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Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


La Sequía: otro fantasma recorre el mundo

Los senderos son ásperos. Los montículos se cubren de retamas. El aire está inmóvil. ¡Qué lejos los pájaros y las fuentes! Tiene que ser el fin del mundo, si avanzamos.

“Iluminaciones” (1886), Arthur Rimbaud

El cine que propone imágenes y narrativas de lo que quedará de la humanidad y el mundo natural y construido, después de cataclismo o la hecatombe planetaria es una de las categorías que hemos seguido persistentemente desde hace tiempo. Las diferentes cinematografías de los distintos países muestran que solo hay dos escenarios posibles ante la crisis ambiental (de la que han dejado huella muchos documentales que también hemos sistematizado): el apocalipsis o la sustentabilidad.

En ambos futuribles son, también, muy variados las posibilidades. En la sustentabilidad van desde sociedades “felices” con las necesidades satisfechas para todos para hoy y mañana, viviendo en naves o en satélites más allá de la Tierra, en los que parece que el conflicto social y ambiental ha desaparecido, hasta retornos al paraíso perdido y sueños de una granja de autoconsumo.

También en las cinematografías apocalípticas o distópicas, con futuros desesperanzadores o indeseables, que van de la ausencia de alimentos, pasando, por mundos inundados de agua o de eterno invierno, o desiertos infernales con tribus armadas que se exterminan, unos a otros, en la lucha por la comida o la energía y su posesión. Son películas en las que se encendió la mecha de la violencia y ésta desencadeno un la tercera guerra mundial o un gran conflicto. Lo que vemos es lo que quedó de la especie humana y su entorno después de la tragedia. Del mismo modo, comienza a ser grande la muestra de estas cintas.

En la película La Sequía ( Mostafa, A. The Worthy, Emiratos Árabes: 2016), todo comienza con aventón que le da un conductor de un tráiler, en una carretera, a un descocido —un hombre mayor— que le pronostica el terrible mundo que se viene; lleno de grupos violentos y peligrosos como los que él llama bandera negra. Tiempo después, ya instalados en ese mundo sin civilización, vemos al mismo conductor, metido en lo que fue una fábrica de aviones con sus dos hijos jóvenes-adultos y unas cuantas personas más, resistiendo encerrados, en una comunidad escasamente armada, la amenaza externa de muchos que ven en esa fortaleza en ruinas el recurso natural, más preciado: el agua que se acumula en un tinaco. El agua se fue agotando en el exterior y la que queda está contaminada.

Al interior de esa pequeña comunidad hay claves y reglas para el bien común y la sobrevivencia que se cumplen a cabalidad: un lugar para las armas, racionamiento de agua y alimentos, medidas para entrar y salir de la fortaleza, etc.

Pero las cosas cambian dramáticamente cuando dejan pasar a su castillo de ruinas a dos forasteros que, a su vez los ayudan ante la invasión inminente de otros en apariencia mucho más violentos. Las consecuencias funestas de esta decisión terminarán con este grupo de sobrevivientes para siempre. La cinta habla del liderazgo (la dignidad de la que habla el título original), de las consecuencias de ayudar a los otros y de resiliencia ante la carencia de casi todo.

No es una película totalmente acabada, con un final abierto que deja muchas dudas y una trama que no se decide entre las persecuciones, la acción violenta y un suspenso futurista, pero si es una muestra de que el cine distópico está siendo realizado en todas partes del globo, como los país árabes en este caso, tal vez porque el fantasma del final de un mundo como lo conocemos recorre ya las almas y las cinematografías del planeta en forma inevitable.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

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