pueblo en su defensa o en su ofensiva: la dignidad del pueblo se depositaba para honrarla en un líder, un capitán quien aceptaba tal honra era reconocido con esa dignidad, la cual concluía al darse el pueblo por satisfecho, el líder regresaba dignamente a la dignidad popular. Así lo descubrió Morgan en su libro:" La sociedad antigua" o primitiva de los indios americanos.

La historia de la humanidad nos muestra a grupos humanos que buscan la supervivencia en medio de situaciones cambiantes que los obligan a emigrar, así se pobló el mundo desde su origen africano hasta llegar a las sociedades actuales, la lucha por la supervivencia fue creando una conciencia social de lo propio, de lo defendible, de lo irrenunciable: de la vida humana de cada integrante del grupo: un conjunto de personas valiosas en sí mismas y entre sí y con o contra otros grupos. Es difícil concebir como pasamos de un común origen geográfico a esta gigantesca diáspora, a la actual población mundial; pero esos valores primitivos: la identidad social, la solidaridad, la protección mutua, el trabajo colectivo, el derecho a los bienes producidos por ese trabajo fue creando un derecho natural: reglas que se iban formando en un código que todos entendieran, comprendieran y sostuvieran: de personas, participaciones, compromisos y reconocimientos que dignificaban la existencia, que la reclamaban valiosa es decir: digna de ser vivida, digna de procurarla, conservarla, de defenderla, ese reclamo, ese llamado, fue un código de valores que pudieron nombrarse, conversarse, reconocerse y considerarse portadores de dignos valores comentarios, así como dignidades personales.

Los etnólogos son una rama de los antropólogos que a diferencia de los arqueólogos estudian a las sociedades vivas: a las diferentes comunidades , pueblos, naciones que aún no forman el estado o que forman parte de un estado y en ellos han encontrado las formas de vida social básicas de la convivencia humana, claro que esta disciplina científica nació en el esplendor de la conquista militar, de la ocupación de territorios ajenos, de la colonización, la conquista y actualmente de la explotación capitalista y con una especie de culpa los etnólogos desde Sahagún y Clavijero hasta Manuel Gamio descubrieron ante los invasores, los explotadores la dignidad de los pueblos conquistados, explotados según los europeos civilizados pues encontrados vivían en la barbarie, incluso en el salvajismo, es decir indignamente.

En México el primer científico que se dedicó a revalorar las culturas de las poblaciones indígenas mexicanas fue Bernardino de Sahagún quien a pesar de de ser un digno defensor de su educación española y cristiana con sus estudios y sus estudiantes e informantes dio a conocer al mundo conquistador y explotador que las sociedades americanas tenían una cultura, una vida social, un respeto a la vida humana que se reconocía en su vida familiar, comunitaria, tribal, nacional e incluso estatal y que la palabra salvaje era solamente para los conquistadores un pretexto para legitimar su dominio. Su libro llegó a la corona española, a su rey, también a su ocultamiento, tardaron siglos en descubrirlo y los mexicanos recuperarlo y darlo a conocer, el primero fue Francisco del Paso y Troncoso quién al traer copias de los originales se asombró, no solo de tal hazaña, sino del rescate de esos valores sociales, de sus códigos de valores morales, económicos, sociales, religiosos en una palabra de civilización.

Una negada civilización que sin embargo contenía lo valores con que cada persona era digna de su presencia, de su participación, de su apoyo, de su compromiso con la sociedad, con el estado, eso les confería dignidades: reconocimientos, disfrute de ellos, lo revelaron sus revolucionarios estudios al consultar a los sobrevivientes apropiándose no solo de la lengua náhuatl, de sus relatos, sus textos, sino de su espiritualidad, de cultura, de sus valores de su auténtica y humillada dignidad. En el siglo XVIII Francisco Javier Clavijero criollo de formación jesuita convivió con los indígenas de la hacienda de sus padres y aunque manteniendo el trato dominante con una inteligente simpatía descubrió en su trato y luego en sus investigaciones nada menos que la digna historia de unos pueblos civilizados, los jesuitas fueron expulsados del Virreinato hallaron cobijo en Roma y ahí Clavijero trabajó arduamente sin sus manuscrito, aunque con su inteligente memoria y su insurgente revelación redactó un texto que denominó: “Historia antigua de México” y unas “Disertaciones” en las que contrariaba la visión europeizante de la dominación europea:, soberbia en su ignorancia de sabios como Buffón sobrevaloraban la cultura europea, la conquista, la dominación y la explotación menospreciando las culturas de los pueblos dominados. Los manuscritos hubieron de ser ocultados. Los mexicanos Arrillaga y Cuevas los obtuvieron y los publicaron en México en 1958.

