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Orientación educativa

Decisiones

Adriana Hernández Sandoval


¿Por qué se debe cambiar la enseñanza de la literatura? Mirar más allá de la profesionalización docente

Resumen
La profesionalización docente resulta evidentemente necesaria para la enseñanza de alumnos insertos en la sociedad del conocimiento, de la modernidad líquida. El entorno social y cultural, además de las exigencias internacionales, demandan nuevas prácticas docentes. A la actualización en el ámbito disciplinar debe sumarse la profesionalización en aspectos didácticos. En este trabajo queremos evidenciar la necesidad de cambiar la perspectiva en la enseñanza de la literatura. Por un lado, poseer conciencia del entorno educativo; por otro, conciencia del ámbito; y finalmente conciencia del “arte de enseñar”. La conclusión de este artículo muestra algunos consejos que pueden seguir los docentes para mejorar su práctica

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Actualmente nos encontramos en un momento histórico muy interesante. Nuestra sociedad, llamada del conocimiento, se caracteriza por ser cambiante, inestable e incierta, diría Bauman (2006), dentro de una modernidad líquida. La educación, entonces, inmersa en este marco ha sufrido diversos cambios que en muchas ocasiones los docentes no han podido seguirle el paso, ni a la sociedad ni a la educación. Por ello, en esta ocasión quiero explicar que la profesionalización docente va más allá del aprendizaje de estrategias y técnicas didácticas aplicables en el aula. Profesionalizarse como docente es extender la mirada hacia la conciencia de tres aspectos ineludibles en la enseñanza: la conciencia del entorno educativo, del ámbito disciplinar, en este caso la literatura y finalmente del “arte de enseñar”.

Le estoy llamando conciencia, del latín conscientia, a la acepción cercana a la filosofía de Husserl, pues remite a darse cuenta del conocimiento de algo, con un carácter intencional; nos remite a pensar en el conocimiento de sí mismo (conciencia reflexiva), principalmente.

Consciencia del entorno educativo

En México vivimos un nuevo marco educativo en donde tanto el docente como el estudiante se ven expuestos a nuevas exigencias. Por un lado, exigencias externas como las políticas educativas internacionales que obligan a nuestros estudiantes a prepararse para presentar pruebas estandarizadas y así cumplir con el esquema previsto en el Plan Nacional de Desarrollo (PND). Estos mismos requerimientos presionan a nuestros profesores para evaluarse constantemente y así lograr un estándar de calidad nacional.
Por otro, exigencias internas. Nuestra sociedad ya no es la misma que cuando nuestros profesores asistieron a la escuela. Las exigencias laborales entonces no sólo consisten en actualizar conceptos disciplinares sino reconocer que enseñarán a estudiantes heterogéneos, renuentes al aprendizaje tradicional, conectados con un entorno digital, desinteresados de la academia y del desarrollo intelectual, desmotivados por vivir en un país con pocas posibilidades de ascenso.

Nuestro entorno educativo vive, entonces, una situación crítica. La influencia globalizada de una educación “de calidad”, en donde la estandarización nos destina a la formación de recursos humanos que saldrán directamente a cubrir los espacios necesarios en el ámbito laboral. Uno de los primeros obstáculos al que nos enfrentamos es la enseñanza de la lengua, ya que la adquisición también ha sufrido un cambio radical; al respecto Cassany afirma, “el contacto lingüístico entre niños y adultos ha disminuido cuantitativa y cualitativamente. Por lo tanto, los alumnos en los colegios tienen hoy en día un perfil lingüístico bastante diferente de los niños y niñas de hace unos años” (Cassany, p. 37)

A los docentes estas situaciones nos han afectado cercanamente; en especial a los de lengua y literatura en niveles medio superior y superior. Los cambios en la educación básica, como la falta de ejercicio en la adquisición del lenguaje y por consecuencia en el terreno de la comprensión lectora, repercuten en los niveles posteriores. La enseñanza de la literatura se ha visto afectada porque necesita de una base cognitiva, el desarrollo de competencias lectoras en los alumnos, para poder comprender los textos literarios.

Consciencia del ámbito disciplinar: la literatura
Quien piensa en enseñar literatura debe iniciar por las preguntas básicas: ¿Qué enseñar?, ¿cómo enseñar?, pero la primera y más importante ¿para qué enseñar literatura?

