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Sala de Maestros

Cartas entre maestros

Laura Rangel Reguera


Un ángel en el CENDI

Morelia, Michoacán, México, ciudad colonial y patrimonio cultural de la humanidad, conocida también como la ciudad de la cantera color de rosa, es el lugar en donde se encuentra ubicado el CENDI SEP #7, espacio educativo que presta servicio a los hijos de las madres trabajadoras de la Secretaría de Educación en el Estado atendiendo las áreas pedagógica, asistencial, psicológica, dental, trabajo social, alimentación y atención médica. El servicio se da a niños de los cuarenta y cinco días de nacidos hasta los seis años de edad.

Yo soy Laura Rangel Reguera, Asesora Técnica Pedagógica de la Oficina de Investigación y Desarrollo del Departamento de Educación Inicial de la Secretaría de Educación en el Estado de Michoacán.

La siguiente experiencia es algo que recordaré siempre: el día en que una señora llegó a solicitar el servicio para su pequeño hijo que por azares del destino estaba inscrito en la escuela de neuro-motores porque hasta ese día su mamá no había podido lograr que lo aceptaran en alguna institución “regular”. ¡Qué difícil es poder hablar de ello sin que las fibras más sensibles se muevan!

“Es que me dijeron en el otro CENDI que viniera al 7 porque aquí tienen niños hasta con síndrome de Down”, dijo la mamá de Ángel a la persona que la recibió cuando llegó a solicitar una cita con la directora del lugar.

Era una mañana de arduo trabajo en el CENDI, siendo yo educadora frente a grupo estaba en una reunión en la dirección, hubo necesidad de salir a la sala (así se le llama en el nivel a las aulas en donde se trabaja con los niños), justo en el momento en que la mamá del niño estaba hablando.

Ella tenía la intención de cambiar de escuela a su pequeño hijo porque decía que no tenía daño cerebral, sólo era su impedimento físico y estaba en neuro-motores porque no había logrado que estuviera en una escuela regular y quería integrarlo porque de lo contrario podría ir quedando rezagado por no tener estimulación acorde a sus habilidades.

Habló con la maestra Olga (directora del CENDI) y acordaron que iría personal del CENDI a conocer al niño a la escuela en la que estaba inscrito y fue así como lo conocimos. Nos llamaron a dos educadoras de salas diferentes: una era yo, la que tenía la sala de Maternal III que le correspondía de acuerdo a su edad cronológica y la otra era la de la sala del grupo integrado por edad menor a la que él tenía; también fue Rosy la psicóloga y Lupita la jefa de área pedagógica. Hay una distancia muy corta entre las dos escuelas, será una cuadra escasamente, así que fuimos caminando, era un día muy soleado, se escuchaba el cantar de los pájaros y a lo lejos el helicóptero de la Procuraduría General de Justicia que también está cerca de ambas escuelas. Eran las diez de la mañana cuando estábamos entrando a la escuela de neuro-motores, el personal de ahí hizo una breve sensibilización para nosotras que consistió en hablar de las características y habilidades de Ángel antes de pasarnos a conocer al niño y ver las actividades que es capaz de realizar a pesar de sus grandes limitaciones físicas. Lo vi colorear, armar rompecabezas con gran habilidad y cantar, pero me invadió una sensación extraña cuando vi como hacía para trasladarse de un lugar a otro, se me llenaron los ojos de lágrimas y entonces pensé:
—¿Cómo es posible que nos pasemos la vida renegando y quejándonos de lo que tenemos y de lo que no tenemos, cuando hay tan cerca de nosotros personitas que de verdad tienen un motivo para sentirse en desventaja?

Lo que vi primero fue poco comparado con lo que observé a la hora del desayuno y es que

Ángel no puede caminar porque tiene malformación en la cadera y sus piernas están dobladas a la altura de las rodillas, para trasladarse hace uso de sus posaderas a manera de piernas y se apoya en las rodillas para avanzar; en sus brazos los ligamentos no funcionan, ni en los dedos, ni en los codos, por ello le cuesta hacer las cosas pero lo consigue casi todo; lo que no puede es valerse por sí solo para comer o ir al baño, aunque tiene perfecto control de esfínteres no le es posible por su daño físico y usa pañal para amortiguar el golpeteo de sus asentaderas al trasladarse.