Otro científico descubridor de “el cuerno de la abundancia” que sería México para los europeos del siglo XIX: Alejandro Humboldt quien en su. “Ensayo Político sobre el reino de la Nueva España" además descubrió las indignidades que procuró la conquista para ejercer, procurar, sostener su dominación, describió un sistema de castas basado en la existencia formal de dignidades y de indignidades que culminaba en la casta dominante que dignamente habitaba la ciudad de los palacios y compartía la dignidad dominante con los empleados virreinales, los cuales no dejaban de reconocerles su indignidad indiana a pesar de su riqueza. Humboldt no solo se extrañó de tales indignidades, sino de los resultados de su dominación al advertir las miserables e indignas muestras de la existencia de las familias indígenas que circulaban hambreadas, desterradas de su domicilio, sin destino que las acogiera. Humboldt no dejó de describir tal indigna existencia en su “Ensayo Político sobre el reino de la Nueva España”.

Aún en los primeros años de la independencia la dignidad criolla la daba no solo el propio reconocimiento de la hispanidad heredada, sino de la riqueza de que disfrutaban como dueños de las haciendas, minas y factorías que compartían y competían con los comerciantes y burócratas virreinales quienes se consideraban altas dignidades, ambas altas dignidades aborrecían a la indignidad moral del pueblo infamando a los nativos por vencidos y a las la castas de razas mescladas “mestizos” que ya eran mayoría y bullían en las ciudades como desempleados o candidatos a un trabajo de cualquier paga y en caso último al bandidaje y a la prostitución, todas formas de existencia consideradas infames, indignas de bautismo, de cristianización, de ciudadanización, de respeto por las castas dominantes.

Casi cien años después un arqueólogo mexicano: Manuel Gamio quien contribuyó al descubrimiento de la ciudad de Teotihuacán y empezó a revelar su urbanización, su urbanidad, su posible civilización, su arte arquitectónico, al trabajar en el desentierro de las ruinas de ese emporio, como todos los arqueólogos coloniales lo hacían en Europa, Asia y África contrató para el servicio de peonaje rescatador a personal del pueblo de San Juan Teotihuacán, solo que acabó convirtiéndose en un etnólogo quien descubrió ante el mundo entero a esa población como orgullosos descendientes de la raza y pueblo que construyeron tales maravillas, Gamio cobró conciencia de aquella dignidad y la compartió al declarar que había que descubrir no solo la dignidad de la antigua obra y de sus obradores, sino también la dignidad del pueblo vivo que laboraba en ese rescate, su sobrino Don Miguel León Portilla recogió la estafeta y dedicó toda su vida a entregarnos los testimonios de la valiosa vida cultural de nuestros antepasados, todas sus publicaciones, sus conferencias al servicio de la revaloración de nuestra digna y ancestral cultura y de sus cultivadores, trabajos en toda su vida cultural en las que resuenan las palabras de Manuel Gamio: “Había que rescatar tanto al indio vivo como al constructor de las pirámides”.

Cien años de independencia para que Gamio reconociera finalmente la indignidad en que vivieron los pueblos indígenas para quienes no hubo independencia que les reconociera favorablemente la dignidad de mexicanos, no olvidemos que en palabras de Porfirio Díaz: Su régimen tenía dos enemigos: el indio y el yanqui.