Nuestra modernidad líquida nos está llevando a fijar la mirada en la imagen; Bauman advertía que estamos frente a un futuro incierto y angustiante. Los mismos docentes, convencidos de que la enseñanza de la literatura nos sacará del atolladero, nos mortificamos cuando miramos la cantidad de personas renuentes a leer literatura. “Hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse, lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen; entre lo que ocurre y lo deseable” (Bauman, 2006)

Aún podemos defenderla. El docente debe ser conciente de la función socializadora de la literatura. En primera instancia por acercar al estudiante al aprendizaje de su lengua y por otro al hablar y reflexionar sobre el mundo. La literatura, dice Cerrillo, nos muestra los avances de la humanidad, sus injusticias, los peligros a los que nos enfrentamos, las diferencias, las culturas, las historias. Y en una perspectiva individual nos enseña sobre sentimientos, emociones, sueños, pasiones, tristezas, ilusiones, alegrías, derrotas. Hace que el lector perciba, “por medio de los ojos del escritor, es decir de ‘otro’ formas diferentes de expresar estados de ánimos comunes a todas las personas.” (Cerrillo, 2016. p.19)

El docente debe ser conciente, también, de la función sensibilizadora de la literatura, el goce estético que logra la internalización de las palabras llenas de imágenes, colores y sensaciones. De la función cultural que representa el comprender al otro, como dice Cerrillo; finalmente, la función simbólica para producir pensamiento crítico que en algún momento se concrete en el actuar.

De esta manera, las primeras preguntas planteadas arriba se contestan, de manera general con los planes y programas de enseñanza de la literatura; sin embargo, el docente define y puntualiza la manera de estudiar los textos literarios. La perspectiva curricular de la educación media superior propone enseñar historia de la literatura, pues presenta como contenido el recorrido de diversas obras a partir de un eje temporal. Basta revisar los planes y programas de la Escuela Preparatoria Nacional de la UNAM y el Colegio de Bachilleres Al respecto Lomas aclara:

Suele ser creencia general que, para “saber Literatura”, basta con conocer la Historia Literaria. Esto es tan erróneo como pretender que se entiende Pintura sabiendo cuándo y dónde nacieron los grandes pintores y conociendo los títulos de los cuadros, pero no los cuadros mismos. (Lomas, 2010, p.105)

Profesionalizarse en la enseñanza de la literatura consiste entonces, por un lado, en la actualización del ámbito disciplinar; por otro instruirse en conocimientos y prácticas didácticas que faciliten la enseñanza de la literatura. Para el docente, representa el dominio científico y metodológico de la disciplina que enseña, en este caso literatura, además debe adquirir la habilidad para convertir ese conocimiento disciplinar en conocimiento didactizado, esto es, para ser enseñado. (Miguel, 2007)

De esa manera, la profesionalización docente nos lleva a mirar la enseñanza de la literatura como una tarea gozosa en donde el docente puede cambiar su perspectiva tradicional por una nueva con “enfoques pedagógicos conciliados”: Ser al mismo tiempo Platón y los sofistas, para buscar la verdad desde el mundo de las ideas, pero negarse a reconocer una verdad como única, así como es la literatura; al mismo tiempo Hobbes, pensando en el orden o la disciplina y Rousseau para enseñar a probar la libertad de la lectura; ser Skinner y Freire; Dewey, Vygotsky, Freinet.
Usar herramientas tanto de unos como de otros, utilizar las corrientes pedagógicas en nuestro beneficio; concretar el concepto a partir de mirar al estudiante, su contexto, la vida cotidiana, el currículum y los contenidos. Esto sólo se puede lograr con el conocimiento teórico y práctico de la enseñanza, con la aplicación de estrategias y técnicas para asegurar, no sólo el aprendizaje epistémico, sino la adquisición de habilidades de pensamiento que lleven los estudiantes a mirar su entorno de manera diferente.

Conciencia del “arte de enseñar” literatura

Como literatos creemos cargar sobre nuestras espaldas el gran compromiso de conservar el legado literario mundial y por ello queremos enseñar el canon, la teoría literaria, las fechas de nacimiento y muerte de los autores, las corrientes literarias y que nuestros alumnos recuerden los nombres, los lugares donde se realizan las historias o los poemas. Sin embargo, olvidamos que, entre muchos objetivos, la literatura se disfruta, se reflexiona, se comprende.

Para lograr que nuestros alumnos logren esos objetivos primero debemos cerciorarnos de que poseen la competencia lingüística, comprenden lecturas diversas, poseen un léxico variado, pueden expresar lo leído de manera oral y escrita con suficiente habilidad como para hacer llegar el mensaje correctamente.

