De%20soledades
Tarea

Poesía coral

María Celeste Vargas Martínez


De soledades

Cuando nació
se sintió sola,
parida sola en una cama fría,
con una madre que no soportó,
lloró, lloró mas los gritos de la calle
devoraron su dolor,
sus ojos se secaron y la garganta se cerró,
la encontró la vecina cuando la noche,
coqueta y cansada,
a su amante le fue a hacer el amor.

Batida de sangre,
con el cordón atado al cuerpo muerto de su madre.
Un cuchillo la separó,
el llanto volvió
y la cálida leche de biberón usado
la alimentó.
“No sabía que estaba preñada”,
dijo una mujer y otra respondió.
“Hubiera muerto con ella: ¿qué le vamos a hacer?”.
Pensaron tirarla,
dejarla cerca de la carretera
donde alguien se compadeciera,
mas la noche fue lluviosa
y el remordimiento no las dejaba.
La cuidaron
la alimentaron con leche de vaca
que una de ellas conseguía
por tumbarse en la cama
y dejar que el hombre maloliente con su cuerpo jugara.

Pasaron los días
y se unió a los críos de las mariposas
que en las noches se desnudaban.

Y el cuerpo de su madre
se deshizo en una zanja.

Creció con ellos,
pero la soledad anidó en su alma,
nunca fue a la escuela
vistió remendados y calzó lo que otros le daban,
en el día hacía aseo, planchaba y lavaba,
por la noche se ocultaba bajo la cama
temerosa de que algún hombre le hiciera lo que a la Juana.

Creció:
cabello oscuro, ojos negros y piernas delgadas,
labios carnosos, rostro bello, sonrisa de niña
y la soledad tras ella refugiada.

Fue llevada a una esquina,
aún los quince no la alcanzaban,
falda corta, sueños rotos
y en los ojos el miedo se reflejaba.
Un auto se detiene, el vidrio baja,
un hombre sonríe, ella se aleja
y una mujer la empuja… el auto se la traga.
Un hotel cercano, una habitación fría,
el hombre se desnuda y a ella la arroja en la cama.
La oprime, la voltea, la sienta
le dice todo lo que le haga,
ella tiembla
se siente sola… sola y ya sin alma.

La noche acaba
y han sido cuatro los que han pasado por esa cama.

En el día hace aseo y trabaja con desgana,
en la noche se viste para ser una dama,
ya no tiembla
ya no teme a los hombres que le pagan,
cumple sus deseos y escucha sus sucias palabras,
se viste y vuelve a su esquina a fumar los años que le faltan,
ya no llora
tampoco ríe,
y con las mujeres de otras cosas habla,
aprende posiciones, la adoctrinan en temas del alma,
mas ella cree que el alma no existe
que es algo que los ricos pueden comprar cada mañana
y en la noche antes de verla a ella
la protegen muy bien es su casa,
la arropan, la perfuman y a su mujer encargan,
mujer que cuida a los niños y la casa
y no debe retozar, como ellos quieren, en una cama.

La soledad la acompaña cada noche
y en el hotel junto a la ventana aguarda,
la ve fingir e imaginar una vida falsa,
un hombre pasa, otro más,
y un joven, obligado por su padre, a amar mujer barata,
él dice que podría amarla
ella no cree en nada,
cada semana regresa y unos fierros más le paga,
pasa el tiempo
y él pegado a su cama,
promete un futuro
una vida lejos
y una casa,
pero un día cualquiera
ella lo ve abrazando a mujer delgada:
ropa fina
manos delicadas,
anillos en los dedos y sonrisa en la cara,
la soledad la abraza
y en una caja le entrega su alma,
se ve de niña en la cama
el llanto
el hambre riendo a carcajadas,
se encamina a su estancia,
en una viga hace dos amarras:
en una ella
y en otra su alma
mientras la soledad se aleja
y tras su espalda dos bultos penden
sin moverse cuando las risas de todos pasan y desvían la mirada.

Junio, 2008

María Celeste Vargas Martínez
Escritora y periodista mexicana (México, DF, 1976). Es licenciada en periodismo y comunicación colectiva por la UNAM. Es especialista en estudios sobre animación. Textos suyos han sido publicados en Ciberayllu, Ariadna, Destiempos, Remolinos y Caminos Abiertos, así como en la revista Visión Universitaria, entre otras.

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