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Tarea

Cuentos en el muro

Carlos Lepe Pantoja


El boxeador

Se había quedado sin el trabajo que tenía en la imprenta, eso lo orilló a inscribirse en el torneo. Eso y que el poco dinero que tenía lo perdió en una apuesta de caballos. Necesitaba unas cuantas libras para terminar el mes y a su modo de ver la situación, los moretones dolían mucho menos que el hambre de varios días ya acumulados. En ocasiones anteriores lo había hecho y una más no sería gran problema, aún así, al concurso sólo se inscribían harapientos y vagabundos que buscaban dinero fácil. Patrick McDougal sabía que, si daba suficiente espectáculo, la gente podía llegar arrojar alguno que otro chelín, con suerte un penique. Y justo ese era su plan.

Sabía cómo pelear, aprendió desde muy pequeño. Aprendió luego de que su madre lo incitara a unirse a una compañía de cirqueros, ella no lo podía mantener ni educar. Las aspiraciones de una madre desesperada creyeron que sería mejor que un circo se lo llevara, al menos aprendería algo para ganarse la vida. El box ya era un deporte popular, con más de 100 años de historia, poco regulado, pero popular, a fin de cuentas. Patrick dedicaba su tiempo libre a entrenar el deporte, como cualquier otro chico con sueños de grandeza.

Gracias a eso su pelea sería la pelea estelar de la tarde. Estaba un poco ansioso, quería ver al vago contra el que pelearía y terminar con el asunto cuanto antes. Grande fue su impresión cuando se entero que pelearía con alguien ya experimentado, era algo raro. No tenía miedo, pero no le gustaba. Mal comer y entrenar golpeando cortezas de árboles un rato cada día no es la mejor preparación que uno espera tener al enfrentarse con alguien experimentado.

Aun así, el momento de subir a la lona llegó. Su contrincante no lucía letal, era más alto que él, de pelo negro y un poco delgado. Sin darse cuenta ya habían empezado los golpes. Sabía que golpear duro era clave, pero no se desgastaría desde un principio. Pocos movimientos y golpes cortos. Los primeros dos rounds sucedieron sin novedad, había habido contacto, aunque fue notorio que sólo buscaban testear al oponente. Algo pasó en el tercero, su rival fue mucho más enérgico, logró conectar golpes al rostro y Patrick respondió del mismo modo. Para el quinto asalto, las dos narices estaban rotas, la escena blanca comenzaba a tener matices rojos. En pocos minutos la pelea se había convertido en una lucha encarnizada por ver quién tenía más aguante y salía vencedor.

De modo increíble la pelea llegó al round 12, y la cuenta había pasado más allá de las narices, Patrick sentía una muela quebrada y sin duda alguna él le había roto un par de costillas y abierto la oreja. A la audiencia le pareció grotesca la escena y se ahorraron sus monedas. La pelea terminó y los jueces, que no eran más que los organizadores, decidieron que el dinero del ganador se repartiría en dos partes iguales por el desempeño que habían tenido.

Fue entonces que McDougal se dio cuenta que, por primera vez, el precio de la pelea fue demasiado y pensó que habría preferido quedarse con hambre.

Carlos Lepe Pantoja

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