Ese día ver cómo comía fue superior a mis fuerzas: lo sentaron en una silla chica y le colocaron un plato con cereal en una mesita alta para que pudiera doblarse a tomar de un plato con popote integrado, sólo se tomó la leche y el cereal remojado lo dejó; pude ver cómo le hacía falta comer cosas sólidas, porque de lo demás que le dieron nada era de masticar todo era blando. Era muy delgadito.

De regreso al CENDI hablamos con la directora, se le explicó en qué condiciones estaba el niño y la psicóloga dio su opinión al respecto. Con esos elementos la maestra tomó la decisión de que el niño ingresara al CENDI sin problema alguno, sólo había que esperar el tiempo que llevara el trámite para efectuar el cambio de plantel. De esta manera, antes de que Ángel ingresara al CENDI, se realizaron reuniones por áreas con todo el personal que laboraba ahí: educadoras, asistentes educativas, equipo técnico, área de cocina y mantenimiento. Esto para sensibilizarlos y pedir su apoyo ya que se trataba de una labor muy grande que había que realizarse entre todos y no sólo entre el personal de la sala. Sin embargo, a pesar de ello, hubo quienes manifestaron su inconformidad con el argumento de que no se les podía obligar a trabajar en condiciones diferentes con algún niño.

Afortunadamente para Ángel ese grupo (mínimo por cierto) no logró convencer al personal y se pudo integrar al niño. De esta manera se construyeron rampas para sillas de ruedas y se le pidió a su mamá que llevara una, además de una sillita con descansabrazos para protegerlo de caerse de las otras.
Posteriormente tras haber hecho lo anterior, tocó el turno de hablar con los niños de la sala:

—Vamos a tener un compañerito nuevo, que no puede caminar y va a necesitar que todos le ayudemos para que él pueda estar a gusto y contento con nosotros.

—Laura ¿por qué no puede caminar?— preguntó Xenia con toda la curiosidad propia de su edad.

—Porque está enfermo y no puede mover sus piernas, vamos a tener una silla para poder llevarlo al baño, al comedor y a todos los lugares a los que vayamos.
—¿Cuándo va a llegar?— preguntó Axel.

—En unos días, sólo hay que esperar a que todo lo que ocupa esté aquí para que él esté bien y no vaya a lastimarse. ¿Puedo contar con ustedes para que sean amiguitos?

—¡Síííí! Contestaron a coro los niños.

El día que finalmente llegó ese ángel al CENDI los niños lo recibieron con gran entusiasmo, todos querían tenerlo cerca, le querían ayudar, le ofrecían cosas, pero él estaba triste:

—Extraño mi otra escuela—me dijo—y a mis amigos y a mis maestras.

Le dije que si nos dejaba tenerlo un poco de tiempo con nosotros y no le gustaba, que entonces podríamos llevarlo otra vez a su otra escuela (como él decía).

Tener un niño con capacidades diferentes es realmente difícil en cuanto a organización: se requiere llevarlo al baño entre dos personas para que una lo sostenga y otra pueda bajar su ropa, mientras que para comer, se asignaba diariamente a una persona para que estuviera al pendiente de darle de comer en la boca, porque además empezó a comer cosas sólidas y aprendió a masticar empezando con comida de la que se prepara para los bebés y poco a poco se le fue integrando en el menú de los niños de su edad por lo que muy pronto se empezó a poner cachetón y pesado.

Así pasaron los primeros días que fueron verdaderamente difíciles, después sólo quería que lo atendiera Sarahí, que estaba embarazada:

—Yo quiero que me dé de comer la que tiene el niño adentro— decía cuando era otra persona quien le daba de comer, y así se hizo los primeros días, aunque poco a poco se fue integrando al grupo, al personal de la sala, a los niños de los otros grupos y al resto del personal. La economista Mari Carmen, que pasaba todos los días a preguntar cómo había comido e incluso a darle de comer, ilustra la forma recíproca en que se acoplaron Ángel y todo el personal.