El docente de literatura, entonces, debe profesionalizarse primero con el conocimiento de la enseñanza de la lengua. A pesar de que en la preparación básica se privilegie el enfoque comunicativo, generalmente el objetivo es que el alumno adquiera competencias para comunicarse en diversos ámbitos, pero el trabajo de comprensión lectora se queda en la superficie. Se busca velocidad lectora, las preguntas de comprensión se reducen a que el estudiante busque la respuesta textual, pero no hay trabajo de discernimiento, de interpretación.
Éste, bajo la perspectiva que venimos presentando, consiste en uno de los cambios más importantes en la profesionalización del docente, enseñar a leer para poder enseñar literatura. Colomer nos dice al respecto:

El lector competente se había definido desde distintas perspectivas como aquel que sabe “construir sentido” de las obras leídas, Y, para hacerlo, debe desarrollar una competencia específica y poseer unos determinados conocimientos que haga posible su interpretación en el seno de una cultura. (Colomer, 2005, p. 38)

Nuestro alumno debe conocer una cantidad de conceptos lingüísticos para cumplir con el desarrollo de la competencia lectoescritora. No sólo Cassany, también Camps, Colomer y Carlino establecen que para leer primero se necesita el dominio del código y luego la búsqueda de sentido. (Cassany, 42-43)

La enseñanza de la lectura es un instrucción ineludible y obligatoria en todos los niveles educativos. Leer consiste en un proceso complejo (biológico, cognitivo, semiótico) que varía con respecto a la madurez cognitiva y a los intereses educativos y del estudiante. Por otro lado, la enseñanza de la literatura tendría que observarse como una herramienta de crecimiento, de apreciación placentera y de desarrollo de pensamiento crítico.

De esta manera, el docente no debe limitarse a aprender la aplicación de estrategias y técnicas para la enseñanza de la literatura, a diseñar material didáctico, a manejar las TIC o a cambiar las clases expositivas por el aprendizaje colaborativo, en realidad debe primero cambiar su estructura mental en cuanto a la enseñanza de la literatura.

Cierro entonces con algunos consejos que sintetizan lo que he venido explicando:

1) Conoce tu entorno educativo, revisa las políticas educativas, mira a tu alumno. Antes de criticar las Reformas, el Sistema educativo, o un alumno, conócelo.

2) Actualízate en el conocimiento literario, también inscríbete a cursos de profesionalización docente.

3) Mira la literatura desde una perspectiva diferente, tu trabajo es lograr que tu estudiante comprenda las lecturas para que ame la literatura.

4) Tu único compromiso no es que el alumno conozca la historia de la literatura, sino que viva la historia, la cultura, la sociedad, la existencia humana que lee en los textos literarios.

5) Fíjate como principal objetivo que tus estudiantes piensen, critiquen, decidan y usen, tanto sus habilidades lingüísticas como su competencia literaria para cambiar su entorno.

En conclusión, la profesionalización docente resulta necesaria para enfrentar los retos de la educación actual. La competencia docente incluye, además del basto conocimiento disciplinar, una gran cantidad de habilidades y destrezas que pretenden enseñar literatura y todo lo que ella conlleva. El docente que enseña a leer literatura tiene el mejor trabajo del mundo porque su principal tarea es enseñar a pensar a sus estudiantes.

Referencias
Bauman, Z. (2006), Vida líquida. Barcelona. Paidós Ibérica.

Cassany D. y otros (2002). Enseñar lengua, Barcelona; Graó.

Cerrillo, P. (2016) El lector literario. México: FCE.

COLBACH. (2014) Programa de estudios: Lengua y literatura I, consultado el 2 de febrero 2018, https://www.cbachilleres.edu.mx/cb/reforma_integral/2014 /tercer_semestre/AFB/Lengua_Literatura_I.pdf

Colomer, T. (abril 1995). La adquisición de la competencia literaria. Revista Textos de Didáctica de lengua y literatura, núm. 004, La Educación Literaria, Madrid: Graó.

Colomer, T, (2005) Andar entre libros. La lectura literaria en la escuela, México: FCE.

Larrosa, J. (2003), La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. México: FCE.

Lomas, C. (2010). Cómo hacer cosas con palabras, vol. II, Barcelona: Paidós.

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Miguel, G. (julio, 2006) Hacia una profesionalización de la docencia universitaria, Pamepedia, núm 3, Universidad Veracruzana, consultada febrero 2018, en https://www.uv.mx/pampedia/numeros/numero-3/4-Hacia-una-profesionalizacion-de-la-docencia-universitaria.pdf

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UNAM. (2016). Planes de estudio de la Escuela nacional preparatoria, consultado el 2 de febrero de 2018, “http://dgenp.unam.mx/planesdeestudio/index. html”

Adriana Hernández Sandoval
Egresada y profesora de tiempo completo de la Universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa (UAM-I) Línea de investigación: Didáctica de la lengua y la literatura

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