Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


Educación: des-cosificando al sujeto

César Labastida Esqueda medita mientras hace fila en el supermercado. Ve los artículos acumulados en el carrito. Una cantidad impresionante de objetos de consumo. Objetos preparados adecuadamente para ser utilizados sin mayor complicación, hasta por un niño. Recuerda aquel ensayo de los años ochenta, escrito por Rubert de Ventós en el que explicaba cómo el hombre había constituido un mundo para resolver sus necesidades, más que para comprenderlo. En lugar de designar “azúcar” al sobre que contenía ese producto, afirmaba el filósofo catalán reflexionando a bordo de un avión, lo etiquetaban con “para el café”, dándole prioridad al uso antes que al nombre.

Mientras avanza la fila de carritos llenos de productos posmodernos, el profesor César continúa en sus disquisiciones. Todo en la tienda está prefabricado para infundir el consumo, para estimular la compra de objetos, para despilfarrar la vida. “No sólo se ha cosificado la naturaleza”, piensa evocando a Sartre, “también se ha cosificado el hombre”. Y en medio del supermercado experimenta una depresión que cosifica su alma. ¿Cosificación de la subjetividad?

Entonces, el profesor “objetivado” intenta replantearse la subjetividad humana, aunque parezca y suene tautológico. Percibe, a pesar de su actual condición, que la subjetividad y la educación tienen múltiples puntos de contacto. La educación, supone César, es un proceso que nace, en forma común, externamente, casi siempre asociado a una intención, un propósito o un proyecto. En la educación formal, las instituciones, los contenidos y por supuesto, el maestro, juegan un papel en forma considerable. Pero esa educación se enlaza con un universo interno: la subjetividad de quien recibe este proceso educativo. La subjetividad es interna, pero se alimenta intensa y permanentemente de otros sujetos y otros universos como la cultura, lo simbólico y, por supuesto, la educación.

Ahora, César Labastida se pregunta: ¿cómo es que la intersubjetividad, muchas veces cosificada, del proceso educativo, puede hacer que trasciendan los seres humanos? ¿Cómo se puede constituir una subjetividad desde un contexto educativo que objetiva al hombre y a la naturaleza?

César se encuentra en un escollo, sin embargo, al observar los objetos de consumo que lleva en el carrito del supermercado, descubre algunos que le son significativos: un par de libros y unas películas en dvd.

El profesor Labastida sabe que esos objetos no sólo enriquecieron su pensamiento, cultura y sensibilidad, sino también la de sus alumnos; gracias a esos objetos culturales, luego de ver una película o leer algún capítulo de un libro se le ocurrían actividades para trabajar en sus grupos escolares. Siempre intentando desafiar la subjetividad de sus alumnos. No siempre lo lograba. Pero cuando un estudiante, lograba relacionar lo que César compartía, él sentía que había valido la pena esa clase. ¿Es así cómo la educación puede generar subjetividades trascendentes? ¿Es así cómo podemos “des-cosificar” (o des-objetivar) al hombre y la naturaleza?

—Buenas tardes. ¿Encontró todo lo que buscaba? —le pregunta una cajera desde una subjetividad adiestrada.

—No, señorita, lamentable, o afortunadamente, aún no encuentro todo lo que ando buscando… —responde César Labastida, impugnando los códigos de barras que identifican objetos y sujetos en ese supermercado.

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Agregar comentario