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LA CLASE

Tema del mes

Alejandro Saldaña Rosas


El segundo lugar en el tercer debate

El martes 12 de junio es la fecha del tercer debate presidencial, en esta ocasión desde la ciudad de Mérida, Yucatán. Toda vez que la distancia entre Andrés Manuel López Obrador y el segundo lugar (Anaya o Meade) es enorme, la dinámica del tercer encuentro es previsible: AMLO a cuidar su gran ventaja, sin arriesgar mucho pero procurando afianzar algunas ideas ancla en temas que le son cómodos (pobreza, desigualdad), mientras que Anaya y Meade se mantendrán en el guion de costumbre: atacar al puntero con afán de hacerlo tropezar para tratar de bajarlo en las preferencias electorales. El Bronco, por su parte, seguirá en su papel de perrito de circo amaestrado.

Las circunstancias en las que arriban los candidatos al tercer debate son determinantes para perfilar no solo su participación del martes 12, sino para (re)orientar la campaña en su última fase. El Peje a la alza con plazas a reventar en cada ciudad o pueblo en el que se presenta, en lo que ya podemos identificar claramente como un amplio movimiento nacional que ha logrado encauzar el hartazgo ciudadano en una perspectiva de paz y reconstrucción institucional. Anaya con una tendencia en caída libre acicateada por los videos que exponen a la luz la corrupción que ha empañado toda su campaña, así como por las luchas intestinas en el Frente que lo postula. Meade con un ligero repunte en las tendencias luego de su aceptable desempeño en el segundo debate y de haber logrado captar parte del voto anti AMLO, sin embargo, el repunte equivale a mover un dedo debajo de la pesada loza que significa la animadversión que provoca el PRI y sus partidos mascota. El Bronco sin gloria y sí con mucha pena.

De no presentarse alguna situación inédita, el tercer debate no cambiará las tendencias electorales. No obstante, hay tres datos altamente preocupantes que podrían descarrilar el proceso electoral.

En primer lugar la evidente confrontación entre Ricardo Anaya y Peña Nieto. Lejos de ser un conflicto personal, en realidad se trata de un choque entre grupos de poder con gran poderío económico, muchos intereses que defender, muchos más que ocultar por su presunta implicación delictiva (como lavado de dinero, por ejemplo). En otras palabras, no estamos ante una disputa entre políticos profundamente corruptos, sino ante un choque de trenes de grupos de poder con sólidos lazos con la delincuencia internacional. Estos grupos no lograron conciliar sus diferencias para postular a un solo candidato, por lo que ahora se enfrentan en la arena electoral. Peligroso escenario, sin duda.

En segundo lugar, la pausa de cuatro días en la campaña de José Antonio Meade: difícil pensar que a menos de veinte días de la elección el candidato del PRI decide tomarse unas breves vacaciones. Tampoco es verosímil que la pausa sea para preparar el debate del día martes, en todo caso con un día, o dos a lo sumo, sería suficiente. No, no es verosímil y menos tratándose del PRI cuyas mañas, trácalas, chanchullos, triquiñuelas e ilegalidades son bien conocidos: son parte de su ADN. Una pausa de cuatro días (tres antes del debate y uno después del mismo) huele, apesta a conciliábulo para afinar el fraude electoral en marcha. Es altamente probable que Meade esté reunido en su cuarto de guerra preparando el debate del martes…. mientras el PRI afina su maquinaria electoral: los gobernadores y presidentes municipales promoviendo y realizando la compra de votos, los delegados federales dispersando dinero y recursos con precisión de francotirador, los “operadores políticos” amenazando y coaccionando, los mapaches electorales mapeando los distritos y asignando responsables por sección y hasta por casilla, los porros de confianza organizando a los golpeadores, los sicarios de los medios preparando entrevistas y columnas a modo, los bots colocando tendencias favorables, los líderes de los tres sectores apretando las tuercas a sus agremiados. El estilo del viejo PRI pues, que es el mismo de siempre. Si un 10 de junio de 1971 asesinaron a decenas de estudiantes con el pretexto de la lucha contra el “comunismo”, hoy afinan estrategias para la lucha contra el “populismo”. Es exactamente lo mismo.

El tercer dato altamente preocupante es el rol de las autoridades electorales y su pasividad actuante. El INE y la FEPADE permanecen omisos, cuando menos, ante la flagrante violación de la legalidad electoral. Los árbitros electorales han estado sospechosamente pasivos (o pazguatos) ante el caudal de evidencias de que la elección del 1º de julio está viciada de origen: padrón poco confiable, errores inexplicables con el voto en el extranjero, duplicidad de credenciales, llamadas telefónicas infundiendo miedo, empresarios coaccionando a los trabajadores de sus empresas, entre las más visibles. Además de la aceptación tácita de la compra del voto a través de tarjetas, entrega de programas sociales, compra de copias de credencial de elector (en Veracruz el precio llega hasta los 5 mil pesos), entre muchas otras formas de violentar la normatividad electoral. La omisión del INE y la FEPADE es actuante por cuanto permite perturbar la voluntad ciudadana a través de mecanismos extra electorales.

Al alero de los tres datos anteriores es fácil colegir que el “ganador” del tercer debate es (desde ya) José Antonio Meade Kuribreña. La estrategia es previsible hasta la risa: colocar a Meade en segundo lugar en las preferencias electorales para impulsar por vía fraudulenta un final de foto finish y que gane por .56% o menos. O bien, reventar la elección a través del fraude cibernético para que sea imposible determinar un ganador y obligar a otra elección, con los grupos de poder reagrupados en una candidatura única.

De no estar en marcha un fraude electoral de proporciones mayúsculas ¿qué caso tiene preocuparse por quién ocupa el segundo lugar? En México no hay segunda vuelta y quien “gana” el segundo lugar en la elección presidencial no ocupa cargo alguno, por lo que la atención por el segundo lugar sólo puede interpretarse a la luz del fraude posible (y en marcha). Esto es, la relevancia del segundo lugar estriba en su protagonismo en función del fraude. Y aunque Meade está a 20 o 30 puntos de AMLO (depende las encuestas) el régimen apuesta al fraude mediante el posicionamiento artificial del priista en el segundo lugar gracias al tercer debate. La pelea por el segundo lugar es la lucha por quién será el protagonista del fraude electoral.

Hay otro dato crucial que escasamente ha sido puesto de relieve: el mundial de fútbol de Rusia. Una vez instalados en el mundial la atención ciudadana hacia las elecciones forzosamente tenderá a decaer, por lo que el fraude podrá cocinarse sin tanto mirón. Mire usted qué casualidad: Meade suspende su campaña cuatro días: sábado 9, domingo 10 (no se olvida), lunes 11 y miércoles 13. El debate es el martes 12 de junio, la inauguración del mundial es el día 14. Meade descansa el 13. ¿Coincidencia? No lo creo.

Todo apunta a que Meade (en el segundo lugar luego del tercer debate) crecerá artificialmente en las preferencias electorales (a la sombra del mundial) hasta llegar muy cerca de AMLO, al tiempo que Anaya continúa su descenso. En ese escenario, el fraude al estilo mexiquense será inminente.

La pregunta no es si habrá fraude o no, sino ¿les alcanzará?

En mi opinión, no. ¿Qué piensa usted?

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Alejandro Saldaña Rosas
Sociólogo. Profesor investigador de la Universidad Veracruzana

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