Con los niños en la sala, pasó algo que sinceramente no esperaba: lo acosaban de tal manera que él empezó a morderlos cuando se le acercaban porque lo abrazaban y lo apretaban mucho. Cuando eran actividades en el suelo, lo sentaba sobre un colchón porque me daba miedo de que perdiera el equilibrio y se lastimara. Fue cuando me quedó claro que tiene un excelente equilibrio y que sólo se caía cuando los niños se acercaban a abrazarlo y besarlo y que por eso los mordía, no se caía, ellos lo tiraban. Costó trabajo que los niños entendieran por qué los mordía pero finalmente se pudo superar como otras muchas cosas.

Es hijo de padres divorciados, vive con su mamá pero su papá participa con ellos en todo lo que Ángel necesita; hablando de los papás vale la pena mencionar que los de los otros niños no mostraron resistencia alguna por su integración al grupo, al contrario hubo incluso algunas felicitaciones por la decisión tomada para integrarlo a un grupo regular.

La carga de trabajo se incrementó en gran medida porque en todas sus actividades tenía que estar alguien ayudándolo: colocar el material en sus manos, cambiarlos, darle de comer, llevarlo al baño, trasladarlo a los lugares que visitábamos y llevar su silla.

Una de las cosas más difíciles fue el hecho de que nunca hubo visitas del departamento de educación inicial, de educación especial o de neuro-motores a darnos ningún tipo de asesoría acerca de cómo hacer para manejar todas las situaciones que se presentaban con el niño. No sé si hice lo correcto con él o no, pero finalmente quedó con la conciencia tranquila porque en equipo logramos que Ángel se integrara y fuera feliz en su nueva escuela; que disfrutara de la oportunidad de convivir con niños que reciben estimulación acorde a su edad y necesidades, porque las actividades se planeaban con adecuaciones para que pudiera desarrollarlas. Cabe mencionar que Ángel no era el único niño con características diferentes y todos recibían atención según su condición.

Para la temporada navideña empezamos con los ensayos de la pastorela, él participaba con entusiasmo, se sabía todo el número y pensé que estaba todo bien, gran sorpresa el día del evento: durante la participación se inquietó mucho, se puso nervioso y empezó a llorar, una de las asistentes educativas estaba cerca de él y me preguntó:

—¿Qué hago?

—Sácalo y quédate con él para que se tranquilice.

Cuando lo estaban sacando del escenario los aplausos para él no se hicieron esperar, pero no dejaba de llorar. Entendí después que era su primera participación en la que sobresalía por su condición física y que seguramente estaba muy angustiado.

Siguió todo con normalidad y con el transcurso de los días adquirió más y más confianza, trabajaba igual que los demás, apoyaba como otros niños a los que no podían con alguna actividad diciéndoles cómo, daba excelentes instrucciones para armar rompecabezas, para que pintaran con colores variados, descubrimos que le gustaba la música, cantar y bailar. Dejamos de “protegerlo” de los demás niños porque aprendieron qué podían y qué no hacer con él. Se acostumbró a ver constantemente personas desconocidas que, de manera permanente, entraban y salían de la sala. Y así el tiempo pasó y llegaron los ensayos para el festival del día de la madre.

—¿Te gustaría participar bailando?— le pregunté.

—Sí— me respondió con gran seguridad —Quiero que mi mamá me vea.

Al mismo tiempo que él adquiría confianza se me presentó la oportunidad de hacer una permuta a oficinas centrales, justamente un día antes del festival me dieron la liberación del CENDI con el compromiso de ir al festival como educadora del grupo. A la hora de nuestra participación, Ángel me sorprendió porque estuvo excelente en su traje bailando flamenco y el público una vez más lo llenó de aplausos, alcancé a ver que su mamá lloraba y justo en ese momento me arrepentí del trámite de permuta. ¿Qué no es todo esto lo que nos llena de vida en cuestiones laborales?, ¿cómo comparar estos momentos con trabajar entre papeles? El número terminó y se acercó la directora al micrófono para decir algo que yo no esperaba:

—Quiero agradecer a la maestra Laura los años de servicio que permaneció en el CENDI, quiero decirles que a partir de hoy no trabajará más con nosotros.

