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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


El final de todo, un periplo inconsistente

No es necesario imaginar el fin del mundo en el fuego o el hielo. Hay otras dos posibilidades: una es el papeleo, y la otra es la nostalgia.

Frank Zappa

En la ya larga lista del cine catastrofista o postapocalipsis, en el que las formas de vida en el mundo y en particular la especie humana se ven amenazadas —cinematográficamente hablado— de muchas formas distópicas, podemos citar las causas de esa violenta amenaza en algunas cintas, curiosamente casi todas anglosajonas, la culpa tiene formas ignoradas de manifestarse. Así encontramos terremotos, erupciones volcánicas y maremotos como en la cinta 2012 (Emmerich, R, EUA: 2009); por el cambio climático como en El día después de mañana (Emmerich, R. EUA: 2004); por la evolución de otra especie como El planeta de los simios; Re-evolución (Wyatt, R. EUA: 2011); por la irrupción de un virus como en Epidemia (Petersen, W. EUA: 1995) o Exterminio (Boyle, D. Inglaterra: 2003) o Doce monos (Gilliam, T.EUA:1995), Soy leyenda (Lawrence, F. EUA: 2007); causada por la infertilidad de la especie humana como Niños del hombre (Cuarón, A. Inglaterra: 2006); por un gran impacto de un asteroide como en Buscando un amigo para el fin del mundo (Scafaria, L: EUA: 2012) o Armagedón (Bay, M.EUA, 1998); debido a el choque de un cometa como en Impacto profundo (Leder , MEUA: 1998) o un planeta como en Melancolía (Lars von Trier, Alemania-Dinamarca-Francia-Suecia: 2011); la transformación de humanos en zombis como El amanecer de los muertos (Snyder, Z, EUA:2004) o La noche de los muertos vivientes (Savini, T.EUA: 1990); también por ataques extraterrestres como Oblivion (Kosinski J.EUA: 2013) o Sector 9 (Blomkamp, N. Sudáfrica: 2009) Día de la independencia; la larga cadena de películas sobre la guerra nuclear final como Juegos de guerra (Badham, J. EUA:1983), La carretera (Hillcoat,J: EUA: 2009) Cartas de un hombre muerto (Lopushansky K. URSS:1986), Mad Max II (Miller , G: Australia: 1981), Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba (Kubrick S. Reino Unido-EUA: 1964) o, Guerra mundial Z (Forster, M, Reino Unido–EUA: 2013), etc. La lista es incompleta y será motivo de otra entrega apuntar hacia otras películas y causas de la hecatombe.
Por lo anterior, no debe asombrar que ahora la plataforma televisiva Netflix que transita a convertirse en monopolio de la trasmisión y ahora de la producción de contenidos, decida hacer una apuesta a este tipo de subgénero cinematográfico con la presentación de la cinta El final de todo (Rosenthal D. Estados Unidos: 2017). Apuesta fallida y deslucida de significatividad, pero evidencia de que van por todo, hasta el final. Por lo menos en cuanto a negocio de entretenimiento planetario se refiere y al cual se suscriben las audiencias en forma activa, pero acrítica. En la primera parte la película se sostiene gracias al increíble actor Forest Whitaker, después cae al vacío de la incredulidad.

En la película las primeras imágenes no son claras, parecen residuos de una explosión volcánica. Conforme se acerca la toma vemos un feto que se mueve en el vientre materno tomado con un ultrasonido que ahora da una imagen nítida del producto. Los padres, Sam y Willy, reciben la noticia de una ginecóloga que tendrán un hijo varón, en una clínica en Seattle. La noticia catapulta la decisión de formalizar en un matrimonio la relación. Por lo que Willy se tendrá que trasladar a Chicago para pedir a la mano de Sam a un alto mando retirado de la Marina, que tiene un fuerte carácter y poco aprecio por su yerno. La vista resulta un rotundo fracaso. Como se puede observar el arranque de la cinta no dista mucho de los cientos de películas norteamericanas que hemos visto a lo largo de la existencia. Pudiera haber caminado hacia una comedia romántica sin mayor problema.

El giro conceptual hacia el apocalipsis vine después del fracaso de la pedida de la mano. Willy habla con Sam y en eso comienza a haber problemas. Esta indefinición de algo que pasa, pero no se sabe con precisión qué, acompañara el resto de la película. Solo sabemos que en Seattle ha sucedido algo que rompió la tranquilidad. El futuro padre, desesperado, sale hacia el aeropuerto en el que se suspenden los vuelos. Busca a sus casi suegros para encontrar una solución.

La cinta se centra en el largo recorrido que realiza el exmarine y el novio de Sam, para rescatarla. De Chicago a Seattle por más de tres mil kilómetros. Es la parte más larga y rica de la película en la que presenciamos una sociedad caótica y con muy pocos valores. Es decir dos o tres grados arriba de la normal. Las normas, las reglas y el orden social están desbordado. Piloto y copiloto pasean por un mar de violencia: intentos de seducción que ocultan robos, asaltos, robos, accidentes, policías que cierran carreteras, policías falsos, mecánica de ascendencia asiática que es incorporada al equipo por sus habilidades, huida de la gente hacia el norte, porque nos vamos medio enterando, nunca bien, que toda la costa oeste de Estados Unidos ha sido afectada, Todo esto para que al fin se logre el ansiado encuentro. Está de más decir que resulta poco creíble este encuentro y la sobrevivencia de Sam, ante una ciudad de Seattle totalmente incendiada y destruida.

El fin, no de todo, sino el filme es entre abierto y fatalista, júzguelo usted con la pareja que huye a toda velocidad, mientras una nube de humo les trata de dar alcance. Como a lo largo de la cinta se sugieren hipótesis más cercanas a una mente racista que a una explicación, ya no digamos científica, sino lógica, la huida final ya es lo de menos.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

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