Hoy los pueblos originarios intentan con toda dignidad hacerse reconocer en su propia identidad tan dignos de su origen e identidad como de su ciudadanía mexicana, ofreciéndonos en el presente el valioso reconocimiento a nuestra indignidad, a nuestra mexicanidad, y a hacernos ver en la dignidad de mexicanos a los mexicas al pueblo azteca, el cual defendió su dignidad hasta la casi final consunción. Su reciente lucha electoral fue un digno ejercicio de su dignidad mexicana, de su vocación democrática; no perdieron cuando no ganaron, pues nos mostraron al resto de los mexicanos el modo de ganar la dignidad de mexicanos, como los mexicas aztecas, si es necesario hasta la consunción.

La realidad actual nos nuestra indignidad de manera lastimosa, quienes nos gobiernan nos tratan como dominadores, actúan indignamente renunciando a su dignidad como mexicanos, así nos colonial izan, nos explotan, nos humillan, nos omiten al no considerarnos sujetos de nuestros propios y dignos derechos, lo peor hemos aprendido a “no indignarnos”, nos quedamos indignos, indignados sin hacer algo que nos permita a todos: pueblos originarios y ciudadanos obrar dignamente rescatando nuestra dignidad expresada legal y legítimamente como valores constitucionales. Entre ellos: el dignísimo derecho de la soberanía popular para darnos el gobierno que nos la recupere, que nos la sirva, que responda a nuestro mandato y que si no se sostiene en su digna posición de mandatario, de dignatario mexicano, que renuncie a esa dignidad o constitucionalmente, se la retiramos: “La soberanía nacional dimana del pueblo y se instituye para el beneficio de este. El pueblo tiene el derecho en todo tiempo de alterar o modificar la forma de gobierno”. Este artículo es la ley toral de la constitución del estado mexicano.

Así, La Revolución Mexicana concluyó en la vigente Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, cuadro de valores individuales, sociales, políticos y democráticos que perfilan la dignidad de cada uno de los habitantes de esta ciudad, desde los derechos individuales para todo individuo que habite el país, son los derechos políticos son las libertades y poderes que los ciudadanos tienen para el ejercicio del poder político democrático, dignidad que se concede solo a los mexicanos por nacimiento o por adopción a partir de los 18 años cumplidos para elegir a los encargados de representación popular en las legislaturas y en los poderes ejecutivos de las entidades municipales, estatales y federales ocupar los cargos públicos representativos, ejecutivos y judiciales. Así que en el derecho constitucional: los mexicanos como pueblo, nación, territorio y gobierno somos soberanos, esto es dignos de gobernamos a nosotros mismos, para nosotros mismos y por nosotros mismos.

Esta es la calidad que nos debe la educación estatal y peor la privada: la de estos valores soberanos, no atendidos cuando el niño, el adolescente, el joven que se educa no es reconocido moralmente como sujeto de estos derechos. Pruebas: toda la reglamentación escolar, desde las guarderías hasta los posgrados en los diseños curriculares, en los ambientes escolares, en las normas de evaluación, acreditación y titulación, así como en el gobierno escolar.

La calidad educativa debió y deberá sembrar y favorecer el ejercicio, el conocimiento, la comprensión, la comunicación, la compartición de estos valores constitucionales que finalmente madurarían en la vida adulta, en la participación liberal, comunitaria y democrática que sostenga nuestra soberanía económica, cultural y política.

El nuevo gobierno considera esas posibilidades de servirnos, eso no basta para ser el pueblo que queremos ser, para serlo deberemos gobernar, sobre todo a nuestros mandatarios, a quienes les encargamos-no sustituirnos, ni omitirnos sino a obedecernos, servirnos, cumplir con la ley y ganarse la satisfacción de habernos respetado al servirnos. Eso significa evitar el individualismo, el egoísmo, el autoritarismo, la corrupción de los valores constitucionales y los atentados contra la soberanía nacional y el enriquecimiento inexplicable.

Así que asumamos la dignidad de mexicanos y tengamos el gobierno y no dejemos de demostrarle, que lo observamos, lo evaluamos, lo contrariamos, para exigirle que la respete, que la enriquezca y que dignamente la sirva.

Pueblo de la Candelaria, Coyoacán

Ciudad de México a 20 de noviembre de 2018.

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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