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Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


Decisiones inteligentes

El escepticismo que suele reflejarse en la gente cuando desde el mundo académico llegan advertencias sobre los riesgos que corre la humanidad, debido a los excesos y errores de la gestión del planeta, es más un acto reflejo que racional.

El argumento más “tranquilizador” para esas mayorías es que muchas veces se han anunciado cataclismos que nunca se concretaron, y “siempre” se han hallado soluciones a los problemas extremos que se han presentado.

Es una forma de simplificar la realidad que no nos ayuda a percibirla en su real dimensión.

El asunto ambiental más concluyente es el cambio climático. La humanidad está incidiendo directamente —y como nunca antes— en el incremento del calentamiento del planeta, con consecuencias negativas. No cabe duda científica alguna. Los hechos están a la vista en todo el globo. A pesar de ello hay que subrayar que los cambios son lo suficientemente lentos como para que los notemos en nuestra cotidianeidad, pero al mismo tiempo son lo suficientemente rápidos para que la vida de nuestro planeta le cueste adaptarse a ese ritmo.

¿Qué va a pasar? No lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que cuanto mayor sea la magnitud de problema, más elevado será el precio a pagar.

Días atrás se publicó en estas páginas un comentario referido al libro “La especie humana. Los caminos para evitar la extinción” (National Geographic) de Marc Furió y Pere Figuerola.

Los autores advierten que la pérdida de biodiversidad es otro de los megaenemigos de la supervivencia humana, porque nuestro bienestar depende directamente de que haya muchas especies viviendo en el planeta, interaccionando entre sí, pues garantizan que las relaciones ecológicas se mantengan, y ello asegura un equilibrio esencial para la vida de los seres humanos.

Naciones Unidas ya ubica la pérdida de la biodiversidad en el 58% de la superficie terrestre, superando el umbral considerado “seguro”.

Algo parecido a lo que está sucediendo con el cambio climático.

Para ayudar a la comprensión del peligro que conlleva la extinción acelerada de especies —y aún la declinación poblacional de muchas de ellas— podría simplificarse con un ejemplo extremo. Imaginemos que estamos volando en un avión el cual va perdiendo pequeñas piezas o componentes de su estructura. ¿Cuándo dejará se ser seguro? ¿Hasta cuándo logrará concluir exitosamente su trayecto a pesar de su deterioro?

Las dos principales variables que con urgencia debemos controlar (estabilizar) son: el nivel de consumo y la población. Es que ya somos muchos y algunos consumimos demasiado. Imaginemos por un instante el colapso que ocurrirá si lográramos que la humanidad alcance pleno acceso al consumo de bienes y servicios.

El sentido común dice que, lo más pronto posible, debemos demostrar en las grandes y pequeñas decisiones, toda la inteligencia que tenemos para estabilizar la población humana y nivelar el consumo de recursos para que todos vivamos dignamente.

Confiemos una vez más en el conocimiento científico que es una de las capacidades humanas que nos hacen sentir más orgullosos.

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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