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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


De los fierros a los hierros (Fragmento)

En 1969 sentenciaron a los cuates del 68, dándoles penas por decenas de años y a algunos les cargaron cerca de veinte diversos delitos; entre ellos pandillerismo, ataques a las fuerzas armadas, disolución social y asociación delictuosa, entre otras sandeces. De ese modo quisieron convertirlos en victimarios de sus propios compañeros. En pocas palabras pretendieron convertirlos en los causantes de la matanza de Tlatelolco. En la Universidad Nacional Autónoma de México, los activistas de la escuela de Economía llevaron a cabo una Asamblea General con el propósito de organizar las acciones de repudio en contra del Estado, la mano detrás de los jueces. 

Uno de los activistas más consecuentes y valientes de Economía era uno al que apodábamos el Pompi. Sin embargo, ese día no entró a la Asamblea, pero esperó afuera. Al terminar, y de una manera misteriosa, les propuso a unos cuantos de aquellos activistas reunirse esa misma noche. La cita fue en el departamento de un antiguo militante conocido por sus posiciones marxistas, de línea pro-chino. Ahí el Pompi propuso: 

—Ya no hay de otra, tenemos que tomar los fierros. Basta de perder el tiempo y seguir exponiendo a la gente. Este pinche gobierno sólo entiende el lenguaje de los madrazos. Urge pasar a la acción directa, nos han cerrado todas las vías pacíficas y no hay más opción que la vía armada; golpear al Estado y a su aliado la burguesía en donde más les duele. Por ejemplo: secuestrar a los representantes del aparato sindical, a los líderes charros, que son los que mantienen atados a los trabajadores. Esa es la razón por la que no se incorporaron al movimiento popular del 68. Secuestremos al mismísimo Fidel Velázquez… ¡El charro mayor!, para que vean de una vez por todas que no estamos jugando.

Bajo esa concepción, muchos jóvenes se sumaron a las filas de la guerrilla, muchos de ellos militantes de la Juventud Comunista, embrión de la Liga Comunista 23 de Setiembre.

En menos de dos años surgieron acciones por todo el país. Asaltos a bancos, a empresas e industrias nacionales y extranjeras. Secuestros de políticos y empresarios. Hasta el secuestro de un avión en Monterrey. Además de las ejecuciones de policías de crucero, con el propósito de “debilitar al estado”. 

El arrojo y valentía de los militantes del movimiento armado, y en particular los de la Liga, era indiscutible. Resistieron las más crueles torturas. Muchos de ellos fueron asesinados dentro de las cárceles o simplemente desaparecidos. Los demás murieron acribillados en las calles, en los parques, en las zonas industriales o en el mismo campus universitario. No hubo misericordia. Otros más cayeron abatidos en casas de seguridad o en campamentos descubiertos por la policía —o delatados por supuestos infiltrados— aunque lo cierto es que fueron producto de las torturas infernales a las que fueron sometidos para que cantaran.

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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