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LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


Educación, cultura ciudadana y elecciones

Una escuela que no promueve la transformación es una escuela muerta, una institución arcaica que solo reproduce los saberes, en el mejor de los casos, y que frecuentemente corta las alas a la creatividad, el análisis, la imaginación y la aspiración humana y legítima a ser mejores.

Frecuentemente, en la escuela, en la casa y en el ámbito laboral, se nos educa para obedecer y para actuar conforme a la ley. En efecto, ¿qué sería de una sociedad sin leyes? Pero, también es válido aceptar las tesis de Thoreau o las ideas de Gandhi, respecto a la no observancia o incluso a la desobediencia civil, cuando las leyes son injustas. Ahora intento ir un poco más allá tomar de pretexto a estos dos personajes: ¿Debemos educar para el respeto irrestricto de la ley o para la construcción de espacios más justos y equitativos? ¿Qué responsabilidad tiene la escuela en la formación de individuos clasistas, intolerantes, racistas y excluyentes? ¿Debemos educar en la competencia o para la convivencia? ¿Se cultiva la democracia en las escuelas o solo el apego a la ley? ¿Es justa la ley e injusta su aplicación? ¿Qué clase de expectativas podemos incubar en las escuelas? ¿Cómo se fortalece o se degrada la condición ciudadana en las escuelas?

Estas preguntas y sus posibles respuestas están en la lectura de cada uno de nosotros, como maestros y como ciudadanos, en la tremenda responsabilidad que tenemos para transitar a una sociedad incluyente, democrática y justa. Y no solo palabrería hueca, sino, más bien, pienso en una palabra que recupere su credibilidad al estar acompañada de acciones que le confieran sentido.

La sociedad, el país que nos toca vivir en este primer tramo del siglo XXI, es el país del horror, la mentira, la impunidad, la aplicación discrecional de la ley, la modificación de ésta para beneficio de unos cuantos y en detrimento de la mayoría oprimida.

Llegar a las elecciones de este primero de julio es la esperanza de millones hartos de políticas y reformas lesivas e indignas. El pueblo dice: ya basta. ¿Estaremos en la ruta adecuada? ¿Quién puede trazarle la ruta a un pueblo miserable, golpeado, engañado una y otra vez? Si el pueblo se equivoca, aun así es preciso validar esa decisión. Digo esto con la más profunda ironía, porque el discurso de los iluminados, nos machaca, una y otra vez, que esa no es la dirección y que el camino correcto se encuentra en la amarga medicina que venimos tomando desde hace años y que, lejos de observar mejoría, nos pudre por dentro cada vez peor.

La democracia -si realmente vivimos en un país democrático – es el respeto a la decisión de la mayoría y la incorporación de la voz y los derechos de las diferentes minorías. Un principio fundamental en un auténtico estado de derecho es no interferir, contaminar o sesgar las decisiones hacia determinado candidato o partido político.

En una escuela debemos fomentar el respeto a las diferentes opiniones, debatir asuntos de interés público, resolver las diferencias mediante el diálogo, construir puentes para los acuerdos en el grupo sin menoscabo de los que piensen de otra manera.

La escuela debe ser el gran laboratorio social en el que se acepte que formamos parte de un todo, pero que ese todo no se mueve de manera vertical y sin libertad, sino que es un todo articulado con independencia de sus partes. Las pequeñas decisiones y problemas que se han de ventilar, deben contribuir a enriquecer o transformar la vida democrática de las comunidades y de la nación entera.

Si no lo hacemos así, más lento será el tránsito hacia el país que merecemos todos, sin excepciones. La decisión que tomemos este 1º de julio debe ser acatada por la autoridad, porque de lo contrario traerá problemas aún mayores. Si el pueblo se equivoca solo el tiempo lo dirá, no podemos negarle a éste sus más elementales derechos ciudadanos.

La fatalidad anticipada en la que muchas voces colocan a nuestro país en caso de que gane MORENA, no puede ser sino constatada o refutada en los hechos. Si otro partido o candidato gana, también debemos respetar la decisión de la gente. Sin embargo, el margen en las encuestas es tan amplio que otro resultado despertaría no las suspicacias sino el descontento social lo que sería de gravísimas consecuencias.

En síntesis, ahora no es tiempo de pensar, en lo inmediato, en la importancia de la educación en la conformación ciudadana y en la posibilidad de transitar hacia el país que merecemos, quizá con otros partidos, otras siglas, otros candidatos, eso solo habremos de resolverlo entre todos. Ahora, en la coyuntura actual e inminente, debemos acudir en masa a votar para empezar a respirar otros aires, al menos sentir que el voto es respetado.

Que quede muy claro, a nadie se le está concediendo un bono abierto y sin cortapisas, no, si la esperada transición ocurre, seremos los más puntuales observadores y críticos de su función como gobernantes. Nada está escrito, pero tampoco, nada está perdido de antemano

Al momento de escribir estas líneas desconozco el resultado de las elecciones en México del 1º de julio de 2018. Espero que la transformación ocurra o, al menos, se intente. Lo primero que debe hacer un ciudadano es acudir a votar, recuperar la esperanza y ser parte de la transformación anhelada por millones de mexicanos.

Votemos, cada uno en la soledad de la mampara y la urna, pensando en la importancia que tiene nuestro voto y en el país que queremos y merecemos. Es saludable que pensemos distinto, es la razón de la democracia.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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