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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


El Amparo o es difícil sostenerse en la verdad, a pesar de la rabia

Será por tu vivienda 
Hecha de ruinas y de misterios 
Porque rompías la roca 
Para ganarte un par de medios (…)

Una noche respeto 
Bajo y te puso bella corona 
Respeto de mortales 
Que muerto al fin te hizo persona

Papalote, Silvio Rodríguez

El pueblo de El amparo situado en la frontera de Colombia y Venezuela es pobre. La gente vive en casa muy modestas y sobrevive, empleándose en lo que puede. A veces en cosechas, otras son reclutadas para pescar. Un productor invita a los hombres de esa comunidad a pescar en el rio Arauca, próximo a la comunidad. Diez y seis aceptan la invitación al trabajo. Solo volverán dos, apodados Pinilla y Chumba. Los otros son masacrados por el ejército venezolano con toda impunidad, argumentando que se trata de un levantamiento guerrillero. Noticia que reproducen los medios de comunicación masiva en un primer momento, ante el desconcierto y la impotencia de la comunidad.

Se trata de la película El Amparo (Calzadilla, R, Venezuela- Colombia: 2016) que relata un hecho real sucedido, el municipio Páez del estado Apure, en 1988. El film recibió premios, sobre todo de las audiencias, en diversos festivales del mundo. La mayoría de los actores son de la misma comunidad en la época actual. También hay actores profesionales que fueron obligados por el director a estar y convivir en la comunidad para qué se lograra un proceso de mimetización.

El elemento de la pobreza atraviesa dolorosamente el film. La pobreza que quebranta familias y relaciones, que genera vicios e imposibilidades. Que hace aceptar cualquier labor, para llevar alimento al hogar. Que quebranta la verdad. Los sobrevivientes del hecho son tomados presos por el alguacil del pueblo, para protegerlos, de un segundo ataque. La voluntad de esta autoridad será clave para que los presos sigan vivos.

La vedad, sino histórica, si oficial en este caso se quiere sostener a cualquier costo y son enviados militares con altos rangos primero para tratar de persuadir a los presos sobrevivientes de que cedan. Después se intenta comprar voluntades con líderes locales. Algunas viudas aceptaran el dinero. Otras no. El último intento del gobierno será el del fiscal que intenta que firmen una declaración que no relata el hecho como sucedió. Los presos sobrevivientes se oponen y no firman.

Pinilla y Chumba vivirán en la también pobre cela el proceso en forma angustiosa. Abandonados de su familia. A veces se doblan y hasta pelean entre ellos. Llegarán diputados y la televisión, que también traen su propio juego e intereses. Al final los sobrevivientes del atentado militar deciden contar la historia, según la vivieron.

Lo cual, saben, que los pone vulnerables. Tendrán que ser refugiados políticos en México por largo tiempo, para mantenerse a salvo de una ejecución.

Lo que relata este film es la lamentable situación de los países de la América Latina, en la que a la condición de una gran cantidad de comunidades de escasos recursos y derechos humanos mínimos para vivir, se le tiene que sumar otras injusticias. Como lo vulnerables que son los pobres ante genocidios y masacres. Y que sobre ellos se intente construir verdades que justifique la violencia, el asesinato y la represión. Lamentablemente no es el único caso o tal vez —muy a nuestro pesar— no sea un caso aislado en nuestra historia latinoamericana. En este caso tuvo que intervenir los organismos de derechos humanos internacionales para lograr una justicia parcial muchos años después.

La escena final con el cortejo fúnebre de los muertos en cajas de madera rematadas con metal encierra una dignidad inmensa: la muerte vuelve a hacer personas a los muertos, como dice el trovador y poeta cubano.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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