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Laura Poy Solano


Plan institucional en ciencias busca dejar atrás modelos neoliberales

Más que la competencia, resalta la importancia de la colaboración y el diálogo entre investigadores.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) tendrá un nuevo diseño institucional con el que se pretende cambiar paradigmas neoliberales que han estado vigentes por casi tres décadas. Se plantea crear un acuerdo de cooperación científica que más que competencia entre grupos, e incluso deslealtad, buscará construir ambientes de solidaridad y diálogo, así como la inclusión de los saberes ancestrales de los pueblos originarios y un mayor papel de las humanidades y las ciencias sociales en la solución de los grandes problemas nacionales, entre otros retos.

Vamos a cambiar de un modelo de competencia a ultranza a un modelo de cooperación y solidaridad sustancial, un poco aprendiendo de nuestros pueblos originarios que hacen tequio para todo y así resuelven los problemas. Los propósitos comunes nos llevarán a converger, mientras que está competencia a ultranza muchas veces nos lleva a simular, incluso a caer en fraudes, aseguró Elena Álvarez-Buylla Roces, quien encabezará el organismo autónomo desde el próximo primero de diciembre.

La experta en genética molecular —con relevantes aportaciones en el estudio de la ecología evolutiva del desarrollo—–, fundadora de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y galardonada con el Premio Nacional de Ciencias 2017 en el campo de las Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales asegura en entrevista con La Jornada que hay un mandato de más de 30 millones de mexicanos que están cansados de un modelo económico y político neoliberal que ha generado muchos más problemas y contradicciones que avances. Por eso vamos a impulsar las ciencias, las tecnologías y las humanidades por la vida y la regeneración nacional.
—¿Cuál es su diagnóstico del Conacyt y de los principales desafíos para el sector?
—El nuevo Conacyt ya está generando una convocatoria a nivel nacional para que investigadores de todas las áreas, humanidades, ciencias, tecnologías, incluidas desde luego las ciencias sociales con una posición importante, sostengan un rico diálogo para diagnosticar los grandes problemas nacionales, pero también para ver cómo podemos aportar.

Esta conversación, que es imprescindible, nos va a conducir a un nuevo diseño institucional de esta consejería nacional científica y humanística.
—¿La toma de decisiones será más colectiva?
—Será más cooperativa, menos impuesta, menos cupular y menos patriarcal. También hay una cuestión de género pendiente; de concurrencia de las humanidades y las ciencias sociales que han estado muy desatendidas.

“Queremos el conocimiento como guía, porque hoy está en segundo plano, aunque parezca paradójico. Es la forma del quehacer científico de las tecno- ciencias donde hay intereses, prioridades del mercado, donde existen grandes corporaciones dictando ciertos lineamientos científicos.
—¿Es posible escapar a los intereses de mercado en el desarrollo de la ciencia y la tecnología?
—Se debe reforzar con mucho más apoyo institucional, financiero, de articulación y de libertad a la ciencia de frontera. Las bolsas que han existido para hacer ciencia de frontera, incluidas las humanidades, se han atomizado, fragmentado, y a veces incluso corren el peligro de desaparecer.

“Hay grandes grupos de científicos, en todas las áreas del conocimiento, que no tienen apoyo para hacer investigación de frontera aunque tengan la capacidad para hacerlo. Tenemos que generar un nuevo mecanismo para apoyar con contundencia a la ciencia de frontera, que es esencial para cualquier país.

“En esta frontera del conocimiento está también viva una forma de generar conocimientos que es tradicional en los pueblos autóctonos de este país. Cómo hacer converger y dialogar de una forma virtuosa con el sector privado estos dos modos de generación de conocimiento: es una gran pregunta.

Apropiación social del saber

—¿Enfrentamos la privatización del conocimiento?
—En el entorno neoliberal, inclusive del mundo capitalista, está el énfasis de hacer del conocimiento una mercancía más. Se iguala protección con privatización. Hay que hay repensar otras formas de apropiación social de esa tecnología y ese conocimiento. Pienso que podrían ser empresas solidarias, sociales, nacionales, revitalizar industrias destruidas por el neoliberalismo que necesitan una base científica y tecnológica.
—¿Qué papel tendrá el conocimiento generado por los pueblos originarios?
—Sería un error muy profundo asumir un cargo de consejería científica sin una responsabilidad de establecer un diálogo profundo y respetuoso con estos saberes, donde necesariamente se reconozca como se merece esta capacidad de generación de conocimiento autóctono.
—¿Cuál será el vínculo con la iniciativa privada para el impulso a la ciencia y la tecnología?
—Es imprescindible tomarlos en cuenta. No creo que debamos desdeñar el potencial papel virtuoso de la iniciativa privada.

“Y así como hacemos una invitación colectiva a las comunidades científicas y autóctonas a este diálogo, lo hacemos a los interesados en emprender o que ya tengan empresas de base tecnológica y que tengan soluciones a problemas a generar relaciones virtuosas.

Hay muchos ejemplos exitosos, pero también debemos reflexionar sobre cómo podemos evitar esta gran transferencia de recursos públicos al sector privado, a manera de piñatas, sin consolidación ni articulación con áreas prioritarias o ramos imprescindibles que ya tienen capacidad instalada, y que realmente generen una derrama social para México.

—¿Cómo vincular a las ciencias con los grandes desafíos?
—Los temas prioritarios son los que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha puesto sobre la mesa: medicina preventiva, sustentabilidad ambiental, agua, basura, resolver el problema de seguridad y violencia en el que estamos viviendo, pero también es poner a la persona, la naturaleza, la vida por enfrente. Queremos un desarrollo, pero no a costa de, sino en favor de.
—¿Habrá cambios jurídicos en el Conacyt?
—Hay una propuesta de ley y algunas otras (iniciativas) que necesariamente tendrán que alinearse al programa de gobierno que se está articulando. Este proyecto de ley lo impulsó el actual director general del Conacyt, Enrique Cabrero Mendoza, con la cooperación de quienes están en los órganos de consulta del sector, pero no sé qué tanto diálogo comunitario hubo, porque sí ha habido esta concertación cupular, probablemente, pero no sé qué tanto se ha podido dialogar. Habría que revisarla con mucho cuidado en términos de las opiniones de sectores más amplios.
—¿El Conacyt se descentraliza?
—El consejo ya está descentralizado de cierta manera. Es una entidad que, gracias a las administraciones pasadas, se descentralizó en este conjunto de centros públicos de investigación y también están las universidades que son valiosísimos centros de investigación. Por eso estamos viendo un Conacyt multicéntrico, con dos súper nodos, por ahora, pero esperamos que vayan emergiendo otros.

Uno estaría en La Paz, Baja California Sur, y otro en Ciudad de México. El compromiso del presidente electo es hacer un polo importante de trabajo del Conacyt en La Paz, pero probablemente en CDMX tiene que quedar una parte sustancial de la administración del consejo.
—¿Qué papel tendrán los jóvenes investigadores en esta transformación del sector?
—Mantendremos un apoyo decidido a los estudiantes. Además, se debe resolver de una manera más clara y menos punitiva, con menos incertidumbres y con criterios rigurosos, el apoyo que merecen, porque vamos a convocarlos para que sean parte de esta construcción colectiva.

Periódico La Jornada, Sábado 25 de agosto de 2018, p. 5

Laura Poy Solano

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