6090_movimientos_estudiantiles_al
LA CLASE

Tema del mes



Movimientos estudiantiles en la historia de América Latina IV (Libro IISUE)

Introducción

MOVIMIENTOS ESTUDIANTILES Y LÍDERES ESTUDIANTILES EN AMÉRICA LATINA DEL SIGLO XX: EL ESTADO DE LA CUESTIÓN

En el marco de las acciones políticas antidictatoriales de finales de los años veinte y de los movimientos masivos que acompañaron el arranque definitivo de la industrialización en América Latina se destacaron nombres inmediatamente identificables como los de antiguos dirigentes estudiantiles vinculados a la ola de reformas universitarias iniciada en 1918 en Córdoba, Argentina.

Esto no quiere decir que las respectivas opiniones públicas nacionales fueran más allá de constatar la existencia del fenómeno. Casos como el del político ideólogo Víctor Raúl Haya de la Torre en esas décadas, o el de Felipe Herrera, en la coyuntura de comienzos de la década de 1960, están entre los más visibles. En la segunda posguerra los países latinoamericanos pasaron de ser el “continente del futuro” a formar parte de un cúmulo definido por su condición de “países subdesarrollados”. Ya en el momento en que Herrera fue presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (bid) y esa institución comenzó a perfilarse como la principal financiadora de los sistemas de educación superior en el subcontinente, los estudiantes, al lado de los militares y los miembros del clero en general se encontraron entre los grupos más estudiados por la nueva sociología del desarrollo.

Esta disciplina quería establecer cuáles eran los obstáculos objetivos y subjetivos para salir del subdesarrollo y cuáles los grupos sociales capaces de fomentar o liderar este proceso. Lo interesante es que esa sociología, con sus métodos de cuantificación o hasta de observación participativa, con su interés por las estructuras económico sociales, estuvo ciega ante lo que fue el acontecimiento. El acontecimiento escapaba a sus enfoques. Y de ese modo, el acontecimiento 1968 en Brasil y México, en su realidad y su complejidad, escapó a los análisis de una sociología que no podía entenderse como ciencia de lo inmediato.

Solamente después de la institucionalización académica —ya sea desde el punto de vista la pedagogía de las ciencias sociales o de los estudios acerca de la historia de la universidad en los países latinoamericanos — los movimientos estudiantiles históricos pasaron a ser objeto de investigación, construidos como tales de diversas maneras. Dentro de sus enfoques apenas después de los cambios globales posteriores a la caída del muro de Berlín comenzó el interés, siempre de manera cuantitativa, en los líderes de esos diversos movimientos.

En la preparación del simposio que dio origen a este libro, al establecer el estado de la investigación, sus organizadoras comprobamos que todavía no se ha realizado lo que en nuestra época posibilitan las computadoras: el manejo de datos estadísticos, estudios prosopográficos, biografías colectivas de quienes comandaron esos movimientos. Los datos disponibles son parte de historias orales que nos pueden asegurar que, en algunos casos, dirigentes de federaciones de estudiantes pudieron llegar (en menos de diez años) de concluir sus estudios universitarios al despacho de ministros. O contarnos de líderes estudiantiles que se arreglaban ante grandes muchedumbres como si fueran artistas de un performance o grandes cantantes de rock. Pero el conocimiento que puede aportar la prosopografía todavía no está disponible.

El otro camino que queda abierto, y en el que tampoco se han dado mayores pasos, es aquél que en el enfrentamiento entre los enfoques macro y micro, la microhistoria no garantiza pero por lo menos promete: en primer lugar que los que no tienen voz, es decir quienes no pasan de ser aparentemente más que los “contemporáneos” de los grandes protagonistas, tomen rostro, perfiles y voz; en segundo, es factible entender continuidades y discontinuidades en las carreras y en las vidas de esos llamados protagonistas principales.
Con ese doble horizonte, una prosopografía de la que no disponemos pero que quisiéramos tener, y un enfoque microhistórico en donde la pequeña historia del movimiento estudiantil y la pretendida gran historia de los respectivos países se tocan, vinculan y superponen —piénsese en el caso cubano alrededor de 1956-1964, por ejemplo—, se ha convocado a un muy selecto grupo de especialistas a participar en este libro.

Ellen Spielmann

Libro completo, descargar aquí

Agregar comentario