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LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


La educación pública. ¿Una opción de segunda?

La educación pública atraviesa por una crisis profunda que obedece a varios factores, y que viene gestándose desde hace varios años. La orientación neoliberal de los tres últimos gobiernos, al menos, más la complicidad, en su momento, y la docilidad actual del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), ha permitido que organizaciones empresariales como la Coparmex y sus apéndices como Mexicanos Primero hayan tomado, en los hechos, el control de la educación, dejando a la SEP como un vulgar rehén y cómplice de los grandes intereses corporativos.

De esa manera, la educación pública pasó de ser un instrumento corporativo – en el que el SNTE cogobernaba con el estado, a costa de aceptar (ambas partes) las limitaciones que ello implicaba, para bien y para mal, y los enormes dividendos políticos que les producía, quedando los maestros limitados en su libertad para elegir representantes y marginados de toda capacidad en la toma de decisiones o, al menos, fuera de toda consulta seria para conocer cuáles son las necesidades de la educación-, a ser un negocio importante para los grandes capitalistas, en la que éstos buscan la certificación de mano de obra calificada, dócil y funcional a sus intereses.

La idea de Coparmex, Mexicanos Primero y los grandes consorcios televisivos es estrangular económicamente a la escuela pública. Exhibir su miseria, sus magros resultados y responsabilizar y criminalizar a los maestros que, realmente, son las víctimas de un proyecto educativo que no ve por la niñez ni por el progreso de la gente, sino por incrementar sus fortunas.

La educación pública hace tiempo que ha dejado de ser prioridad para el estado. Al dejar a los trabajadores de la educación en un precarismo laboral, al vulnerar sus derechos; al obligarlos a presentar exámenes ajenos a la realidad de la escuela y de la educación misma, se ha generado una resistencia natural de los profesores para exigir sus derechos conquistados a lo largo de muchos años, y que no son ni dádivas ni paraísos laborales, sino simplemente derechos elementales consagrados en la ley, misma que ahora modifican a su antojo los señores del poder, amparados en un SNTE débil que sólo ve por la conservación de sus privilegios, muy por encima de los simples derechos de los verdaderos educadores.

Por otra parte, la embestida contra los maestros ha producido un éxodo bastante considerable de maestros que prefieren jubilarse antes de seguir sometidos a la imposición de medidas draconianas que ponen en riesgo su estabilidad laboral.

El resultado está a la vista de todos: cierre de turnos vespertinos y reducción de la matrícula. Una escuela pública y unos maestros que son exhibidos ante las grandes vitrinas televisivas del canal de las estrellas y anexos, como flojos, enemigos del progreso y vándalos que atentan contra la estabilidad nacional y el progreso, cuando lo único que hacen es intentar ser escuchados, toda vez que las instancias oficiales los ignoran y les cierran toda puerta al diálogo constructivo. Y aquí, cabría preguntar, ¿cuál estabilidad y cuál progreso? ¿O la educación es responsable de las crisis económicas, del narco-estado y demás calamidades? Por supuesto que no, pero es más fácil lavarse las manos y echarle la culpa a los maestros cuando, insisto, sólo recurren a la protesta social en las calles y plazas cuando ven vulnerados sus derechos y ante la cerrazón gubernamental. Derechos, además, que debieran respetarse por ser conquistas sociales universales: la libertad de manifestación y de expresión, que parece que producen escozor en el gobierno y los empresarios.

Los grandes beneficiarios, pues, de la descomposición de la educación pública, son los empresarios, el gobierno y un sindicato ajeno a los maestros que dice representar. Los resultados, también saltan a la vista, la migración de alumnos a escuelas privadas, controladas por los mismos que embisten contra los maestros y la educación pública.

La opción de llevar a los hijos a una escuela pública o privada es un derecho de los padres, siempre y cuando tengan la solvencia económica si se han de decidir por la segunda. Además, han proliferado una gran cantidad de escuelas privadas sin calidad alguna, de bajo costo, para que puedan ser pagadas por aquellos padres que se horrorizan de lo que se dice de “los haraganes maestros de la escuela pública que sólo saben parar y manifestarse.

Mientras no se recuperen los ideales educativos que piensen en la educación como una gran plataforma social, que equilibra, da rumbo, sentido e identidad al pueblo, no se resolverá nada. Los maestros tenemos la palabra. No podemos esperar a que el verdugo, de pronto, rectifique y sacrifique su ganancia. Hay que voltear la inercia. Acorralarlos. Nuestra únicas armas son la organización, la resistencia, la congruencia y la suma de ideas, propuestas y voluntades para equilibrar lo que hasta hoy es una desigual batalla. De lo contrario, seguiremos viendo cómo nos debilitamos y pasamos a ser una opción de segunda.

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

abelroca. 05 de Marzo de 2018 17:02

Nos acostumbramos a ver las cosas como si nada, parecería que el México de la burguesía dominante fuese : el Salvador, Argentina, España o los USA y que trabajando cada uno en su empleo y encomendado a Dios, aquí no pasaba nada. el confort del empleo pagado, de la habitación pagada, del servicio medico institucional, de la jubilación asegurada serían los marcos en los que podría vivirse la ignorancia ideológica, sin conciencia de clase, sin motivaciones sociales, con irse a persignarse cda ocho días aquí no pasaba nada, ni la escasez de noticias de la televisión, ni la información de los tabloides nos arrugaba el entrecejo, vamos, ni la nota roja de todos los noticieros televisivos nos provocaba ya ni asco, ni repugnancia, a penas una indiferente sonrisa, ni siquiera los asaltos a los parientes o a los vecinos menguan ya la nitidez del capelo de cristal de nuestro regodeo cultural, la vibra propia actúa como cortina de nopal, el amarillismo político de las redes en vindicado por los opositores como noticia falsa quienes lo contrarían lo suman al breviario de la corrupción gubernamental acicalado por los perfumados locutores descendientes de republicanos españoles y de periodistas rebeldes, asi se descafeína la necesidad urgente de salir del ahogo de una realidad que nos orilla a comejenes librescos o a tullidos parias en una lenta y creciente agonía que se empeña en no dejarnos morir. “El mundo se va a acabar”, el sonecito repite y como si fuera carnaval lejano renunciamos a advertir que eso sucede a nuestros pies y sobre nuestras cabezas, no hay pasmo, ni mala cara, la medicina es no hacer caso a la realidad, el caso es enfermedad, angustia y con un tecito de aguas templadas:hágase la voluntad el creador en la casa de mi compadre que en esta casa no se aceptan las visitas de ningún augur de religión ajena, de partido político que no sea el propio, el cual a la manera de don Miguel de Unamuno solo tiene un unamunista el propìo y único don Miguel; ningún alebrije alcanza a despertarnos, menos un dragón chino o un superhéroe de esos que se venden en Sanbornos, aqui solos con la sinfonola del aire que los afuera se las arreglen como puedan igualito que las mas bajas castas de la India que por milenios han quedado suspendidas en las sentinas mas profundas de su perpetuada estructura de castas, todas nadando en la de sus propias miasmas, eso sí unas sobre otras

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