Narcocultura
Tarea

Poesía coral

Patricia Ramírez Callejas


Narcocultura

“Seguidos por hombres fuertemente armados en trocas que traen la carrocería gruesa igual que visita lleva su comando porque para disparar tienen destreza no faltan traidores que salgan al paso pero sus sicarios le dan para abajo si atacar lo intentan (…)”

—Te presentamos en la música nueva de la “Z”: “Estilo de vida” de Calibre 50. Sin duda tendrá mucho éxito.

Benjamín Rojas escuchaba la radio mientras viajaba apretado, medio sentado y soportando el peso del de al lado que venía dormido, en una combi camino a la universidad.

—Caray—pensó—¿Esta es la nueva música que está de moda? ¿Acaso los jóvenes perdieron el sentido de lo bueno y lo malo? ¿O es que yo estaré muy atrasado en la nueva cultura que se vive en México?

Y de pronto un “frenón” de la combi mandó a Benjamín junto con otros pasajeros, hasta el suelo.

Al fin y después de viajar en ese transporte público tan caro —$16.50 directo— y deficiente, arribó a la universidad para comenzar con sus clases. Caminaba hacia el salón y eran las 7:15 am porque para variar había mucho tráfico, cuando escuchó por los pasillos:

“Muevo mota, soy traficante me busca el gobierno, quieren agarrarme, las bazucas y las calaveras, las granadas, cuernos y pecheras protegen la plaza, todos al grito de guerra (…)” un joven traía su música a todo volumen y se dirigía al sanitario.

—Otra vez esa música, ¡qué miedo!— pensó otra vez Benjamín.

Continuó con su día normal, leyó cuentos, dio teorías, comió, platicó y salió de la universidad después de 8 largas horas de clase.

Se dirigía a Echegaray para tomar esas pequeña, incómoda y cara camioneta que lo llevaría a su hogar cuando un carro negro, de esos grandes y que se ven poco en lugares como ese, con un motor que daba miedo y vidrios polarizados, frenó junto a Benjamín cerrándole el paso. Benjamín volteó para ver qué sucedía y sin más le abrieron la puerta trasera y una voz seca, firme y nada amigable que estaba acompañada por un “cuerno de chivo” le dijo —Súbete&#8212:. Él descontrolado e impactado obedeció aquella voz sin cuestionar nada.

Con un motor furioso el carro arrancó metiéndose entre los carros y Benjamín estaba entre dos encapuchados que tenían cada quien, un AK-47. El pánico invadía a Rojas pero el disimulo fue más fuerte. La tensión crecía más y más y el Camaro negro corría por la autopista, nadie decía nada sólo la música retumbaba en los oídos de Rojas.

“500 caballos de fuerza, manejo un Camaro y soy de Culiacán, me gusta el whisky, las viejas, las armas, carreras, la velocidad (…). Viejas pa’ tirar pa’rriba y amigos de sobra, gente apalabrada, los corridos suenan, la banda retumban, el vino y la mota traen la paniqueada (…)”. Y las listas de reproducción eran interminables como los kilómetros que recorrían en aquel auto.

Por fin, cuando la luna brillaba en el cielo y el silencio de la noche era abrumador, el Camaro detuvo su motor y los cuatro encapuchados bajaron y rápidamente metieron a Benjamín a una casa, no se veía nada. Todo eso transcurrió y ni una sola palabra de nadie.

Cerraron la casa y encendieron las luces. El misterio y la curiosidad eran tan grandes que Benjamín no pudo resistir más y preguntó:

—¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mí? ¿Dónde estamos?

&#8212:¡Cállate! Si no quieres terminar en pedacitos— dijo uno de los encapuchados mientras sacaba de una maleta dos bolsas grandes negras. Y luego continúo hablando.

—Somos del cártel más pesado y rifado que controla México. Así es Benjamín, somos del cártel que gobierna el “Chapo” y el Mayo. Somos los que movemos el territorio y a quien todos nos respetan- Los narco corridos seguían sonando.

Benjamín estaba muy nervioso pero se armó de valor y preguntó como buen investigador que era:

—¿Qué quieren de mí? ¿Por qué me trajeron?— Mientras observaba los “cuernos de chivo” que traían en las manos.

—Ay, mi buen Benajamín Rojas. Te queremos a ti, tú serás nuestro nuevo narcomenudista o… ¿prefieres ser sicario? Te damos a elegir el puesto, ¿en qué otro trabajo encuentras estas oportunidades?— Las risas no esperaron.

—Pero yo no quiero hacer nada de eso—, tartamudeó Benjamín.

—¿Te pregunté si querías? No. Lo tienes que hacer, ya te dije si no lo haces puedes quedar en pedacitos. Además te conviene, ganarás dinero, tendrás hermosas mujeres las que quieras, carros, camionetas, prestigio, poder, hasta te pueden hacer un corrido. ¿No es tentador, Benja?

Paralizado por la propuesta, Benjamín se quedó callado. Mientras tanto subían el volumen de la música.

“Con cuerno de chivo y bazuca en la nuca, Volando cabezas a quien se atraviesa. Somos sanguinarios, locos bien ondeados. Nos gusta matar. Pa’ dar levantones, somos los mejores. 

Siempre en caravana, toda mi plebada, bien empecherados, blindados y listos para ejecutar” (…)

—¿Qué pasó, Rojas? No se quede callado y responda. ¿Le entra o vamos preparando el hacha?

Después de un rato, Benjamín asintió con la cabeza y bajó la mirada rápidamente.

—¿Sicario o traficante?

—Tr- tr- traficante…

&#8212:¡Excelente, mi Benjas! Sabía que entenderías por las buenas. Pero ahora tendrás tu prueba de fuego… tienes que “desaparecer” a él— Y de pronto, aventaron al centro de la sala a un hombre amarrado de pies y manos, amordazado y medio golpeado.

—Te toca, Rojas.— Le dieron un bate de béisbol. —Y ya sabes aquí tenemos el hacha por cualquier cosa, tu decides. Le guiñó el ojo.

—No es posible, no lo puedo hacer, no quiero. Esto es horrible, debes tener la sangre muy fría para hacerlo. ¡Pobre tipo! No, no lo puedo hacer pero me matarán. ¡No puede ser!&#8212 pensó Rojas.

Finalmente tomó el bate, le sudaban las manos, apretaba los ojos y veía a los cuatro encapuchados. La música de fondo era adecuada para el trabajo…

Benjamín tomó el bate con todas sus fuerzas y lo levantó. Estaba a punto de golpear cuando… ¡Despertó! Despertó sobresaltado, apretado, medio sentado y soportando el peso del de al lado que venía dormido, en una combi camino a la universidad.

Patricia Ramírez Callejas

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