Educacion_y_cultura_politica
LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


Educación y cultura política

Lo que pasa en las redes sociales y lo que se comenta en las calles y diferentes espacios públicos, son la muestra de que hay un genuino interés por lo que pasa en el país, por el posible desenlace, por las eventuales consecuencias de votar o no votar, de votar por equis candidato o por equis plataforma política. Ahora, podría decirse, la gente posee una mayor cultura política; habla más, luego entonces, sabe más.

Eso parece, a simple vista, pero lo que ocurre, desde mi muy modesta opinión, es que hay mucha información pero pocas veces se contrasta o filtra adecuadamente. La información corre, de acuerdo al interés particular del medio o partido que la promueve. Es, en varias ocasiones, información sesgada que pretende influir en la opinión pública. Ya Habermas hablaba de la importancia de una opinión pública que trascienda el lugar común y cuya participación y voz realmente influyan en el devenir político. No es así, no al menos en México.

Desde la ‘calidad’ de los políticos hasta la forma en que la gente traduce los significados del discurso, hay una historia que tiene una base estructural y otra que compete a cómo no hemos sido educados para la lectura acuciosa del acontecer político. Hay una pobreza económica de gran parte de la población que se convierte en presa fácil de un asistencialismo sexenal (cubetas, tinacos, playeras, despensas, tarjetas); esa misma gente, por su ignorancia y precariedad no es, en el fondo de todo, la verdadera responsable de su incultura política (y de todo tipo) ni de su cooptación por parte de políticos y políticas sin escrúpulos, cuyo interés real es preservar el poder o acceder a él, a costa de lo que sea para conservar o incrementar sus riquezas y privilegios que les confiere el poder. La palabra política y su significado original han perdido su significado, su esencia. Lo político es lo público, el asunto de todos, la acción, la palabra, el compromiso común. Ya no es así, la política se ha convertido en la franquicia para manipular, explotar, engañar y vender espejitos falsos.

Así, es común que lo importante sea la imagen antes que la trayectoria, la plataforma y las ideas. En el año 2000 una sociedad harta de la hegemonía priísta se volcó en favor de un candidato hueco pero que parecía cercano a la gente por su discurso populachero y por su imagen distinta al cartabón tradicional de los políticos vigentes. El resultado ya lo conocemos: se perdió la oportunidad del cambio por la sencilla razón de que el candidato y su partido no lo representaban.

En 2012, recuerdo con pena que mucha gente, aun la que se suponía tenía una preparación profesional solvente, votaron por Peña Nieto porque “está guapo”. Increíble, pero cierto. No es necesario referir el estado actual de México para reflexionar un poco la importancia que tiene la formación de una conciencia política, por hoy lejana.

Ahora, en el umbral del sexenio, el hartazgo es aún mayor, pero seguimos en la lógica del lugar común. Descalificamos personajes o encumbramos otros basados, más que nada, en prejuicios, imagen o en lo que leemos en las redes sociales. Éstas juegan un papel importante por cuanto a la capacidad y velocidad para la difusión y socialización de ideas, y acontecimientos. Pero depende mucho de qué tipo de informantes son los que nos llegan y qué capacidad tenemos para filtrarlas, asumirlas o eliminarlas. No todos tienen la capacidad para discriminarlas adecuadamente.

La escuela juega un papel importante en la conformación o deformación de la cultura política. Los medios nos han ganado la batalla en esta lucha desigual, pero eso no obsta para ponernos a recapacitar y actuar en ese sentido. ¿Qué podemos hacer para preparar a los futuros ciudadanos’ ¿Qué otro tanto podemos hacer con los que ya lo son?

Tanto en educación básica como en media superior y superior, es importante recrear la política, sus discursos, intereses, plataformas, personajes, trayectorias. Al recrear esa realidad, estaremos formando opinión (no sesgada al interés del profesor), daremos cauce al debate informado del que surjan ideas que sustituyan a los prejuicios. Contrarrestaremos la noticia e información manipulada y que obedece a intereses concretos. Transitaremos del lugar común a la opinión fundamentada y, eventualmente, a la decisión mayoritaria que modifique el lamentable estatus en que nos encontramos.

Es difícil pronosticar el tiempo y los alcances de semejante tarea. Es complicado luchar contra una casta que se ha apoderado del país y que nos ha convertido en vasallos o súbditos; debemos recuperar nuestra condición ciudadana. Por lo mismo, es inaplazable que entendamos nuestra labor como maestros en la reconstrucción de un país en ruinas.

Votar no es solo sufragar cada tres o cada seis años, votar debe ser el ejercicio responsable, comprometido e informado para mejorar cada vez. Por lo pronto, el hartazgo de la gente pudiera ser el paso siguiente para votar y hacer valer la decisión de la mayoría. Estamos a muy pocos días de saber el resultado, crucial para cambiar o seguir en el lamento, el lugar común y la esperanza por los suelos. Al tiempo.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

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