Me tomó por sorpresa lo que estaba pasando, al bajar del escenario muchos papás me abordaron porque desconocían que me iba a ir, preguntaban por qué y eso vino a reforzar el arrepentimiento que sentí durante el festival, —¿qué hice?— volví a pensar. Entonces se acercaron los papás de Ángel a agradecerme lo que habíamos hecho por su hijo, me dijeron también que habían conseguido que lo vieran en el CRIT de Guadalajara y que lo iban a empezar a llevar.

No sé si hice lo correcto pero lo hice con el corazón. Estoy consciente de que eso no es suficiente pues para lograr una verdadera integración educativa se hace necesario que se dé apoyo por parte de las autoridades y el personal capacitado para esos casos especiales. Creo que conseguí que Ángel se integrara gradualmente y con tranquilidad a una escuela regular pero reconozco que con muchas limitaciones. Es aquí cuando uno piensa en lo mal que está el sistema de educación, la falta de organización para dar seguimiento a este y a los miles de casos que seguramente existen; es cuando uno se pregunta sin cesar ¿cómo le hago para ayudarlo en lo que él necesita? Tenía claro que ante todo quería que estuviera tranquilo y fuera feliz con lo que lo rodeaba pero, por otro lado, me inquietaba la idea de que le estuviera haciendo falta estimulación para mejorar su condición física sin embargo hicimos lo que pudimos y sobre todo fue con el corazón. A esta edad los niños necesitan más que contenidos de un programa, requieren de calidad y calidez en el trato diario que reciben de quienes lo rodean.

Actualmente Ángel está en una escuela oficial cursando segundo año de manera regular, esto después de que en una escuela particular realizaron todos los trámites requeridos y a última hora les dijeron que no lo podrían recibir porque no tenían personal para atenderlo. Tuve oportunidad de platicar con su papá y la maestra que lo recibió con buena voluntad y ganas de querer ayudarle. Con esto queda demostrado que es posible que estos niños reciban las mismas oportunidades que los demás, él disfruta de los deportes igual que cualquier niño de su edad, sólo que también ha aprendido que él es diferente y así lo explica. Me contó que juega BOSIA, una actividad deportiva que se desarrolla sobre silla de ruedas y en los días en que pude verlo estaba por irse a Puebla a un torneo.

Ahora cuenta con el apoyo de la gente que lo rodea; en la escuela han adaptado rampas, están trabajando en sanitarios apropiados y le hicieron una pequeña tarima con rampa que juega el rol de pupitre y le permite subir o bajar según su necesidad, es de madera y esto lo protege de estar tanto tiempo sentado en lo frío. Su maestra está orgullosa de sus logros, dice que dicta al mismo ritmo para todos y Ángel no necesita de tiempos extras o consideraciones para realizar las mismas actividades que el resto del grupo.

¿Hasta cuándo vamos a dejar de preocuparnos y mejor ocuparnos de que estos niños tengan la misma oportunidad que los demás?

30/sep/2011

Laura Rangel Reguera
Es maestra de preescolar en el Estado de Michoacán

maria josefa jasso torres. 20 de Octubre de 2011 20:49

Hola. Soy la mamá de Angel y realmente estoy muy agradecida por todo lo que de él expresa la maestra Laura. Gracias infinitas a TODO el personal del CENDI 7 que siempre lo apoyó. A TODO el personal de la Escuela Primaria Pdte. Lázaro Cárdenas donde Ángel cursó la primaria. Les comento con mucha satisfacción que actualmente Angel cursa 1° de secundaria y cada día tiene logros nuevos.Él ha sido un claro ejemplo de que no importa las dificultades que se presenten,siempre hay que luchar por slir adelante. GRACIAS A TODA LA GENTE QUE LO HA APOYADO. DIOS LOS BENDIGA

Ruth Salazar. 21 de Octubre de 2011 00:04

Realmente es inspiradora esta historia, en el Jardin donde trabajo como maestra de ingles, este ano se convirtio en un Jardin Integrador, el ciclo escolar pasado hubo 3 ninos con necesidades educativas especiales, pero este ano ya se esta recibiendo apoyo de la UAP y son nueve los ninos con NEE, espero que nuestros ninos tengan un final exitoso como el de Angel.

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