Empacadores
Usos múltiples


Gabriel García Ayala


Tribulaciones de un empacador

Cansado de buscar un empleo formal, un amigo muy querido tuvo que enfrentar la humillación, según él, de vivir de las dádivas. Se empleó como empacador en un súper mercado: “El primer día llegó muy contrito a esperar instrucciones. Una vez que le asignaron una caja se puso nervioso ya que no sabía cómo empacar los productos adquiridos por los clientes.

Un primer problema, no podía abrir las bolsas de plástico; la mercancía se acumuló en el mostrador. El cajero continuaba lanzando: pan, fruta, bolsas de frijol, de haba, azúcar; carnes frías, pescado… Apenas estaba terminando cuando el cajero avisaba al siguiente cliente que pasara, y mi amigo aterrado frente a tantísima mercancía que seguía acumulándose. Como pudo terminó de empacar lo que compró el primer cliente, pero éste ni siquiera dio las gracias, claro, él mismo lo reconoce, no están obligados a dar moneda alguna. Empecé mal, pensó. Finalmente, después de hora y media, le asignaron a otra caja. Esta vez con un compañero, quien amablemente le enseñó los secretos del embalaje. En una bolsa la carne roja, en otra el pescado, en otros químicos como los limpiadores, en otra los lácteos. Además de lidiar con el embalaje es preciso soportar el mal carácter de los clientes. Algunos muy amables y espléndidos: otros muy groseros y tacaños, que cuando mucho le aventaban algunas monedas de cincuenta o diez centavos. Finalmente, después de cuatro horas se retiró. Acumuló $260.00. Uno de sus compañeros le dijo que no estuvo mal para ser el primer día. Esa noche no pudo dormir a causa del dolor de sus tobillos. Recalcó que ni cuando corre los diez kilómetros se había sentido tan cansado como los primeros cuatro días de esta experiencia laboral”.

Tomado del libro inédito y de retrasada aparición: Apuntes de juventud y otros escritos pos mortem.

Gabriel García Ayala

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