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Orientación educativa




El hombre que confundió a su mujer con un sombrero: Oliver Sacks: 1985.

(Fragmento)

Día a día, semana a semana, los sueños, las visiones, se hicieron más frecuentes, más profundos. No eran ya esporádicos, sino que ocupaban la mayor parte del día. La veíamos como arrebatada, como en un trance, los ojos cerrados a veces, otras abiertos pero mirando sin ver, y siempre con una sonrisa dulce, misteriosa en la cara.

Si alguien se acercaba a ella o le preguntaba algo, como tenían que hacer las enfermeras, ella respondía inmediatamente, con lucidez y cortesía, pero se tenía la sensación, incluso entre el personal más prosaico, de que estaba en otro mundo y de que no debíamos molestarla. Yo compartía este sentimiento y, aunque sentía curiosidad, me resistía a indagar. Una vez, sólo una vez, le dije:

— ¿Qué pasa, Bhagawhandi?
—Me estoy muriendo —contestó—. Me voy a casa. Regreso al lugar del que vine… Sí, podríamos decir que es mi regreso.

Pasó otra semana y entonces dejó de reaccionar ya a los estímulos externos, parecía completamente encerrada en un mundo propio y, aunque tenía los ojos cerrados, aún seguía presente en su rostro aquella sonrisa serena y feliz.
—Está haciendo su viaje de regreso vdecía el personal—. Pronto llegará allí. Tres días después murió…

¿O deberíamos decir “llegó”, después de completar su viaje a la India? "

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