Dinero
Sala de Maestros

Maestros en la historia

Jesús Caballero y Díaz


Recordando a Ivan llich

La muerte de la escuela, la de la iglesia fueron asuntos claves del encuentro del nihilismo de la cultura contemporánea de este pensador religioso que transitó al laicismo para dar a conocer las evidencias del fin de una era y el caos de la emergencia de una nueva sociedad en la que aún no se advertían más que las cenizas de la decadencia, la emergencia de lo nuevo era en ese tiempo, hoy aún lo es: más una necesidad que una posibilidad en su advertencia, en su docencia, Ivan Illich en el CIDOC de Cuernavaca, protegido por el Obispo Sergio Méndez Arceo coincidía con la crisis social del año 1968 , en el cual la crisis de la espiritualidad cristiana era parte de la crisis de la vida social también marco histórico del autoritarismo gubernamental destinado al intento de sostener la antidemocracia, a cerrarle el paso a la intención juvenil de destinar su vida, sus estudios, su fe al urgente cambio social: la familia, la vida social, la política como forma de vida, el gobierno como autoridad y no como servicio, el estado como fantasma, como ánimas malditas se expresaban sin descanso alguno: la llorona de la Tenochtitlan aniquilada en 1521 no ha dejado de ulular en estos años del siglo XXI, estas son sus manifestaciones:

No pocos se sienten alejados de la cultura religiosa, a pesar de su religiosidad o por ella ante lo limitado del discurso parroquial dominical, la escasa explicación y la liturgia de modesta repetición, la ausencia de la aplicación a la vida religiosa de los feligreses y la enorme distancia emocional entre el párroco y su feligresía.

Tampoco en la escuela laica hay buenos modos, a pesar de su laicismo, el discurso democrático que lo describiría está ausente en su obligado sitio a lo largo del día, en la semana, en todo el ciclo escolar en tanto que se reproduce un autoritarismo docente, una dictadura directiva suave y eficazmente efectuada u otras francamente autoritarias, la vida escolar de alumnos y maestros es de una relación distante, de desconocimiento, de tregua, que a veces se relaja dando lugar a acosos entre sus participantes

La historia del cristianismo reducida a unas cuantas páginas, a breves mensajes, destinados a producir una fe ciega por medio de una monótona rutina enlazada con la escasa vitalidad de los ancianos feligreses emocionalmente atados a esa nada. Parece no ser necesaria más vida intelectual en esa relación parroquial, como si una mayor vida, otra mayor explicación fueran herejías y satanismos. el darse la paz parece anular la comunión, ahi se acaba identidad, luego viene el distanciamiento de los pastores y sus ovejas, de la iglesia y su asamblea

La historia de México, de los mexicanos que asisten a la escuela queda reducida a la lectura de textos sin explicación, a una mínima repetición por los estudiantes, a una elusión magisterial, destinada al olvido, a la omisión en la vida infantil y luego en la adulta, la escuela por esto negada en su esencia, pagada para ser ignorada, incluso rechazada moral, intelectualmente, como si ampliar la explicación, responder a las preguntas, favorecer el diálogo, la lectura de comprensión, abrir los debates fueran de una ideología contraria al estado que la programa y la sustenta.

Dos hechos que viven los mexicanos, sus familias, sus familiares, los padres de familia, los vecinos, los ciudadanos que no se identifican, no se unen, más bien se rechazan , se evaden, se ignoran, se niegan, no hay razones formales religiosas , ni estatales que favorezcan o impulsen sus relaciones morales, sus obligaciones ciudadanas, su religiosidad individual, su comunidad política, fuera de la escuela y la parroquia sobrevive a penas una laicidad sin religión y una civilidad sin moral política; curas y profesores acaban como ajenos a la vida de los parroquianos ciudadanos.

Los mexicanos viven sin que las culturas escolar y religiosa los doten de valores morales, de significados que les permitan entenderse más allá de los compromisos pagados como clientelas, sus relaciones están regidas por un mercantilismo de trato que minimiza la vida social, la personalidad, la individualidad emerge aislada de una identidad, de una relación buscada, desead. Un día: gobierno e iglesia contrarios entre sí por el dominio social dotaron de identidad combativa a sus ciudadanos y feligreses, pasando de las guerra civiles por causas político -religiosas a los conflictos personales de valores antagónicos, fundamentalmente los de sumisión o liberación, eso fue una lucha social y personal hasta el siglo XIX, en el XX las relaciones estado-iglesias se fueron civilizando, integrando, ni el estado rechazaba la iglesia y sus prácticas sociales, ni la iglesia se oponía a la vida ciudadana, a la democracia, a los gobiernos democráticos un pragmatismo eficaz mantenía las cosas en su lugar: finalmente aparecía una convivencia pacífica integrada a una democracia de res de respetos mutuos

Pero el efecto de estas civilizadas relaciones entre gobierno e iglesia pareció e a los mexicanos a mirarlas de soslayo, a meterse poco en los asuntos religiosos y los políticos, a considerarlos como hechos existenciales inevitables, aunque eludibles, un poco como marco geográfico, como atmósfera. Los intelectuales que descubrían estos hechos por medio de las artes dramáticas, de los ensayos periodísticos, de las columnas mediáticas, de la literatura dela excelencia, de la cultura de loa “comics” no influían en la vida de sus públicos, no imponían paradigmas, ni valores o más bien las gentes que consumían sus productos culturales los rechazaron como las cáscaras de las frutas consumidas , como las envoltura de las mercancías y los regalos creando una subcultura de los valores basura, por lo tanto desechables.

¿Hasta qué grado llega esta cultura de lo desechable? Hasta el grado de desechar de la personalidad todo valor cultural, toda posibilidad de mejorar, de ser, de hacer, de negarse a un poco más y sólo aceptar lo menos, la minusvalencia como manera de existir, no hay filosofía en ello, solo inconciencia. ¿Es posible una cultura de la inconciencia? No, lo que es visible es una existencia sin cultura, sin creaturas culturales, sin creadores culturales, sin hechos cultuales.

Así quedan una iglesia sin feligreses, sin pastores, sin discursos, sin convencimientos, sin autoridad eclesiástica y también una escuela sin escolares, un estado, sin gobierno, sin democracia, sin ciudadanos, sin pueblo y lo peor: sin bienes nacionales. Finalmente: una iglesia, una escuela, un estado, una sociedad desechables

A la larga, los dominadores del mundo tampoco encontrarán nada en este territorio que les impida hacerse de él, sus ocupantes, sus habitantes serán fácilmente desechables, nadie los echará de menos, aquellos con el terreno despejado con otras intenciones, con eso con intenciones harán de esto lo que quieran, estos serán un recuerdo que dejará de serlo, no se merecen menos, eso quisieron, nada.

Cementerio de San Simón el estilita, a tantos y tantos de ningún tanto.

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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