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Tarea

Cuentos en el muro

Ma. Alejandra González González


Día inesperado

Llego tarde, casi a las siete de la noche; jadeaba, apenas podía respirar. Su cinturón le apretaba y le ahogaba hasta el cuello. Puso la revista que traía sobre la mesa y se acercó a la ventana. Cada gota caía de su rostro manchando el piso que apenas y se veía barrido.

En el salón, se respira incertidumbre; todos se veían extrañados por la situación.

Al final de la primer fila, se levanta ese joven que siempre habla y nunca se calla nada, sincero y seguro; se acerca y trata de abrazarlo; el profesor solo lo toma del hombro y mueve la cabeza e intenta dibujar en su rostro una sonrisa que de inmediato se desvanece; el joven le ofrece agua y regresa a su banca. El maestro lo mira sin decir nada como si sus ojos quisieran explotar de lágrimas, cristalinos, ahogados en llanto que expresaban tanto y nada a la vez.

El maestro respiro profundamente, regreso su mirada hacia la ventana, mira el cielo y dijo ¡ya vieron, el cielo está limpio, ¡sí, gracias al aire que acaricia nuestro rostro¡ que tambalea las hojas del otoño para caer y poder dar vida a otras, ese aire intoxicado por todo lo que producimos día con día y que lentamente nos daña. Esos charcos que deberían estar en recipientes para ser tratados y utilizarse una vez más. ¿Alguien trabajará con aguas pluviales? Ja, dice, mueve la cabeza de un lado hacia el otro y se tapa la boca con la mano, que le tiembla; y cierra por un momento los ojos.

Pues bien, les comento, esta es y será su última clase. Ya todo está dicho. Cayó una lágrima por su rostro, sí, ese rostro duro y firme; y otra al mismo tiempo de aquella chica que siempre llevaba puntual su tarea.

Extrañados y con cierto disgusto exclamaron todos al mismo tiempo ¿por qué?

El maestro respiro profundamente, y dijo, ya no hay fundamento que sostenga el marco teórico, lo siento; se cancela el presupuesto para el diplomado, y obviamente para la maestría; pues se destinara a otra carrera, que dé mayor prosperidad y economía al país, ha sido una decisión. Piensan en robótica, telecomunicaciones que se yo.

Todos se voltearon a ver, sorprendidos; los murmullos no se hicieron esperar; sin embargo, nadie dijo nada en voz alta.

El maestro, tomo su revista, movió la cabeza de un lado hacia el otro. La dejo caer al bote de basura y mientras cruzaba la puerta solo dijo: gusto en conocerlos, nunca olviden lo aprendido y luchen por sus sueños… gracias.

Aquel salón cálido desde las seis y cuarto hasta las nueve de la noche, poco a poco empezó a enfriarse ante la partida de cada uno de los exalumnos del diplomado, solo se cruzaban miradas intentando decir algo y al mismo tiempo se agachaban y enmudecían.

Ese chico de la última banca fue el último en levantarse, se acercó al pizarrón, tomo el marcador y escribió: Insistir, persistir y resistir…nunca desistir, SOMOS Y SEREMOS LA DIFERENCIA.

Ma. Alejandra González González

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