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Usos múltiples


Arturo Sánchez Jiménez


Hay avance en ciencia y tecnología, pero no al ritmo de otros países

En las últimas décadas México ha logrado avances en materia de ciencia, tecnología e innovación (CTI), pero no a la velocidad que el país requiere y, ciertamente, con menor celeridad que otras naciones, incluso en Latinoamérica, de acuerdo con científicos y universitarios.

En el documento Hacia la consolidación y desarrollo de políticas públicas en ciencia, tecnología e innovación, entregado esta semana al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, por diversas universidades, centros de investigación y academias científicas, señala los indicadores que dan cuenta del rezago en el país en este ámbito. Por ejemplo, la inversión en CTI medida a través del gasto de investigación y desarrollo experimental (GIDE), en México es del alrededor de 0.5 por ciento del producto interno bruto, que resulta bajísimaque haya sólo tres investigadores por cada 10 mil habitantes, o que el país sólo consiga 400 patentes por año.

Todo esto da cuenta de algunos de los grandes retos que enfrenta la nación para hacer frente al futuro en una economía basada en el conocimiento y la innovación, se considera en el texto elaborado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y otras 85 escuelas de educación superior como el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad de Guadalajara y la Academia Mexicana de Ciencias.

Consideran que por eso es preciso fortalecer el sistema de ciencia, tecnología e innovación, lo que pasa por modificaciones a las normas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y a las leyes, entre otras medidas.

En el documento, se señala que si bien en los años recientes se ha conseguido aumentar el número de personas dedicadas a labores de CTI –el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) llegó a 28 mil integrantes en 2018, 70 por ciento más que en 2010), la estructura del sistema y los criterios que nos han llevado a la situación actual no son los más adecuados para impulsar y aprovechar ese crecimiento.

Por ejemplo, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) tuvo entre 2016 y 2018 un recorte presupuestal de 28 por ciento y los fondos destinados para apoyar la ciencia básica y rubros relacionados con la investigación científica han disminuido en términos constantes cada año, pues su capacidad adquisitiva tiene enormes efectos por la inflación o devaluación; a su vez, los proyectos de infraestructura no pueden responder a las necesidades, cada vez mayores, de esta población creciente de investigación.

Un caso notorio son los catedráticos Conacyt, cuya contratación representa una iniciativa para retener personal altamente calificado (casi mil 300 en todo el país en los recientes cinco años), pero que en la práctica ven notoriamente disminuidas sus posibilidades de desarrollo ante los recortes del presupuesto operativo en investigación.

Un obstáculo que identifican los científicos es que de 2015 a 2018 la participación del Conacyt en el presupuesto relacionado con CTI ha pasado de 43 a 34 por ciento. En términos de estructura de gobernanza y de manejo de recursos, el tema central es el liderazgo que debe tener en el sector, según el documento. Concluimos que difícilmente el Conacyt puede actuar como cabeza coordinadora de la CTI si no dispone de los mecanismos articuladores y del presupuesto para programas estratégicos.

La próxima directora del consejo, María Elena Álvarez-Buylla, dijo esta semana a La Jornada que tendrá un nuevo diseño institucional.

Periódico La Jornada Domingo 26 de agosto de 2018, p. 30

Arturo Sánchez Jiménez

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